Por Gilberto Avilez Tax
Nota: a lo largo de estos años de escribir en la computadora las historias del Mayab que me han contado, grabar en la librera mis lecturas sobre las cosas de Yucatán, o apuntar entrevistas con expertos de los pueblos mayas, he ido apilando en el archivo algunos textos que no he publicado más que en mi Facebook personal. Pueden ser identificados como una serie de historias breves, aunque yo quiero designarlas simplemente viñetas, recuadros o estampas de la Península de Yucatán, de sus gentes, creencias e historias dispersas. También pueden ser vistas como las huellas o vestigios del pasado que regresan al presente cambiante, y que mi débil pluma apenas puede bosquejar y estructurarla a duras penas en un orden sintáctico para conjurar a los hados o a los tantos vientos que pueblan la Península profunda, con el fin de tener un poco de tiempo para sentarme de una vez a escribirlas. Sin embargo, creo que esta serie de pecios1 de escritura bien vale rescatarlas en forma de un artículo, para los escasos interesados en las cosas del Yucatán profundo.
Historias del Viejo abuelo: cuando te “pica” la serpiente
De una entrevista que realicé a un campesino del sur de Yucatán, comparto estos apuntes de mi libreta:
“Una persona que ha sido picada2 por una serpiente tiene que matarla. Porque si no la matas y sobrevives a su picadura, corres peligro cuando regreses al monte. La serpiente que te picó ya te olió y dejó sus ponzoñas y miasmas en tu carne. Por ese, al parecer, simple hecho, habrá órdenes para todas las demás serpientes de que te piquen cuando apenas te vean, porque los dioses de las culebras ya dictaminaron tu muerte, de que te persigan las otras serpientes por el olor tuyo que captó la culebra que te dio la primera dentellada.
Pero existe una contra que conocen los hierbateros de los pueblos, como ese viejo hierbatero del pueblo de Tzucacab que me la contó; se trata de una cataplasma hecha de una amplia variedad de hojas del monte con el que recubren tu herida luego de que te hayan suministrado el anti viperino, eso elimina los olores de la culebra que te picó.
También debes saber, que, para finales de septiembre y principios de octubre, andar por el monte es peligroso, tienes que ser precavido y cuidadoso al oír risas de mujeres en medio de esas soledades, pues no son mujeres las que te atraen a ellas, son serpientes en celo que se enrollan en sus orgías reptileanas y lanzan chiflidos y risas. ¡Cuídate de esos vientos!

Debes saber, también, que cuando las culebras están en celo, es cuando se duplica el veneno. Mi padre contaba que en esos tiempos el campesino toma sus precauciones al acudir a su milpa, y carga con él su tabaco en la bolsa del pantalón, y mientras va por esas sendas solitarias bajo el monte que solo él conoce, de vez en cuando lía un canuto, lo prende y fuma para santiguar su camino y así alejar a los ofidios.”
Los santos patronos se compran
Hace unos siete años, antes de la pandemia, me presenté con mis alumnos de maestría al pueblo maya de Sacalaca. El tsikbal3 se dio sin proponerlo con antelación. El maestro Ismael Briceño nos habló de la refundación de Sacalaca por gente venida de Chikindzonot, de Dzitnup, y de otros lugares del oriente de Yucatán; era a principios del siglo XX, después de la Revolución y de unas terribles langostas de principios de la década de 1940, apagada para siempre la chispa de esa larga guerra que fue la Guerra de Castas de Yucatán.
Cuando llegaron, llegaron cazando animales para su alimentación y se perdieron y dieron con el pueblo olvidado en donde una vieja partida de chicleros acampaba. Los de la chiclería les dijeron a los futuros sacalaquenses: “si quieren quedarse, quédense, nosotros estamos de paso”. La tierra y la selva, en ese entonces, era virgen cuando llegaron, que hasta uno podía disparar a la nada y caía un venado, un cojolite o un tepezcuintle. Y los hombres se quedaron y luego, hechas las acostumbradas milpas, fueron a buscar a sus mujeres y familia.

