La apertura de la presidenta Claudia Sheinbaum a la extracción de gas mediante fracturación hidráulica representa una ruptura ideológica con la administración anterior, buscando reducir la dependencia energética del 75% que México mantiene actualmente con las importaciones provenientes de los Estados Unidos.
El giro estratégico hacia las tecnologías no convencionales
La postura de la actual administración federal sobre la implementación del fracking para la extracción de gas natural marca una separación tangible de las políticas restrictivas de Andrés Manuel López Obrador. Ricardo Anaya, coordinador de la bancada del PAN en el Senado, señala que esta decisión constituye un viraje de 180 grados frente a lo que denomina como las limitaciones ideológicas del sexenio pasado. Según el legislador, la negativa previa a utilizar estos métodos comprometió la soberanía nacional al obligar al país a importar prácticamente la totalidad del gas natural consumido.
La vulnerabilidad energética de México se agudiza ante la falta de infraestructura de almacenamiento y la ausencia de aprovechamiento de reservas propias. Mientras otros países han consolidado su seguridad energética mediante estas tecnologías, el Estado mexicano se mantuvo en una posición de inactividad que fortaleció el dominio del mercado estadounidense sobre el suministro local.
Soberanía energética y el fin de las restricciones ideológicas
El análisis parlamentario sugiere que la prohibición del fracking durante el periodo de López Obrador respondió a una narrativa de cerrazón técnica. El argumento central para validar este cambio de rumbo se basa en tres ejes críticos:
- Dependencia externa: México importa más del 75% del gas natural, careciendo de reservas operativas estratégicas.
- Contradicción operativa: El país consume gas extraído mediante fracking en Estados Unidos, pero se autoimpuso restricciones para producirlo en territorio propio.
- Marco constitucional: La colaboración con particulares y el uso de tecnología avanzada no implica la privatización de los recursos, ya que la propiedad del hidrocarburo permanece bajo el control de la nación.
Anaya enfatiza que permitir el uso de recursos y tecnología privada para estas tareas es una medida pragmática que el PAN había propuesto anteriormente y que ahora el gobierno de Morena adopta para evitar riesgos mayores en la soberanía.
Reconfiguración de alianzas y pragmatismo económico
El distanciamiento absoluto entre Sheinbaum y su antecesor se manifiesta en la voluntad de establecer alianzas que antes eran catalogadas peyorativamente como intentos de privatización. La integración de capital y técnica particular para la explotación de recursos no convencionales busca corregir el absurdo económico de comprar a terceros lo que el subsuelo mexicano posee.
Esta nueva directriz gubernamental, proyectada para iniciar formalmente el próximo año, redefine la relación de Pemex con el sector privado. El objetivo es desmantelar las barreras que impedían a México competir en igualdad de condiciones técnicas con el país vecino, priorizando la seguridad del suministro sobre las consignas políticas previas.










