Habitantes de Acachuén protestaron en Chilchota por la omisión gubernamental ante un ataque armado. Exigen la renuncia de la alcaldesa Alejandra Ortiz Suárez y denuncian la complicidad policial, en un contexto de creciente inseguridad que afecta a la Meseta Purépecha.
La mecha que encendió la furia comunal en Chilchota
La comunidad de Acachuén, en Michoacán, enfrenta una escalada de violencia que alcanzó su punto crítico el 6 de mayo, cuando un ataque armado perpetrado por la delincuencia organizada cobró la vida de dos de sus habitantes. Este incidente, que marcó un antes y un después para la región, se vio agravado por la presunta omisión del gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla. Las autoridades estatales no establecieron una mesa de diálogo con los afectados, lo que profundizó el resentimiento y la sensación de abandono entre los comuneros.
Durante el asalto de aquel día, las denuncias de los propios afectados señalan que la Policía Municipal de Chilchota, bajo la administración de la alcaldesa morenista Alejandra Ortiz Suárez, acudió al lugar no para proteger a la comunidad, sino para brindar apoyo a los agresores. Esta acusación ha sido un factor determinante en la intensificación de las demandas ciudadanas y en la ruptura de la confianza hacia las instituciones locales. La región, ya de por sí asolada por la presencia y las disputas territoriales del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Cárteles Unidos, percibe esta inacción como una grave complicidad.
Una jornada de indignación: La toma de la alcaldía
En respuesta a la inacción gubernamental y a la percibida connivencia policial, los habitantes de Acachuén organizaron una movilización masiva. Este miércoles, los comuneros marcharon por la carretera Cherán-Zamora, culminando su trayecto en la cabecera municipal de Chilchota. La protesta escaló al irrumpir en la Presidencia Municipal, donde realizaron actos de quema de mobiliario y rompieron cristales. En el trayecto hacia el palacio municipal, un vehículo repartidor fue incendiado, evidenciando la radicalización de las acciones ante la desesperación.
En el interior del Palacio Municipal, además de la destrucción, se realizaron pintas exigiendo seguridad para la región. Los comuneros articularon su exigencia más contundente: la renuncia inmediata de la alcaldesa Alejandra Ortiz Suárez. Argumentaron que su permanencia en el cargo es insostenible tras la presunta implicación de la Policía Municipal en el ataque del 6 de mayo. «Este fenómeno de violencia, que está desplazando a comunidades enteras desde el estado de Guerrero, esta violencia nos tiene atrapados a muchos de los pueblos de la Meseta Purépecha, de las regiones Nahua, de la Cañada y de Zacapu, no es un hecho aislado lo que está sucediendo», declararon frente a la alcaldía, contextualizando su situación dentro de un problema de seguridad más amplio.
El eco de Acachuén: Denuncias de impunidad y desprotección
La movilización de Acachuén no fue un evento aislado. En solidaridad, se registraron otras acciones de apoyo a la comunidad en distintas localidades de Michoacán. En la Cañada de los Once Pueblos, específicamente en Huáncito, los habitantes protestaron mediante pintas que clamaban por justicia, replicando el sentir de desamparo. La indignación se extendió hasta Morelia, la capital del estado, donde activistas, defensoras de derechos humanos y colectivas se congregaron frente a Palacio de Gobierno.
Convocados por los propios comuneros de Acachuén, los manifestantes denunciaron la omisión y negligencia de los gobiernos Municipal y Estatal frente a la violación de derechos humanos que padece la comunidad. Señalaron una desatención y desdén evidentes hacia la exigencia de seguridad. «Ninguna persona de gobierno, ninguna autoridad, se ha presentado hasta el día de hoy en la comunidad, lo que nos indica que Acachuén está sola y desprotegida. Esto está costando vidas, esta crisis de inseguridad tiene que tener una respuesta inmediata o, de otra manera, procederemos a acciones más fuertes y radicalizadas para seguir acompañando a la comunidad», advirtieron, haciendo hincapié en la urgencia de una respuesta oficial antes de que la situación derive en consecuencias aún más graves.