Ismael, quien guarda la memoria de sus mayores, nos contó la historia de cuando los de Sacalaca fueron a comprar «un santo a Peto». Llevaban el dinero y la fe de que el nuevo santo les alumbraría el camino. Luego sabrían que era San Francisco de Asís el elegido por el cura de Peto, tal vez por ser amigo de los animales del campo.
Ismael nos habló de ermitaños, de los amores de su abuela, de la danza de los pastores que ya no se baila, de Mahayes y Cahumes. Sacalaca tal vez sea uno de los nombres secretos de la mayanidad.
El mosquito, el primer periódico satírico fundado en el Territorio de Quintana Roo en 1912

Fue en el año de gobierno del general Rafael Eguía Lis (1912-1913) cuando se dio el portento. Eguía libera de su cautiverio a un militar que había llegado a la Siberia tropical, un tal Ignacio Muñoz, y que tenía un prurito zumbador por las letras que hicieran mofa del poder de las charreteras.
De inmediato, Muñoz, un periodista que había cambiado la pluma por el fusil, en esas soledades selváticas, donde el paludismo y los jejenes y el chaquiste hacían de las suyas a los hombres y mujeres del centro del país que arribaron como «operarios» y cautivos durante el Porfiriato tardío y prolongado (1902-1914), funda lo que podría decirse que es el primer periódico en el trópico quintanarroense: “El Mosquito”, publicado en Santa Cruz de Bravo.
Muñoz, como periodista de cepa, criticó acerbamente los excesos porfiristas de varios militares de la región, por lo que fue arrestado por el jefe de la guarnición militar asistente de Eguía Lis, el Huertista Víctor Morón.
Aunque fue una breve chispa en medio de una inmensa noche oscura del Territorio en términos periodísticos (buena parte del siglo XX quintanarroense se conoce mediante los periódicos yucatecos o del centro del país), “El Mosquito” fue el padre de todos los periódicos del Territorio y del estado, y se hizo en condiciones muy lamentables. Por supuesto, no era un periódico como tal, tal vez una hoja, o, a lo mucho, unas cuantas hojas de estraza dispersas, sueltas y garrapateadas con textos periodísticos escritos con una máquina de escribir prehistórica, o un simple cálamo rústico.
[Nota bene: En Argentina existió un periódico famoso también llamado El Mosquito, un periódico satírico y burlesco. Igual en Mérida se publicó otro Mosquito, en 1917, y en España igual. Hay tantos Mosquitos en la historia del periodismo, porque el poder necesita ser pasado por la burla y por los picotazos del mosquito periodista].
Ficciones mayas

Entre el caos y la destrucción del Berlín de los nazis por parte del Ejército Rojo, el padre del desciframiento de la escritura maya, el gran Yuri Knorosov, rescató de la biblioteca pública algunos libros sobre los mayas, entre ellos, la Relación de las cosas de Yucatán de Fray Diego de Landa, y con esto la voz primigenia de los antiguos chilames, que escribieron en la dura piedra y en las pieles del noble venado, apagada por el ruido de la conquista, comenzaría nuevamente a ser oída.
Medidas “mayas” de los pueblos del Yucatán profundo
Hace unos años,4 en el cierre de un proyecto sobre «Medidas mayas en las ceremonias» en el cual participé de oyente con algunos maestros de Valladolid, el maestro Felipe Castillo, nativo de Dzan, me hizo recordar los tiempos en que, apenas mal cumplidos 13 años, cargaba y descargaba una tonelada de maíz en un carro de redilas de mi abuelo (hay secuelas en mi andar medio de lado). Mi abuelo me hablaba en cargas de maíz contabilizadas en «saquillos», «almudes», «cuartillos» y «wuuts«.

Y en las faenas cotidianas del pueblo, oía que la gente del sur de Yucatán, a pesar que desde tiempos de don Benito Juárez se comenzó a homogeneizar el sistema de pesos y medidas, la gente siguió y ha seguido, sobre todo en las comunidades y pueblos del interior de Yucatán, pesando y midiendo con almudes, cuartillos y wuuts.
El almud, como dice Felipe, equivale a 4 kg (aunque para algunas zonas es de 3.5 kg), el cuartillo a 2 kg, y el wuuts a 1 kg, aunque me acuerdo que mi abuelo también utilizaba las arrobas, y había veces en que barruntaba el quintal en su pensamiento matemático. Hubo un tiempo que las distancias se medían por varas, leguas, días y lunas, pero eso ya pasó a mejor vida.
