La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda como una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII), debido a la transmisión transfronteriza y la aparición de grupos de muertes inexplicables, lo que plantea una gran incertidumbre sobre la magnitud real de la epidemia de la cepa Bundibugyo.
La alerta mundial: expansión inesperada de un virus inusual
La OMS anunció el domingo la elevación de la alerta al umbral más alto según las normas sanitarias internacionales, impulsada por la propagación del virus del Ébola de Bundibugyo. Esta decisión se tomó tras la confirmación de casos en Kampala, la capital de Uganda, y en Kinshasa, la densamente poblada capital del Congo con aproximadamente 20 millones de habitantes. Tales confirmaciones evidencian que el virus ha trascendido la remota región minera donde se identificó el brote inicialmente.
Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, calificó este suceso de «extraordinario». Subrayó la ausencia de vacunas o tratamientos aprobados específicamente para la cepa Bundibugyo. La persistente inseguridad en el este del Congo y las pruebas que sugieren un alcance significativamente mayor del brote, en contraste con las cifras oficiales, refuerzan la gravedad de la situación. Hasta el 16 de mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África habían reportado en la provincia de Ituri, RDC, ocho casos confirmados por laboratorio, 336 infecciones sospechosas y 87 muertes sospechosas. Uganda, por su parte, confirmó dos casos en Kampala, incluyendo un fallecimiento, ambos en viajeros provenientes del Congo. Las pruebas iniciales detectaron ocho muestras positivas entre 13 recolectadas en diversas áreas, sumando muertes inexplicables y casos sospechosos adicionales en Ituri y la provincia vecina de Kivu del Norte. Al menos cuatro trabajadores sanitarios han fallecido en circunstancias compatibles con la fiebre hemorrágica viral, lo que incrementa la preocupación por la transmisión dentro de los entornos clínicos y hospitalarios.
Mecanismos de respuesta: la emergencia de salud pública internacional
La declaración de la OMS como Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) tiene un objetivo claro: movilizar fondos internacionales, coordinar esfuerzos globales y proporcionar una respuesta unificada ante la emergencia. Esta es la primera declaración de su tipo desde que la viruela del mono fue designada como emergencia de salud pública mundial en 2024. La agencia, sin embargo, evitó declarar una «emergencia pandémica», una categoría novedosa creada bajo las normas sanitarias internacionales revisadas después de la COVID-19. La posible circulación no detectada del brote durante semanas antes de su identificación subraya la dificultad en la contención inicial y el valor de la declaración.
Un patógeno distinto: el desafío del ébola Bundibugyo
El virus del Ébola de Bundibugyo constituye una de las especies más raras de Ébola conocidas por infectar a humanos. Previamente, solo había causado dos brotes documentados: uno en Uganda en 2007 y otro en el este del Congo en 2012. En conjunto, estos brotes históricos generaron menos casos que los ya registrados en la epidemia actual. La mayoría de las vacunas y los tratamientos con anticuerpos contra el Ébola se desarrollaron contra la cepa Zaire, la cual es más común y letal, tras la devastadora epidemia que asoló África Occidental hace una década, causando la muerte de más de 11 mil personas.
Susan McLellan, directora de la unidad de atención de biocontención de la Facultad de Medicina de la Universidad de Texas, declaró el viernes que «el ébola Zaire fue el que acaparó toda la atención, y con muy buenas razones». Aunque existen tratamientos con anticuerpos, ninguno está aprobado específicamente para las infecciones por Bundibugyo. Actualmente, se están evaluando vacunas candidatas de grupos como la Universidad de Oxford y Moderna Inc.
Resiliencia y riesgos: el historial del Congo y la ayuda externa
Esta reciente declaración de emergencia coincide con las advertencias de expertos en salud global sobre los recortes a la ayuda exterior estadounidense y a los programas de vigilancia epidemiológica. Estos recortes podrían debilitar significativamente la capacidad de respuesta ante futuros brotes en regiones vulnerables. La República Democrática del Congo ha combatido más de una docena de brotes de ébola en el último medio siglo, lo que lo posiciona como uno de los países con mayor experiencia mundial en la contención de la enfermedad. No obstante, los conflictos persistentes, la precaria infraestructura sanitaria y una profunda desconfianza hacia las autoridades han complicado repetidamente la respuesta en la zona este del país, dificultando la implementación efectiva de medidas de control y prevención.









