Tunkul político: De los fascistas de pueblo, los mamuts que desean volver en José María Morelos y la “pastora” del Tec de Carrillo

Por Gilberto Avilez Tax

El gran filósofo del derecho italiano, Norberto Bobbio, al definir al fascista del siglo XX, entendió claramente que éste se baña no solo de pueblo, sino de pureza y honestidad; y entre sus fauces de nigromante, el discurso del fascista atruena solamente la palabra “corrupción”: los corruptos son ellos, y como yo soy honesto y soy diferente, deseo encarecidamente el poder porque en mi persona no hablo por mí, hablo por el pueblo, yo represento al pueblo de José María Morelos, soy el regidor que faltaba.

La cita de Bobbio es precisa para entender a una clase, la clase más vulgar, del fascista moderno de la selva maya cuyo único objetivo es abultar su carrera política con más puestos políticos de mayor alcance, y para eso finge combatir “la corrupción” municipal, “la falta de transparencia en los recursos públicos”, el no ceñirse al “espíritu del orden constitucional”, el combatir la “administración desastrada que puede haber en los municipios de la zona maya”:

“El fascista habla todo el tiempo de corrupción. Lo hizo en Italia en 1922, en Alemania en 1933 y en Brasil en 1964. Acusa, insulta, agrede como si fuera puro y honesto. Pero el fascista es sólo un criminal, un sociópata que persigue una carrera política”.


En la Zona Maya de Quintana Roo, apuntemos, hay fascistas disfrazados de fustigadores de la corrupción, fascistas que hablan en nombre del Estado del Derecho, de la rendición de cuentas, de la transparencia, de “no guardarle nada al pueblo”. Creen en la palabra pueblo como si fuera un mantra donde purifican sus verdades a medias, pero la verdadera palabra que no sale de su boca mefítica, es la palabra corrupción, la que llevan siempre como adarga y estandarte.

Los nuevos fascistas de pueblo, hablando con buena dicción un español sin rastro de su idioma materno, en su breve andar por la política josemariamorelense han brincado como chapulines en el comal de partido en partido en menos de un lustro, y se presentan como la «oposición responsable», cuestionando la corrupción imperante, mostrándose como impolutos en su moralidad granítica y defensores del estado de derecho.

Pero no nos vayamos con la finta, los fascistas de albarradas de la Zona Maya son peores, porque su instinto de violencia se nutre de una senda autoritaria que lo maman desde la chichi materna, desde el solar polvoso de pueblo en donde fueron mal engendrados esos bellacos, desde el respeto -y, al mismo tiempo, envidia- al hombre fuerte de su municipio. El fascista de pueblo de la zona maya desea ser el nuevo cacique que suceda al cacique viejo o al rebelde que se opuso a los caciques. Es un simple farsante; una lengua larga y vomitiva; un soberbio que se nutre de luces esmirriadas, pero con buena retórica; un matón que se muestra escandalizado por la «corrupción de los otros», no la de él, no la de su séquito barato.

En sus clases por correspondencia del derecho, el fascista de pueblo seguramente se entretuvo, curioseó un buen rato con una figura política que fue una válvula de escape para la Roma de la República: el tribuno de la plebe, creado en 494 a.n.e., “para proteger los derechos e intereses de los plebeyos frente a los abusos de los cónsules y el Senado patricio”. El tribuno de la Roma antigua, además de tener derecho de veto, su persona era considerada sagrada e inviolable por haber sido elegido por el pueblo romano, por los ciudadanos de Roma. Hay regidores de oposición de la Zona Maya, que se sienten así en los destinos de la Mayakanidad josemariamorelense a la que le han hecho guiños hasta el punto de querer crear reglamentos innecesarios de turismo comunitario (y mayakanero): tribunos de la plebe, hasta llegar a un punto en que su soberbia por entender que su interpretación de la ley y de la cuenta pública y de la administración pública municipal, es incuestionable y necesariamente verdadera; llegan a pensar, entrampados en su mismidad, que su persona es “sagrada e inviolable”.

Pero hablando en plata, en el reino de la plena democracia, con ciudadanías fuertes y críticas, ni hombres elegidos por ningún Dios, ni tribunos que roban las voces críticas y disidentes de la plebe maya, son necesarios. Estas figuras que entran en la política ejidal de la Zona Maya de Quintana Roo –el “líder natural”, el “vaqueva” ensombrerado, el mamut antediluviano que tiene la caradura de decir que “si el pueblo se lo pide buscará una candidatura”- se volverán, a la larga, en la costra geológica de un pasado que se tendrá que dejar atrás mediante el sistemático trabajo político, mediante una educación ilustrada a todas las capas de la sociedad, mediante la organización desde abajo, desde las comunidades, entendiendo que no existen nadie que ose hablar a nombre de un inexistente pueblo, de una voz monocorde llamada “pueblo”.

