Cuando es cosa de días, casi de horas, que en Morena se defina quién asumirá la Coordinación de la Defensa de la Transformación (traducción: candidatura a la gubernatura), se ha abierto una negociación paralela para definir mediante “acuerdos” el resto de las nominaciones, desde presidencias municipales y diputaciones federales, hasta diputaciones locales y regidurías.
Hasta no hace mucho, el lado “institucional”, que va por la continuidad, tenía su ruta de “todas-todas”. Es decir, no solo le correspondería la gubernatura, sino todas, o casi todas, las presidencias municipales y todo lo demás, incluidos los cuatro distritos legislativos federales.
Pero, desde la “oposición” al interior de Morena, la exigencia es negociar y “compartir”. Este reparto sería escalonado y equitativo.
Por ejemplo, los municipios tendrían una jerarquía. El que valdría más sería, obvio, Benito Juárez; los que menos, por ejemplo, Bacalar o Lázaro Cárdenas.
En 2024, el reparto fue en la “22 de Enero”, pero los rebeldes ahora quieren que las cosas sean diferentes. El pastel debe ser para tres o cuatro, ya no para uno.
Algo así como prosperidad compartida, pero arriba, entre las facciones de la 4T de Quintana Roo.









