Pete Hegseth, secretario de Guerra de la administración de Donald Trump, confirmó que el gobierno de Irán ha enviado una delegación diplomática a Pakistán con el objetivo de restablecer las conversaciones de paz. Al cumplirse 55 días de conflicto bélico, la autoridad estadounidense aseguró que la nación persa carece actualmente de cualquier tipo de dominio operativo en el Estrecho de Ormuz, lo que sitúa al régimen de Teherán ante una coyuntura histórica para concretar un acuerdo bajo las condiciones de Washington.
La estrategia de asfixia naval ha permitido que Estados Unidos mantenga el control absoluto desde el Golfo de Omán hasta mar abierto, desmintiendo versiones de resistencia iraní. Según el reporte de Hegseth, las fuerzas estadounidenses han interceptado satisfactoriamente 34 embarcaciones que intentaron vulnerar el bloqueo. Esta cifra fue ratificada por el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien detalló que el uso de sistemas de inteligencia avanzada permite la detección inmediata de cualquier activo que desafíe las restricciones impuestas por el Pentágono.
El costo de la guerra ha generado un impacto económico global, reflejado especialmente en el incremento exorbitante de los combustibles en territorio estadounidense; sin embargo, la postura del gabinete de Trump permanece inamovible. Hegseth insistió en que Irán debe aceptar su derrota militar y renunciar definitivamente a sus ambiciones de desarrollo de armamento nuclear. El mensaje fue directo: el bloqueo se mantendrá de forma indefinida por decisión presidencial y cualquier intento de violación resultará en la destrucción de los activos involucrados, enfatizando que el factor tiempo juega en contra del gobierno iraní.
Para robustecer la presencia militar en la zona de conflicto, se anunció el despliegue de un segundo portaaviones y la movilización adicional de cuatro mil elementos de las fuerzas armadas. Esta medida busca blindar el paso estratégico de Ormuz, donde actualmente rige un estricto protocolo en el que ningún navío puede transitar sin la autorización expresa de Estados Unidos. La retórica oficial ha calificado el comportamiento de las fuerzas iraníes como actos de piratería y terrorismo, justificando la orden de interceptar y destruir cualquier amenaza potencial bajo la consigna de estar listos para disparar.









