La presidenta del Ieqroo, Rubí Pacheco, aceptó que este instituto tiene contratos con las empresas de José Alfredo Hernández Casillas y Raymundo Francisco Hernández Casillas, que ahora están en el centro del escándalo por su relación con la expresidenta del INE, Guadalupe Taddei.
No le queda de otra. Los contratos con el Ieqroo y otros Oples ya son públicos y hasta son investigados por la ASF y la UIF.
La presidenta del Ieqroo dejó al aire algunas dudas sobre estas asignaciones a las empresas de los hermanos Hernández Casillas, pero estos contratos solo significan una raya más al tigre del instituto.
El Ieqroo no puede caer en el desprestigio porque ya está desprestigiado, y no solo por la manera en que manejan sus recursos, sino por su desempeño parcial y sesgado en la contienda.
También ayer sancionó al regidor Benjamín Vaca por pronunciamientos relacionados con el entonces candidato a coordinador estatal de la Defensa de la Transformación.
Sin embargo, este Ieqroo no ha visto los excesos en los que han incurrido otros aspirantes a coordinadores, claro, relacionados con el oficialismo. Algo así como la ley del embudo.
Pero el Ieqroo es una colección de desatinos y despropósitos.
¡Cómo olvidar el desempeño de este instituto en las elecciones del Poder Judicial local! Los magistrados y jueces fueron electos mediante planillas. De hecho, el Ieqroo terminó “superando” el patético espectáculo de los juzgadores federales del Bienestar, que ganaron con “acordeones”.
Lo peor es que antes, con Oples como el Ieqroo, se podía pedir que el INE saliera al quite, pero no se sabe cuál está más desprestigiado y hundido en la desconfianza.










