Por Sergio Caballero
Los mayas vuelven a estar bajo asedio. Pero esta vez no están implicadas carabelas, ni conquistadores blancos y barbados.
Los mayas, el pueblo originario de estas tierras, están bajo un intenso bombardeo de desinformación, entre mentiras dolosas o culposas y verdades a medias.
Este nuevo asedio ha corrido tras el fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que le puso un alto a Xcaret en el uso comercial de símbolos mayas.
Es una resolución del máximo órgano jurisdiccional del país, con todo y los matices de que las togas sean guindas.
Y el principal ataque ha sido sobre la representación de los mayas, del pueblo maya, que estableció la Corte.
Lo fácil ha sido culpar a algo que se llama Consejo Supremo Maya, que es un invento de por ahí de finales del siglo pasado, que se impuso desde mero arriba para establecer una especie de representación indígena, pero dócil y disciplinada, opuesta a la rebeldía del neozapatismo.
De paso, se ha sostenido que Xcaret llegó a un acuerdo con este ente político, de que recibieron algunos millones como parte de un acuerdo con el consorcio.
Pero la Corte, en su sentencia, estableció que no se trata de un asunto en que algunos se asuman como representantes de los mayas.
La representación corresponde a las comunidades, no a intermediarios, ni a políticos con apellidos como Caamal o Yeh.
No corresponde ni al Consejo Supremo Maya, pero tampoco a los dignatarios mayas de los centros ceremoniales y menos a un exdiputado local de un partido minoritario.
La representación de los mayas la tienen los propios mayas, en toda su extensión al margen de, como diría el clásico, de la politiquería.
Y para saber su opinión, se llevarán a cabo asambleas en 1,021 comunidades mayas, no solo de Quintana Roo, sino de toda la Península de Yucatán.
En el criterio derivado de la SCJN, se establece que estas comunidades son las que tienen la legitimidad para decidir sobre el uso de su patrimonio cultural.
El camino es claro, sinuoso, largo y conocido. Pero es claro.
Los mayas tomarán su decisión.
Pero hay muchos que insisten en ser conquistadores, o peor, desinformadores.
* Colaboración esta mañana en “Buenos días con Arturo Medina”









