Estados Unidos impuso gravámenes del 50% sobre 20 mil millones de dólares en productos canadienses tras el colapso de las negociaciones en Washington, mientras Ottawa fijó el 8 de septiembre como fecha de inicio para sus sanciones de represalia.
El quiebre en la mesa de negociación
El fracaso de los diálogos comerciales entre Washington y Ottawa responde a la imposibilidad de alcanzar un consenso tras acusaciones mutuas de rigidez en los términos propuestos de última hora.
Las delegaciones, que hasta hace dos días proyectaban un entendimiento, suspendieron el contacto tras el endurecimiento de las posturas. Mark Carney, primer ministro canadiense, ordenó el retorno de su equipo negociador a Ottawa al considerar que las exigencias estadounidenses eran inaceptables. Según el ejecutivo, las nuevas condiciones incluían:
- Reducción del alivio arancelario para vehículos fabricados en territorio canadiense.
- Restricciones a la soberanía comercial canadiense para pactar con terceros países.
- Debilitamiento de salvaguardas culturales y lingüísticas.
Por su parte, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, sostuvo que la administración republicana ofreció concesiones en acero, madera y automóviles, las cuales fueron rechazadas por la contraparte canadiense.
Respuesta arancelaria y sectores impactados
La aplicación de la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 marca un precedente legal agresivo para gravar productos extranjeros sin necesidad de investigación previa.
Los aranceles del 50% decretados por el presidente Donald Trump alcanzan cerca del 5% de las exportaciones anuales de Canadá hacia Estados Unidos. El gobierno de Ottawa ha confirmado una estrategia de contención mediante aranceles específicos para proteger a sus industrias. Los sectores afectados incluyen:
- Manufactura industrial: Acero, electrodomésticos y electrónica.
- Agroindustria: Lácteos y equipos agrícolas.
- Materias primas: Pulpa, papel y productos madereros.
- Bienes de consumo: Artículos deportivos y material médico.
Doug Ford, primer ministro de Ontario, comprometió el respaldo provincial para ejecutar represalias recíprocas «dólar por dólar», intensificando la tensión en los sectores automotriz y manufacturero de su región.
La erosión de una alianza histórica
El conflicto comercial trasciende la esfera económica, fracturando una relación de seguridad y cooperación bilateral que ha persistido durante décadas.
La frontera de 8,891 kilómetros, históricamente no defendida, enfrenta ahora un escenario de desconfianza política. La retórica de la administración Trump, que incluye menciones sobre la posible anexión de Canadá como el 51er estado, ha generado un profundo rechazo en la opinión pública canadiense. Una petición ciudadana para expulsar al embajador estadounidense, Pete Hoekstra, ha recolectado cerca de 248,000 firmas, reflejando el clima de tensión social.
Antecedentes de la política arancelaria actual
La estrategia de la Casa Blanca se fundamenta en un marco legal de la Gran Depresión, buscando evadir las restricciones impuestas por la Corte Suprema el año pasado.
El uso de la Sección 338, originalmente vinculada a la Ley Smoot-Hawley de 1930, permite al ejecutivo aplicar tasas máximas del 50% bajo el argumento de discriminación contra empresas estadounidenses. Históricamente, economistas han señalado que estas medidas restrictivas limitan el intercambio global y contraen la actividad económica. La incertidumbre se extiende ahora al T-MEC, el pacto comercial de América del Norte, cuya viabilidad queda bajo escrutinio ante la ausencia de negociaciones vigentes entre Washington y Ottawa.









