El ajuste en el catálogo de fármacos del IMSS-Bienestar limita la capacidad de prescripción médica a 871 claves en hospitales de segundo nivel, afectando a 55 millones de personas sin seguridad social y contraviniendo, según especialistas, el derecho constitucional a la salud.
Erosión de la autonomía médica ante las nuevas claves
La restricción impone un sistema que condiciona la receta médica a la disponibilidad en farmacia, eliminando la libertad de criterio clínico.
El diputado Éctor Jaime Ramírez Barba, secretario de la Comisión de Salud, advierte que la Secretaría de Salud (Ssa) redujo el catálogo de medicamentos de 2 mil 753 a mil 929 claves el 30 de marzo pasado. Bajo directrices del subsecretario Eduardo Clark Dobarganes, los hospitales de segundo nivel han sido confinados a un esquema de 871 claves autorizadas. Esta medida, que entró en vigor en agosto, obliga a los facultativos a prescribir exclusivamente el inventario existente, supeditando el tratamiento a la disponibilidad logística y no a la necesidad terapéutica del paciente.
Justificación institucional y defensa del modelo
La autoridad sanitaria sostiene que la reducción de claves responde a una optimización técnica enfocada en la eficacia y seguridad clínica.
Alejandro Svarch Pérez, director general del IMSS-Bienestar, ha desestimado las críticas, argumentando que la medida busca priorizar medicamentos con mayor evidencia científica. El funcionario sostiene que la calidad no es sinónimo de cantidad y que el sistema busca evitar la dispersión de opciones terapéuticas similares. Según el IMSS-Bienestar, los 871 tipos de medicamentos son suficientes para cubrir los padecimientos que requieren hospitalización en segundo nivel, alineándose con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre la selección racional de insumos médicos.
Parálisis operativa en la red hospitalaria
Más allá de las confrontaciones políticas, los reportes desde las unidades médicas evidencian una precariedad que escala en el día a día hospitalario.
Personal médico y residente, bajo condición de anonimato, describe un escenario de carencias que compromete la seguridad del paciente. En unidades como el Hospital General “Rubén Leñero” y el Hospital General de Xoco, el desabasto alcanza insumos críticos para la atención de urgencias y traumas:
- Insumos quirúrgicos: Escasez recurrente de gasas, antisépticos, guantes, lápices electro-quirúrgicos y batas.
- Anestesia y monitoreo: Falta de bloqueadores neuromusculares, sedantes, agujas especializadas y equipos de rayos X para cateterismos.
- Mantenimiento: Deficiencias en infraestructura básica, como sistemas de aire acondicionado en quirófanos y tinas de hidroterapia fuera de servicio por falta de presupuesto.
- Logística: Retrasos prolongados en el surtido de recetas, obligando a los pacientes a financiar medicamentos externos o a esperar indefinidamente por tratamientos de rehabilitación.
Riesgos sistémicos por la contracción de suministros
El impacto de estas decisiones se refleja en la postergación de cirugías y el riesgo inminente de complicaciones de salud pública.
La falta de insumos específicos en pacientes con patologías crónicas, como diabetes e hipertensión, aumenta el peligro de complicaciones graves como insuficiencia renal o ceguera. A pesar de la inauguración de centros de alta especialidad, el personal operativo señala que la falta de equipamiento indispensable impide la realización de cirugías de precisión, limitando el uso de nuevas instalaciones a procedimientos convencionales. La licitación para la compra consolidada de medicamentos 2027-2028, lanzada el 17 de julio pasado con cuatro meses de retraso, mantiene en incertidumbre la resolución de esta parálisis en el corto plazo.