El almud es una palabra árabe, viene del árabe clásico mudd, y la entrada de la RAE dice: «1. m. Medida de capacidad, generalmente para áridos, muy variable según las épocas y las regiones, entre los 1,75 l de Navarra y los 5,68 l de Canarias».
En el proceso de colonización, estos nombres quedaron entre los antiguos pueblos mesoamericanos, fueron apropiados por ellos, y aunque todos hemos aceptado que el sistema de medidas internacionales (el kilogramo, el metro) ha simplificado el tiempo de medición, en los pueblos yucatecos -no privativo solamente de ellos- todavía es posible ver a un abuelo, como mi difunto abuelo, pensando en cuántos almudes, cuántos cuartillos y de cuántos wuuts estamos hablando.
El rescate necesario de las Obras Completas del sabio Alfredo Barrera Vásquez
Abordando la historia de la lengua maya y sus diccionarios, calepinos, vocabularios, sus gramáticos y lexicógrafos para un estudio introductorio que escribo a un inédito diccionario maya que también edito; al revisar un archivo cercano di con esta joya: el Tomo I de las Obras Completas del sabio Alfredo Barrera Vásquez.
La edición es de abril de 1980, y 2,000 ejemplares de ese tomo fueron publicados en el desaparecido Fondo Editorial de Yucatán, en tiempos del único gobernador maya yucateco después de la Conquista, don Francisco Luna Kan, que le dedica sentidas palabras prologales al vasto y lúcido conocimiento mayista de don Alfredo, «un valor orgullosamente yucateco». También se publicarían otros dos tomos más de sus obras completas, llegando a la cifra cabalística de tres.
Y uno se pregunta: ¿Cómo es posible que hasta ahora no se han vuelto a editar estas obras completas de nuestro mayor lexicógrafo mayista de todos los tiempos? Unas obras completas que se realicen con más enjundia (pienso en tapas de piel de venado), con papel más resistente y de mejor calidad en tinta y resinas, encuadernado casi artesanal, costuras con hilos finos; y esto solo en cuanto a su consistencia material, porque en lo intelectual, debería contener estudios introductorios y anotaciones de sabios mayistas de todos los lugares, incluido botánicos, zoólogos, amén de lingüistas, historiadores, arqueólogos, filólogos, literatos, científicos sociales y cuantimás ralea intelectual.
La futura nueva edición de las obras completas del sabio Alfredo Barrera Vásquez (con un necesario tomo sobre la obra del ilustre hijo de Maxcanú vista por otras mentes maestras) sería hasta una empresa intelectual de talla internacional, donde se reúnan los mayistas de Japón, de Alemania, de Francia, de Rusia, de España, de México, de Yucatán y de Estados Unidos, todos convocados por la UADY u otro centro de investigación antropológica e histórica de Yucatán, para rendir homenaje al héroe cultural que dirigió la empresa titánica que es el vasto y profundo Diccionario Cordemex, y que no otorgó su último aliento de vida hasta no ver esta su última obra concretizada.
Recordemos que un 26 de noviembre, pero de 1900, nacería el más grande filólogo de la lengua maya yucateca del siglo XX, en la apacible Villa de Maxcanú. Una de sus últimas empresas intelectuales, fue el Diccionario Cordemex, todo un hito cultural, al cual le dedicó sus últimos años al dirigir a un grupo de intelectuales de la lengua maya para dar a la estampa esa summa reciente del Maya Than. Asimismo, podría decirse que Barrera Vásquez es el padre de la antropología moderna y profesional en Yucatán.
Por eso, y más, urge que los órganos de cultura, la universidad y los centros de investigación afincados en Yucatán, decidan llevar a la práctica esto que apuntamos brevemente en estas lábiles líneas.
De París a Tabí, Yucatán: Boccara y su amigo Bernardo Caamal Itzá
¡Michel Boccara! ¡Grande entre los grandes mayistas del mundo entero!, ¡y el más humilde entre los humildes campesinos mayas de Tabí, campesino maya él mismo!
