Andrés Manuel López Obrador distingue en su nuevo libro al Donald Trump que respetó la soberanía mexicana entre 2018 y 2020 del actual mandatario estadounidense, a quien acusa de encubrir la intromisión ilegal de agencias como la CIA, la DEA y el FBI.
La dualidad de Washington en la narrativa obradorista
López Obrador contrapone la relación bilateral mantenida entre 2018 y 2020 con la actual administración estadounidense, a la que señala por fabricar pretextos políticos contra México.
El expresidente Andrés Manuel López Obrador consigna en su más reciente obra, titulada En Pueblo, una polarización institucional respecto a la figura de Donald Trump. En el apartado dedicado a la política exterior, el exmandatario elogia los acuerdos alcanzados durante el periodo 2018-2020, destacando la renovación del tratado comercial y la interlocución con Joe Biden. Sin embargo, el análisis muta al examinar el contexto actual.
- Primera administración: Respeto a la soberanía nacional y consolidación del acuerdo comercial norteamericano.
- Segunda administración: Incremento de la presión política y operaciones de inteligencia sin aval diplomático formal.
El texto reproduce la misiva difundida el 3 de junio de 2026 bajo la directriz de recuperar al anterior interlocutor, pero añade consideraciones inéditas sobre la actuación de la embajada estadounidense y los organismos de seguridad del vecino país del norte en territorio mexicano.
Radiografía de la injerencia y la asociación derechista
El expresidente mexicano atribuye la presencia operativa de la CIA, la DEA y el FBI a un plan concertado para debilitar a los gobiernos populares mediante presiones ideológicas y chantajes geopolíticos.
| Factor de fricción | Implicación geopolítica según el análisis |
| Intromisión de agencias | Operaciones encubiertas de la CIA, la DEA y el FBI bajo la coartada del combate al narcotráfico. |
| Presión ideológica | Búsqueda de un gobierno mexicano vulnerable y dócil frente a la consolidación de un bloque conservador internacional. |
| Amenaza de narcoterrorismo | Uso de designaciones punitivas para coaccionar a autoridades extranjeras consideradas renuentes. |
La administración estadounidense actual busca fracturar la estabilidad de los proyectos de corte popular y progresista en la región. Para sostener esta hipótesis, el exmandatario advierte sobre la existencia de una red de afinidad ideológica entre élites de distintas latitudes, empeñadas en articular una alianza de carácter derechista. Asimismo, denuncia que el uso de la etiqueta de narcoterrorismo funciona como un mecanismo de chantaje contra las naciones que rechazan el vasallaje diplomático.
El quiebre en la cooperación y la doctrina de seguridad
La designación de cárteles como organizaciones terroristas por parte del departamento de estado consolida, según el análisis, una licencia extraterritorial para el uso de la fuerza.
El libro documenta el colapso del entendimiento bilateral en materia de seguridad. Mientras que en el sexenio anterior Donald Trump descartó calificar a los cárteles como terroristas tras una consulta directa con el ejecutivo mexicano, el escenario cambió radicalmente. El Departamento de Estado formalizó dicha catalogación para seis agrupaciones el 20 de febrero de 2025, incorporando al Cártel de Juárez y a Los Viagras en julio de 2026, lo que elevó la cifra a ocho organizaciones sancionadas.
- Implicación legal: Otorga a Washington un permiso de intervención extraterritorial.
- Paralelismo histórico: El expresidente equipara la medida con ejecuciones sumarias del pasado como la ley fuga.
El respaldo histórico a Claudia Sheinbaum
El exmandatario equipara la postura soberanista de la actual presidenta frente a Washington con la trascendencia histórica de la expropiación petrolera de 1938.
El cierre del capítulo sitúa a la actual administración bajo una óptica de continuidad nacionalista. López Obrador enmarca el discurso pronunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum el 31 de mayo de 2026 en el Monumento a la Revolución —ante una asistencia calculada en 130 mil personas por el gobierno capitalino— como un punto de inflexión no visto desde el decreto cardenista. La postura oficial rechaza cualquier subordinación geopolítica y aboga por un vínculo bilateral anclado estrictamente en la reciprocidad y el respeto mutuo. El análisis concluye con una reformulación del apotegma histórico sobre la frontera norte, proponiendo un balance optimista respecto a la convivencia con la superpotencia.










