La reciente encuesta de El Universal —que tuvo como primer dato relevante que el 47 por ciento de los seguidores de Rafael Marín, si él no queda como candidato de Morena a la gubernatura, podría aplicar un voto de castigo— presenta un panorama desolador y oscuro para la oposición en Quintana Roo rumbo al 2027.
Este estudio, de un medio serio en materia de encuestas como El Universal, arroja que la oposición está peor de lo que se suponía y, de por sí, el panorama ya era muy pesimista.
Los números son contundentes del “piso” de los principales partidos opositores.
En intención de voto para gobernador, Morena pasó de 42.5 por ciento en junio a 48.4 por ciento en agosto, un crecimiento de 5.9 puntos. Mientras tanto, Movimiento Ciudadano, que aparece como el partido opositor mejor colocado, apenas pasó de 4.8 a 5 por ciento.
El PAN, por el contrario, retrocedió de 3.9 a 3.3 por ciento, mientras que el PRI cayó de 4.1 a 3.1 por ciento. El PVEM creció de 2.9 a 4.3 por ciento, pero forma parte del bloque oficialista.
Es decir, entre Morena y su opositor más cercano hay una diferencia de 43.4 puntos.
Pero hay otro dato todavía más revelador: 26.2 por ciento de los encuestados no declaró preferencia, una bolsa electoral cinco veces mayor que la intención de voto de MC y casi ocho veces superior a la del PAN o el PRI.
La oposición no solamente está lejos de Morena: tampoco está capitalizando a quienes no tienen definida una preferencia partidista.
La segunda pregunta del estudio confirma la profundidad del problema.
Cuando El Universal pregunta con qué partido se identifican más los quintanarroenses, Morena alcanza 57 por ciento, mientras los independientes representan 18.5 por ciento. Después aparecen el PVEM con 3.9 por ciento, PRI con 3.5, MC con 2.6, PAN con 2.3 y PT con 0.8 por ciento.
Ninguno de los tres principales partidos opositores alcanza siquiera 4 por ciento de identificación partidista.
Sin embargo, esta decadencia opositora en Quintana Roo no necesariamente se debe al clima de persecución y supresión de libertades, lo cual no significa que se deje a un lado el clima de intolerancia del cuatroteísmo caribeño y el enorme mercado clientelar que comparten Morena y Verde.
Por encima de esta intolerancia, se trata de una oposición que ha optado por la vida cómoda frente al Gobierno, lo cual no es nuevo y ha tenido varios protagonistas que ya forman parte de la picaresca política del Caribe.
Desde que Morena (y socios) se instaló como mayoría en Quintana Roo, la oposición optó por replegarse y, claro, por pretender dar algún garrazo, pero muy de repente. No se puede esperar que los ciudadanos le tengan confianza.
Acciones desesperadas
Por eso ahora vemos acciones desesperadas.
El PAN está haciendo “fichajes” de última hora y, de paso, ha mandado a la banca a la dirigente formal y al líder moral de ese partido, que llevaron a la formación albiazul al sótano. Por cierto, nada más desesperado que «fichar» a Eugenio Barbachano.
A su vez, el PRI clama por alianza. Lo más “raro” es que una de las voceras del PRI para esta causa es Leslie Hendricks, que fue la candidata en solitario del PRI en 2004, luego de un inconfesable acuerdo en Campeche entre el tricolor y el Verde.
En tanto, Movimiento Ciudadano dio un golpe de mano y le dio las gracias a José Luis Pech, que convirtió a MC en un club de amigos.
A ver si al nuevo dirigente, Joaquín González Castro, le da tiempo para llevar a su partido a niveles competitivos.
Otro dato que desliza una paradoja adicional es que Morena tiene 57 por ciento de identificación partidista, pero 48.4 por ciento de intención de voto, una diferencia de 8.6 puntos. Lo cual es una pequeña luz amarilla para la formación guinda.
Pero lo que es claro es que la oposición ha dejado que el próximo proceso electoral sea una cosa interna entre Morena y aliados.
Quizá después de la definición morenista mejore el panorama opositor, si es que ocurre un desencanto en las filas guindas.










