En Morena, las cosas empiezan a salirse de control.
Se supone que las precampañas empezarían en la última semana del próximo mes, pues en el cronograma electoral guinda, que dio a conocer en marzo, se estableció que el registro de aspirantes para ser “Defensor de la Transformación” en los estados sería el 22 de junio.
Pero ese calendario nadie lo respeta. O mejor dicho: nadie lo respetará.
En realidad, la interna de Morena ya padece problemas de legitimidad, no solo por adelantar los tiempos. Se han acumulado ya decenas de quejas y denuncias ante el órgano interno de justicia de Morena, así como en el Ieqroo y el Teqroo, por presuntos actos anticipados de campaña.
Y eso no es todo.
Guerra sucia
Ahora se ha desatado una intensa, inmisericorde y bochornosa guerra sucia de todos contra todos.
Como se sabe, la interna de Morena es por “categoría” de hombres y mujeres. La cosa ha sido pareja. En ambas contiendas prevalece la descalificación, el lodo y la guerra sucia. Estas descalificaciones se distribuyen en redes sociales desde cuentas de reciente creación y, en casi todos los casos, aparece la pauta publicitaria.
No hay control de gastos y además tiran la piedra y esconden la mano.
Tampoco hay un árbitro confiable, ni mucho menos un mediador. Por ejemplo, la presidenta estatal de Morena, Johana Acosta, hasta ha acompañado a hacer campaña a uno de los aspirantes.
Entrampado
Morena se ha entrampado. Los principios y los valores quedaron ya en el pasado. Hay una lucha por el poder en la que todo se vale.
Y el principal afectado es el Partido guinda, porque las tácticas de las encuestas siguen cuesta abajo. Lo de seruna “mejor opción” ha quedado en el pasado. Ahora es un partido como los demás en el que prevalecen las trampas y la guerra sucia.
Aunque no todo está perdido para la facción guinda.









