No hay ningún drama con la salida de Movimiento Ciudadano de Layla Flores, quien fuera directora de Licencias de Bebidas Alcohólicas y directora del Registro Público de la Propiedad y el Comercio de Quintana Roo en el sexenio de Carlos Joaquín.
Se pretende hacer toda una tragedia con esta salida de la joaquinista Flores y de otros ahora exmilitantes emecistas —Paola Cervera y Gustavo Pech— como parte de un golpeteo mediático anticipado contra la regidora Lidia Rojas, quien es la favorita para arrebatarle a Morena la presidencia municipal de Othón P. Blanco (Chetumal).
En su canto de despedida, Layla presumió que cuando en 2024 fue candidata a diputada federal por el Distrito 02 —que abarca desde Tulum hasta Othón P. Blanco— ocupó segundo lugar y obtuvo 30 mil votos.
Puede apantallar a algunos. Pero la aritmética electoral no se mide en números absolutos, sino de manera proporcional.
Sí quedó en segundo lugar, pero perdió casi en una proporción de 5 a 1 contra la abanderada de Morena, Elda Xix, y tuvo un empate técnico con Cora Amalia Castilla, del PRI-PAN-PRD. La exemecista obtuvo 16.8 por ciento de los votos y la priista, 13.8.
Y si vamos a números absolutos, Flores obtuvo 30 mil 080 votos en cinco municipios, incluido Othón P. Blanco, 25 por ciento menos que la propia Lidia Rojas, que obtuvo 41 mil 870 solo en la capital, en donde compitió por la alcaldía.
Es decir, que los votos de la exdirectora de Licencias de Bebidas Alcohólicas fueron inerciales. Propios, habrían sido unos pocos.
Esta renuncia es de esas restas que suman. No benefician ni perjudican, sino todo lo contrario, diría el clásico.
Y, en esta ruta, que no tiene nada de trágica, las que se fueron y las que se irán solo vienen a hacer el caldo gordo a Morena. Los guindas tienen encendidos los focos rojos en la capital.









