La administración de Sinaloa enfrenta un clima de incertidumbre y tensión. Fuentes de Proceso señalan que, a pesar de su licencia, Rubén Rocha Moya seguiría influyendo en decisiones clave del gobierno estatal, generando una percepción de mando paralelo.
El eco del poder: una administración bajo sombra
Una percepción de mando paralelo persiste en el gobierno de Sinaloa. Fuentes consultadas por Proceso en distintas áreas de la administración estatal sostienen que, a pesar de la licencia de Rubén Rocha Moya, las decisiones de fondo continuarían pasando por su círculo político más cercano. Estas decisiones no se canalizarían exclusivamente a través de la estructura formal del gobierno interino. Los testimonios recabados por esta casa editorial describen un clima de tensión e incertidumbre palpable en diversos niveles de la administración pública estatal.
Entre la incertidumbre y el temor burocrático
Funcionarios y empleados de la administración sinaloense expresan dudas significativas. Estas inquietudes giran en torno a la continuidad de mandos, el alcance real de las decisiones que se toman actualmente y las posibles consecuencias administrativas o legales de actos realizados durante la gestión anterior del exgobernador. De acuerdo con las versiones obtenidas, varios secretarios y funcionarios de primer nivel mantendrían comunicación y pactos con Rocha Moya. Asimismo, figuras de su grupo político continuarían ejerciendo influencia en las decisiones internas del gobierno.
En distintas dependencias, existe preocupación por revisiones futuras sobre determinaciones administrativas tomadas en meses previos. En este ambiente, algunos servidores públicos manifestaron a Proceso su temor a ser responsabilizados por actos que, según sostienen, fueron instruidos desde niveles superiores del gobierno estatal.
La formalidad de la licencia frente a la realidad operativa
Estas nuevas versiones se suman a un cuadro de opacidad y tensión política que ha rodeado a Rubén Rocha Moya desde que solicitó su licencia al cargo. El Congreso de Sinaloa autorizó esta separación temporal de sus funciones, y Yeraldine Bonilla Valverde tomó protesta como gobernadora interina el pasado 2 de mayo. En días recientes, Proceso también ha documentado información de inteligencia y movimientos políticos alrededor del círculo cercano del exmandatario. Las comunicaciones recientes recibidas por esta redacción apuntan no solo a la disputa por el paradero y las operaciones de Rocha Moya, sino también a una dimensión adicional del conflicto: la identidad de quienes realmente siguen tomando decisiones dentro del aparato estatal.
Hasta el momento, no existe un pronunciamiento público documentado que confirme que Rocha Moya mantiene una conducción extrainstitucional del gobierno sinaloense. Sin embargo, lo que sí emerge de los testimonios recogidos por Proceso es un patrón de temor burocrático, cadenas de comunicación informales y una percepción extendida. Esta percepción sugiere que la licencia no ha significado necesariamente una ruptura con el ejercicio real del poder.
Advertencias externas: un nuevo frente para el exmandatario
A las versiones sobre la operación política de Rubén Rocha Moya dentro del gobierno estatal, se añade una nueva advertencia. Fuentes norteamericanas, acreditadas por Proceso, alertan sobre la posibilidad de que el exmandatario sea entregado a las autoridades estadounidenses a fin de mes.









