Por Sergio Caballero
A propósito del legado de Cuauhtémoc Cárdenas, vale la pena revisar cómo están las cosas en la fuerza política dominante en nuestro estado.
No es que, para las elecciones que vienen, el morenismo esté, en el estricto sentido de la palabra, a prueba, ni el marismo, si es que se puede determinar ya como una corriente política.
Lo que sí se puede establecer hoy por hoy es que la versión quintanarroense de la 4T, que integran el lado más a la derecha de Morena y el Partido Verde, se ve invencible frente a una oposición descolorida y casi inofensiva.
Pero es importante definir cómo la versión quintanarroense de la 4T está donde está. No se trata de un movimiento local detonado por un caudillo caribeño, y menos del resultado de una ideología o una reacción al modelo de desarrollo imperante en la entidad, sino de una serie de hechos que se concatenaron y dieron origen a lo que estamos viviendo.
Podríamos decir que el punto de quiebre para la entronización del grupo que domina Quintana Roo es la claudicación del exopositor Carlos Joaquín ante el morenismo y el surgimiento de un híbrido de Morena y el Partido Verde.
De esta manera se consolidó prácticamente una fuerza única en Quintana Roo, con el control de los 11 ayuntamientos y la mayoría calificada (y copeteada) del Congreso del Estado.
Pero es importante ubicar sendos antecedentes, que son definitorios:
El gobernador anterior, Carlos Joaquín, fue abanderado del PAN y del PRD, lo cual es más que relevante porque el Partido de la Revolución Democrática llegó a ser la principal fuerza de oposición en el estado. Gobernó nada más y nada menos que Cancún, dos veces, y Felipe Carrillo Puerto, que tampoco es cosa menor por su importancia histórica en la entidad.
El gozo se fue al pozo con el primer gobernador formalmente no priista de Quintana Roo. Carlos Joaquín terminó cercado y solo, sobre todo aterrado por lo que podía pasar. Pactó con Morena, y la depositaria de este trato fue, de manera personal, Mara Lezama.
Otro antecedente que hay que ubicar también con claridad es que el Partido Verde en el estado se había convertido en una fuerza relativamente importante al haber sido socio del PRI, por lo menos desde 2005, y haber también cogobernado Cancún de 2005 a 2008 y de 2013 a 2018.
Todas las fuerzas
Todas esas fuerzas finalmente se juntaron en una sola y dieron origen a esta poderosísima combinación con el Verde, parte del PRD, parte del PRI y, claro, Morena, pero con la expresión de neomorenistas en los controles.
Pero en política nada es para siempre. Hoy por hoy vemos diferentes focos de disidencia que podrían llegar a más y generar algo así como lo que ya ha ocurrido en otros lados. Un rompimiento.
Hay varios puntos de posible ruptura, entre los que no está, obviamente, “Rafa” Marín, que es un soldado, un soldado raso de Morena, pero hay otros actores que podrían hacerlo.
La oposición surgiría desde dentro de la propia 4T, algo así, guardadas las debidas proporciones, como ocurrió con el PRI, del que surgieron la Corriente Democrática y posteriormente el Frente Democrático Nacional, encabezado por el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas.
La fuerza única podría dejar de serlo, iniciar su desintegración y encontrar a sus nuevos adversarios entre sus propias filas.
* Colaboración esta mañana en “Buenos días con Arturo Medina”










