México registró una desaceleración inflacionaria en abril, con una tasa anual del 4.45%, inferior al mes previo. No obstante, los precios clave de alimentos y combustibles mantuvieron una presión significativa sobre el poder adquisitivo de los hogares mexicanos.
Dinámica inflacionaria de abril: Desaceleración y factores clave
El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) en México experimentó una variación mensual del 0.20% en abril. Este resultado situó la tasa de inflación anualizada en 4.45%, representando un descenso frente al 4.59% registrado en marzo y marcando el fin de una tendencia alcista de tres meses.
Diversos elementos ejercieron una presión significativa sobre el nivel general de precios durante abril:
- Alimentos Esenciales: Incrementos notables en el chile, el tomate y la papa.
- Servicios: Aumento en el costo del servicio de autobús urbano.
- Energéticos: Alzas en la gasolina de alto octanaje y el gas doméstico.
Particularmente, el tomate, un componente básico de la dieta mexicana, ha duplicado su precio en los últimos 12 meses, superando los 60 pesos por kilogramo. Este incremento se atribuye a una conjunción de factores, incluyendo la inseguridad en zonas de producción, una deficiencia en el apoyo gubernamental al sector agrícola y una contracción productiva desencadenada por la imposición, en julio de 2025, de una cuota compensatoria del 17% por parte de Estados Unidos a las importaciones del fruto mexicano, bajo acusaciones de dumping. A pesar de los subsidios aplicados por el gobierno a través de reducciones impositivas, los precios de los combustibles no lograron aislarse del alza en el valor internacional del petróleo, impulsado por el conflicto en Oriente Medio.
La desaceleración inflacionaria se compensó parcialmente por la disminución estacional de las tarifas eléctricas, efecto de los subsidios aplicados durante la temporada cálida, junto con una reducción en los precios de:
- Transporte aéreo
- Pollo
- Huevos
- Limón
- Plátanos
Impacto en el poder adquisitivo y consumo familiar
La persistencia de la inflación ha generado una erosión tangible en la capacidad de compra de las familias mexicanas. Consumidores reportan la necesidad de ajustar drásticamente sus hábitos de consumo, optando por reducir la adquisición de proteínas como la carne y el pollo, sustituyéndolas por hortalizas y verduras. La estrategia incluye también la disminución de las cantidades habituales de compra y la búsqueda de mercados alternativos que ofrezcan productos a menor costo, aunque con una calidad inferior.
El encarecimiento de los productos básicos ha impactado directamente la canasta de consumo mínimo. En abril, esta canasta registró una tasa anual del 4.63%, cifra significativamente superior al 3.69% observado el mes anterior. Con un salario mínimo que se sitúa en aproximadamente 473 dólares mensuales, la capacidad de adquisición se limita a dos canastas básicas. Ciudadanos con ingresos fijos, como jubilados, manifiestan que sus pensiones y apoyos familiares resultan insuficientes para cubrir las necesidades alimentarias de sus hogares, evidenciando una pérdida sustancial del valor adquisitivo a lo largo del tiempo.
Estrategias de contención y perspectivas oficiales
En respuesta a la presión inflacionaria, la administración actual, bajo la dirección de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha continuado con la política de aumentos anuales al salario mínimo, una iniciativa que comenzó durante el sexenio de su predecesor. La mandataria ha atribuido la leve moderación de la inflación a un acuerdo previamente establecido entre el gobierno y el sector empresarial para estabilizar los precios de los combustibles, además de los subsidios implementados para el diésel y la gasolina.
Respecto a los incrementos en productos específicos como el tomate y el chile, las autoridades han señalado como causas una disminución en la producción local, un incremento en las importaciones procedentes de Estados Unidos y la afectación por plagas en los cultivos de tomate del país. Sin embargo, una parte de la ciudadanía mantiene una postura de escepticismo, argumentando que las cifras y explicaciones oficiales no siempre reflejan la realidad económica que experimentan diariamente los consumidores.