Considero que es el antropólogo extranjero que más ha conocido los vericuetos y arcanos de la lengua maya, fincado no sólo en su conocimiento lingüístico, sino en sus trabajos etnográficos y etnólogicos, en innumerables pueblos mayas de Yucatán.
El gran etnólogo francés, que tiene residencia entre París y Tabí, Yucatán, le ha dedicado toda su vida profesional al pueblo maya yucateco.
Uno de los amigos mayas del gran etnólogo francés, es mi amigo Bernardo Caamal Itzá. Bernardo ha sido uno de los interlocutores principales de Boccara, y más que eso, su amistad ha trascendido las cuestiones culturales. Bernardo ha estado en París y en Tabí con su gran amigo galo. Ambos, Bernardo y Boccara, le han dedicado su vida al pueblo maya, y eso es digno de reconocerse.
Un honor y un gusto leer cada trabajo salido de la erudita pluma de Boccara.

¿Es Jerónimo de Aguilar el inventor de Gonzalo Guerrero?
Comparto a continuación una hipótesis que apunté hace tres años en una libreta que supuse extraviada en mi archivo personal. Esta hipótesis, por supuesto, solo se puede resolver en una novela donde la ficción se condimente con la historia, y estriba en las siguientes preguntas: ¿Es Jerónimo –o Gerónimo- de Aguilar el inventor de Gonzalo Guerrero?, ¿o acaso fue Jerónimo el mismo Guerrero?
Estas preguntas las formulo porque la única fuente primera de Gonzalo Guerrero es Jerónimo de Aguilar. Los demás que escribirían luego (desde Bernal, Landa, Cogolludo y Solís) escucharían de a oídas o repetirían, con algunas variantes, lo que dijo el de Écija. Pero Jerónimo se contradice garrafalmente. Me llama la atención que los historiadores de ese primer momento no se percataran de eso, lo que Aguilar le dijo, y cómo lo dijo (en cuclillas, a la usanza indígena, como no queriendo la cosa), a Cortés, en ese lejano 1519, en las arenas blancas de “Cuzmil”; le contó sus peripecias entre los indios, y le narró cómo un tal Guerrero se hizo cacique en Chactemal, renegó de su condición de católico, y le hizo la guerra a los españoles en Catoche (es decir, a los hombres de Hernández de Córdoba), amén de embarraganarse con una india, procrear hijos, horadarse la piel, embijarse y ser de seguro un idólatra.
No soy experto en ese siglo, ni mucho menos en la Conquista de Yucatán, sólo he leído lo que me aportan los entendidos, pero Aguilar se contradice en más de un sentido y se mueve como si algo guardara, o algo inventara para maquillar su pasado de ocho años viviendo entre la «gentilidad». Tal vez Guerrero ni siquiera existió, es decir, no existió como lo pintan los españoles (el «renegado», el «idólatra», el «traidor»), pero tampoco como nos lo ha presentado la literatura del tema y la versión oficial quintanarroense.
Un erudito como Luis Barjau se atrevió a aceptar el apócrifo de Joseph Buenaventura como si fuese historia verdadera (y en diciembre de 2020, el FCE, tal vez porque Barjau es tabasqueño, reeditó su libro donde Barjau defiende al documento apócrifo de San Buenaventura). Pero ese apócrifo es más literatura que cualquier cosa. Tal vez Jerónimo de Aguilar sea en verdad el primer fabulador del Nuevo Mundo. ¿Existió Guerrero, hay un registro bautismal de Guerrero plenamente comprobado en Huelva? Al parecer, sí, pero esto no periclita mi hipótesis.
Y si no existió, al menos en la literatura Guerrero es plena presencia soberana, y en ese mundo literario se ha convertido en un mito de lucha, de cercanía y apertura humanística con el mundo indígena, en la posibilidad genuina del hermanamiento.
1 Y aquí utilizo nuevamente una metáfora de la disgregación marina: el pecio es un pedazo o fragmento de la nava que ha naufragado.
2 Es decir, mordida.
3 Palabra maya que significa diálogo, charla.
4 Para ser exactos, fines de octubre de 2019.









