La presidenta municipal de Othón P. Blanco (Chetumal), Yensunni Martínez, destacó frente a sus colegas, en lo que va del carrusel de los anacrónicos informes municipales.
Y no es que su labor de 5 años —desde 2021— haya rebasado a la de cualquiera de los otros 10 alcaldes de Quintana Roo.
De hecho, su labor ha sido desastrosa, frente a una sociedad tan politizada y exigente como la chetumaleña. Poco tiene que presumir.
Y no se pueden pedir peras al olmo y la cozumeleña se fue por la fácil: el martirologio y la “victimización”.
Y resulta que la villana de su historia, obvio, no es ella, sino su principal adversaria, la regidora de MC, Lidia Rojas.
Y se anotó dos párrafos, dignos de poner con letras doradas en el salón “Mariano Angulo Basto de la Capital”:
“Porque gobernar Othón P. Blanco es mucho más que identificar lo que hace falta o decir lo que debería hacerse. Gobernar también significa saber cómo hacer lo posible. Significa conocer la administración pública, entender los presupuestos, las reglas de operación, los procesos legales, las responsabilidades institucionales y las limitaciones que muchas veces no se ven desde afuera. Significa tomar decisiones, gestionar recursos, construir acuerdos y, sobre todo, asumir la responsabilidad de que las soluciones no solamente se prometan, sino que realmente se puedan cumplir.
“Es muy fácil escribir en redes sociales que esto debería hacerse cuando no se tiene la responsabilidad de explicar de dónde saldrá el recurso, qué procedimiento debe seguirse o cómo debe convertirse una propuesta en una solución real. Nosotros sí conocemos esa responsabilidad. La hemos vivido todos los días durante estos años. Hemos aprendido que gobernar no es solamente señalar lo que falta ni publicar críticas desde la comodidad de una pantalla, es encontrar la manera de resolverlo”.
Pero, en lugar de repartir culpas y buscar villanos, Yensunni debió pedir perdón a los chetumaleños.








