Que no fue tan así que prevalecieran la unidad y la armonía en la reunión del pasado sábado entre Ariadna Montiel y Citlalli Hernández con Rafael Marín, Ana Patricia Peralta, Eugenio Segura y Marybel Villegas.
No solo no hubo unidad, sino que hubo un momento realmente incómodo en este cara a cara entre las presidentas del Consejo Nacional de Elecciones y del Comité Ejecutivo Nacional de Morena con los aspirantes a la Coordinación de la Defensa de la Transformación de Quintana Roo.
Lejos de una imagen de unidad, Rafael Marín puso sobre la mesa un grueso expediente de guerra sucia: una recopilación de acusaciones y descalificaciones en su contra.
La figura central de esa voluminosa carpeta fue un comunicador «nacional», con videos en solitario y en colaboraciones con un medio local.
Las dirigentes morenistas quedaron paralizadas. La carpeta quedó unos instantes en medio del escritorio y Ariadna Montiel la tomó y la guardó.
Y, al final, un silencio incómodo.









