Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com
En los inicios del siglo XXI la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, y los Centros para el Control de Enfermedades desarrollaron el concepto conocido como “un mundo, una salud”. Años después, en 2017, la empresa Danone lanzó el lema “un planeta, una salud” como iniciativa corporativa. En 2019 los alemanes agregaron “un futuro” al mismo lema. El libro de M. Walton, One Planet, One Health, publicado e 2019 por la editorial de la Universidad de Sydney, presenta una excelente revisión del tema.
Las tres ideas, expresadas en lemas, dos con origen en organizaciones públicas y otra con origen empresarial, tratan de presentar una forma de pensar que enfoque esfuerzos, recursos, decisiones y acciones para modificar la tendencia mundial en el que las presiones que la población humana ejerce sobre la naturaleza y sobre sí misma, están claramente afectando la sostenibilidad del planeta y por ende de la población humana.
Es claro y aceptado mundialmente que hay una interdependencia entre el ambiente y la salud de los humanos y los animales, pero también es claro y aceptado que no hay recursos suficientes para abordar el problema ambiental y salud de seres vivientes con los mecanismos convencionales: una enfermedad, una medicina. El problema es mucho más complejo.
El lema “un planeta una salud, es relativamente nuevo, pero el concepto no lo es. El griego Hipócrates escribió un texto llamado “Sobre el aire, aguas y lugares”, básicamente diciendo que el mal aire no es saludable.
La esencia de la expresión “una salud” es el reconocimiento a la interdependencia, a la interconexión que hay entre el ambiente (incluyendo los factores abióticos y bióticos como plantas y microorganismos), los humanos y los animales.
Mientras no se demuestre lo contrario, el Covid-19 mostró, en forma trágica lamentablemente, por qué se debe cuidar y monitorear la salud animal. La contaminación de suelos, y cuerpos de agua por exceso de uso de pesticidas y fertilizantes, pone en riesgo la salud ambiental y por consiguiente la salud animal y humana. El rebrote del virus del ébola en África o el sarampión y la tuberculosis a nivel de epidemias en humanos nos dice que algo no está bien, que no hemos hecho la tarea para prevenirlos y que la no atención adecuada implica nuevos brotes de pandemias en el planeta. Este es un escenario nada agradable.
La iniciativa un planeta una salud no es ajena a críticas. Entre otras destaca la pregunta ¿cómo se va a financiar? También está el temor a una manipulación política indebida o que no atienda lo suficientemente fuerte a los problemas locales.
Una buena salud ambiental propicia buena salud humana y animal; indica no contaminación del aire, cuerpos de agua, suelo. Se entiende, pero también implica que se necesita otra discusión para definir los límites aceptables de cambio debido a la intervención humana y depende del contexto. No es lo mismo contaminar en el trópico que en el ártico, por ejemplo. Esta discusión demanda conocimiento, investigación de buen nivel y confiable. Pero también demanda trabajo con un enfoque interdisciplinario y transdisciplinario. Tarea nada fácil, especialmente cuando la contaminación ya está en niveles elevados; urge contar con más personas con la capacitación adecuada para entender y atender la problemática, tanto en gobierno como en el campo.
Es cuanto.









