| ALTAVOZ | Rafa Marín: ¿Rebelde involuntario o una ilusión para ilusos?

Lo contradictorio es que Rafael Marín, sin quererlo, claramente, se convirtió en el símbolo de la disidencia, la rebeldía y la inconformidad dentro y fuera de la Cuarta Transformación en Quintana Roo.

Quizá ese no era el papel que él buscaba.

Al final de cuentas, es un empresario de origen tabasqueño, radicado en Cancún, amigo de Andrés Manuel López Obrador, a quien hace muchos años se le encargó ayudar a levantar su partido, por ahí de 2013 y 2014.

Cumplió con la tarea y, a partir de ahí, obtuvo una investidura moral dentro de Morena-QR. ¿Qué podría ser más simbólico y emblemático para el “movimiento”? Quedó como el “fundador” del movimiento en el estado.

Con tales antecedentes, que no son poca cosa, ha alzado la mano por segunda ocasión para buscar la candidatura a gobernador. El detalle es que va a contrapelo de las fuerzas establecidas dentro de la 4T-QR, que forman el Partido Verde y el ala conservadora de Morena, las cuales, al mismo tiempo, han sembrado durante más de siete años agravios entre distintos referentes políticos, tanto dentro como fuera de la formación guinda.

Esta condición de disidente, de rebelde, le dio a Rafael Marín, o simplemente a Marín, una fuerza que quizá ni él imaginó. Terminó convirtiéndose, en cierta medida, en una especie de nueva figura “antisistema”, víctima de los “malos” y amigo de los “buenos”.

Esta figura antisistémica y casi disruptiva del extitular de ANAM se acrecentó al convertirse en blanco de una andanada de ataques y señalamientos. Sus adversarios le terminaron dando mayor empuje.

La cereza del pastel ocurrió la semana pasada, cuando el Teqroo, que no se manda solo, le aplicó medidas cautelares por actos anticipados de campaña.

Su calidad de víctima se acrecentó, casi a niveles lopezobradoristas.

Sin embargo, esta ruta cambió abruptamente el sábado pasado.

La foto de la unidad ¿o de la sumisión?

En Felipe Carrillo Puerto, se tomó la foto con Eugenio Segura y Ana Paty Peralta, del equipo contrario, en un acto convocado por la dirigente estatal Johana Acosta, que no ha tenido nada de imparcial en ese proceso interno.

Desde entonces, la imagen de rebeldía de Rafa comenzó a “pixeliarse”. Si pretendía mostrar unidad con la foto con Ana Paty y Gino, en realidad terminó proyectando debilidad frente a sus adversarios e incluso una imagen de sometimiento.

Desestimó el perfil de rebelde que había sido su principal activo político.

Muchos de sus seguidores no entienden este giro del “fundador”. Tampoco se ha dignado a darles una explicación. Aplicaría una frase de la antigua oposición: que no haya ilusos para que no haya ilusionados.

Ahora habrá que ver si Rafael Marín realmente quiere asumir ese papel de rebelde o si simplemente será una corcholata más y esperará qué le toca a su grupo cuando lleguen los acuerdos en Palacio Nacional.

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