La presidenta Claudia Sheinbaum rendirá hoy su segundo informe de gobierno y, seguramente, el apartado de Quintana Roo, si es que lo tiene, será demasiado breve.
Y es que la presidenta ha quedado a deber otra vez con Quintana Roo, que enfrenta una de sus mayores crisis turísticas, casi equiparable a la de la pandemia.
En realidad, la Cuarta Transformación no ha tenido al turismo entre sus prioridades. Parece que entiende que es una actividad como el henequén, que “crece solo” y ha sido mínimo el apoyo del Gobierno federal.
De hecho, la 4T arrancó con la sepultura del Consejo de Promoción Turística, con lo que los destinos de Quintana Roo —y todo México— se quedaron sin recursos federales para publicitar los destinos. Aunque, en el plano estatal, con su equivalente siguió esta tarea, la cual, por supuesto, es insuficiente.
Pero la gran calamidad para el tema turístico ha sido el sargazo y el caso Tulum.
La 4T volvió a enfrentar su paquidermismo y prácticamente el 2026 se ha perdido por esta lenta, pasmosa y errática intervención.
El caso de Tulum es emblemático. Este prometedor destino tocó fondo por un problema causado por el propio gobierno federal al entregárselo al Ejército, que se puso a hacer cobros por todos lados. Esto fue la gota que derramó el vaso frente a los abusos de los prestadores de servicios y el desorden inmobiliario: diría el clásico, la tormenta perfecta, de la cual lo fácil fue poner como chivo expiatorio al presidente municipal. Hasta que el asunto ya no dio para más, finalmente vino la solución obvia: el gobierno federal retiró sus cobros, pero la situación no despunta porque el daño prácticamente está hecho.
Lo mismo pasó con el sargazo, lo cual es aún más grave. El arribo de esta megaalga, como se le dice, lleva 10 años en el estado y Claudia Sheinbaum no pudo hacer nada más que un anuncio de respuestas obvias que implicaban barcos más grandes para recoger esta plaga que llega del mar.
Sin embargo, el turismo es la actividad preponderante del estado y poco se ha hecho. Por si fuera poco, los grandes proyectos turísticos de Quintana Roo también han sido un tremendo fracaso. El Tren Maya no solo no trae turistas, sino que, peor aún, significa que el Estado mexicano tiene que financiar este proyecto que es altamente deficitario. Obviamente, por la misma consecuencia de Tulum, el aeropuerto de Tulum se ha venido abajo.
De hecho, el Gobierno federal sigue concentrándose en infraestructura turística, como ocurrió con el puente Nichupté, que quiso ser inaugurado hace apenas unas semanas. Sin embargo, el resto de la ciudad de Cancún sigue prácticamente en el abandono, sin infraestructura importante y con riesgos ya graves en la movilidad y en la convivencia de la comunidad.
También en lo social, Quintana Roo y la península siguen padeciendo apagones, en otro problema que la 4T no ha logrado solucionar en sus ocho años en el poder.
Mucho se dice que Quintana Roo da mucho al gobierno federal, pero con la 4T, igual que con el PRIAN, la retribución sigue siendo injusta para el principal destino turístico de México.
No obstante, los quintanarroenses ya empezaron a demostrar su inconformidad: Quintana Roo salió del top 5 de los estados de mayor posicionamiento de Claudia Sheinbaum.









