Obituario: el 13 de agosto de 1536 muere Gonzalo Guerrero

Por Gilberto Avilez

Muere en el Valle del río Ulúa en Honduras, peleando por la libertad del pueblo maya contra los invasores españoles, su antiguo pueblo. Según los cronistas que vendrían, tenía 56 años al dejar este mundo americano que apenas comenzaba a existir. El batab de Chactemal luchó hasta el último momento contra la corona y la iglesia, para que el mundo de sus hijos no sea mellado por la barbarie europea. En este día termina la vida del hombre de Palos que prefirió defender los derechos de su nuevo pueblo que lo adoptó y le dio una nueva identidad: el maya.

Lo dije y lo sostengo: Gonzalo Guerrero, el hombre entre dos mundos, o de la clave para entender la yucatenidad.

La figura de Guerrero es la clave para comprender la yucatenidad, o mejor dicho, la peninsularidad (que abarca los tres estados de la Península de Yucatán). Lo triste del caso es que, en un segmento radical del indigenismo yucateco (desde los anti trenes hasta los «jach» puristas de una Mayanidad creada desde los andamios del Quincunx academico) Guerrero solo es aceptado en su voluntad por querer ser maya, por olvidar lo que dejó un océano atrás, y no por su condición de hombre de dos mundos, de hombre que acepta el destino y ama y se entrega a un pueblo por amor a las pequeñas verdades y felicidades de la vida: sus hijos, una cultura que iba a surgir de la occidentalización de América.

Gonzalo el batab, el renegado, el apóstata, el indio idólatra barbudo, el maya. El padre de la resistencia indígena en la Península contra sus antiguos compatriotas (el factor «Gonzalo Guerrero» puede explicarnos la larga «conquista» inconclusa del mundo maya), pero también el padre de los primeros mestizos de México. Fue un hombre entre dos mundos que decidió pelear por la libertad de sus pequeños hijitos y de su nuevo pueblo, el fermento de lo que sería el pueblo yucateco.

Guerrero es el español que se convirtió en maya por algo tan simple y a la vez universal: el amor por una mujer, pero lo más sagrado, se convirtió en maya por el amor a sus hijos.

Una hipótesis mía que apunté hace tres años. Esto solo se puede resolver en una novela donde la ficción se condimenta con la historia

¿Es Jerónimo el inventor de Guerrero?, ¿o acaso fue Jerónimo el mismo Guerrero?

La única fuente primera de Gonzalo Guerrero es Jerónimo de Aguilar. Los demás que escribirían luego (desde Bernal, Landa, Cogolludo y Solís) escucharían de a oídas o repetirían, con algunas variantes, lo que dijo el de Écija. Pero Jerónimo se contradice garrafalmente. Me llama la atención que los historiadores de ese primer momento no se percataran de eso, lo que Aguilar le dijo, y cómo lo dijo (en cuclillas, a la usanza indígena, como no queriendo la cosa), a Cortés, en ese lejano 1519, en las arenas blancas de «Cuzmil»; le contó sus peripecias entre los indios, y le narró cómo un tal Guerrero se hizo cacique en Chactemal, renegó de su condición de católico, y le hizo la guerra a los españoles en Catoche (es decir, a los hombres de Hernández de Córdoba), amén de embarraganarse con una india, procrear hijos, horadarse la piel, embijarse y ser de seguro un idólatra.

No soy experto en ese siglo, ni mucho menos en la conquista de Yucatán, sólo he leído lo que me aportan los entendidos, pero Aguilar se contradice en más de un sentido y se mueve como si algo guardara, o algo inventara para maquillar su pasado de ocho años viviendo entre la «gentilidad». Tal vez Guerrero ni siquiera existió, es decir, no existió como lo pintan los españoles (el «renegado», el «idólatra», el «traidor»), pero tampoco como nos lo ha presentado la literatura del tema y la versión oficial quintanarroense.

Un erudito como Luis Barjau se atrevió a aceptar el apócrifo de Joseph Buenaventura como si fuese historia verdadera (y en diciembre de 2020, el FCE, tal vez porque Barjau es tabasqueño, reeditó su libro donde Barjau defiende al documento apócrifo de San Buenaventura). Pero ese apócrifo es más literatura que cualquier cosa (véase la tesis de literatura en lengua y literatura hispánicas por parte de la UNAM, de María del Mar Gámiz Vidiella, 2014). Tal vez Jerónimo de Aguilar sea en verdad el primer fabulador del Nuevo Mundo. ¿Existió Guerrero, hay un registro bautismal de Guerrero plenamente comprobado en Huelva?

Y si no existió, al menos en la literatura, Guerrero es plena presencia soberana, y en ese mundo literario se ha convertido en un mito de lucha, de cercanía y apertura humanística con el mundo indígena, en la posibilidad genuina del hermanamiento.

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