El próximo viaje del Rey Felipe VI a México, confirmado para el 26 de junio de 2026, marca un «momento distinto» en las relaciones bilaterales, superando periodos de distanciamiento. Esta visita, enfocada en un encuentro deportivo, simboliza un avance en el reconocimiento histórico y cultural que México ha demandado.
La agenda real en un escenario deportivo
El monarca Felipe VI ha aceptado la invitación para asistir al partido entre las selecciones de España y Uruguay, programado para el 26 de junio en Guadalajara. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó la respuesta positiva del Rey el lunes 18 de mayo de 2026. Este evento deportivo será el marco de la visita real, cuya duración y posibles encuentros bilaterales adicionales no han sido detallados por la mandataria mexicana.
La presencia del Rey se interpreta como un signo claro de mejora en la dinámica diplomática. Sheinbaum ha enfatizado que este «momento distinto» permite un acercamiento más constructivo.
Resistencia y demanda histórica: el contexto del distanciamiento
La relación entre España y México experimentó un periodo de tensión. En 2019, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador envió una carta a Felipe VI, solicitando una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista española. La falta de una respuesta «individual» del monarca a esta misiva generó un distanciamiento.
Sheinbaum recordó que, en su momento, decidió no invitar al Rey a su toma de posesión, interpretando la ausencia de respuesta como un «agravio» no solo hacia López Obrador, sino hacia el pueblo mexicano. Este antecedente subraya la relevancia de la actual apertura diplomática y el significado particular de la próxima visita real.
Hacia el reconocimiento: un punto de inflexión diplomático
En los últimos meses, se han registrado avances significativos en el diálogo bilateral. El ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, reconoció públicamente que «hubo abusos y que había que analizar ese periodo». Posteriormente, el propio Rey Felipe VI también afirmó la existencia de estos abusos históricos.
Estos pronunciamientos allanaron el camino para la actual fase de acercamiento. La presidenta Sheinbaum destacó que, tras constatar un «momento completamente distinto», viajó en abril a Barcelona para participar en una reunión de líderes en apoyo a la democracia. Este encuentro fue seguido por la visita de Albares a México y, ahora, por la confirmación del viaje del monarca.
México exige dignidad cultural y continuidad en el diálogo
Sheinbaum subrayó que este «momento distinto» debe perdurar. Para México, es un asunto de dignidad y de reconocimiento de su vasta grandeza cultural. La presidenta destacó la importancia de valorar las raíces de los mexicanos, provenientes de «grandes civilizaciones y los pueblos indígenas».
La postura mexicana persiste en la reivindicación histórica, insistiendo en que «los conquistadores no llegaron para civilizar a incivilizados». La mandataria celebra que en España, «con excepción de algunos que todavía siguen reivindicando a Hernán Cortés», como Isabel Díaz Ayuso, la mayoría de la población reconoce el periodo de abusos.
Convergencia de visiones: la relación en un nuevo horizonte
Pese a los desacuerdos pasados, la relación bilateral nunca se rompió, según Sheinbaum. Lo ocurrido fue un «momento de visión distinta». México reivindicó su perspectiva, y por parte de España, se produjo un acercamiento para reconocer los argumentos planteados.
Este proceso mutuo ha generado una nueva dinámica. España visualiza y habla «de una manera distinta de lo que fue el periodo de la llamada Conquista española». El avance se centra en el reconocimiento de la historia y el valor de las grandes civilizaciones que formaron el México actual.