¿Quién puede representar esta figura del tribuno de la plebe en el municipio de José María Morelos? Hay muchos: van desde los ensombrerados con nulas ideas de la cosa pública, los mamuts que deciden regresar a su “proyecto político” de parasitar el Ayuntamiento “si Dios y el pueblo me lo permiten”, o los que hacen gala de las redes sociales y del golpeteo insistente mediante cuentas creadas y medios de comunicación conservadores.

Estos tribunos defensores de su mitologizada verdad confeccionada a su modo, entendiendo que el golpeteo irracional un día sí y otro también[1] es su modus operandi, el “no estoy de acuerdo” como forma para prosperar en sus afanes políticos, asumen ahora las luchas supuestamente populares, como la de los mototaxistas opuestos al emplacamiento, o en la “ondita ambientalera”, asumen que su responsabilidad ambiental es ineludible al defender la laguna de Chichankanab: ¿hicieron algo acaso, todos los políticos de José María Morelos, cuando el gobierno del estado, en tiempos de González Canto, intentó quitarles a los ejidatarios de Dziuché el control de su laguna? No hicieron nada, no asumieron el compromiso con el territorio maya, y hoy le abren las puertas desde sus regidurías a las sirenas de la Mayakanidad, un proyecto de muerte extractivista venido desde los andamios de la ciudad blanca del poder, para darle nuevas cuentas de vidrio al pueblo maya de José María Morelos.

Y si hemos hablado de la figura romana del tribuno de la plebe en este primer tunkul político, podemos rematar nuestras reflexiones apuntando otra palabreja que nos ha dejado nuestros caros y eruditos estudios de la filosofía política grecolatina: la palabra hybris (o hibris) (en griego antiguo ὕβρις hýbris) es un concepto griego que significa desmesura del orgullo y la arrogancia. Orgullo extremo, exceso de confianza en mí pericia, en mi abracadabrante retórica política que no solo hipnotiza a algunos –muchos- lerdos, sino que obnubila y ennublece el diálogo simple, trasparente y sencillo. Muchos de estos personajes que pueblan la política de albarradas de José María Morelos, están entre la retórica de picapedreros y cantinflescos deslenguados, hasta la retórica del antiguo priísta que hablaba siguiendo un esquema oscuro. El tribuno de la plebe sale de esto: considera que toda política debe partir de su orgullo extremo en analizarlo todo, en cuestionarlo todo, en ir en contra de todo porque él, en su excesiva confianza, considera que todo lo que se haga fuera de su hybris, es corrupción simple y llanamente.

El mamut ha terminado por salir del permafrost y ya dijo que quiere su candidatura

Hace unas semanas, en una anterior columna,[2] escribimos sobre los mamuts del permafrost de la Zona Maya que ya están comenzando a salir del deshielo. Y ahora resulta que el ex presidente municipal de José María Morelos, Pedro Pérez Díaz, en una entrevista de hace unos días para la prensa maiceda de Jose Mária Morelos, señaló una perla del cinismo: “Que, si el pueblo se lo pide, buscará una candidatura”, y que “a veces uno quiere jubilarse y no te lo permiten y a veces viceversa, no te quieres jubilar y te jubilan”. Señaló también que está solamente esperando “las circunstancias” y la “coyuntura” para el Proyecto municipal en José María Morelos que encabeza. Ese proyecto municipal, hay que decir, fue lesivo en más de una ocasión para comunidades como Sabán en su trienio de la primera década de este siglo. O bien, todo el desbarranco que ocasionó la desmesura política del Proyecto Pérez Díaz en tiempos del trienio de Sofía Alcocer. El que no recuerda la historia que significa este proyecto, simplemente aceptará a pie juntillas un deleznable regreso al pasado que significaría si obtuviera una lejana e hipotética candidatura y un regreso al poder, por sí mismo o por interpósita persona (sombrero loco o tribunos mercenarios).

Le ganó la vocación de pastora a la flamante directora del Tec de Carrillo

Hace unos días, por medio de la página del Facebook del Instituto Tecnológico de Felipe Carrillo Puerto, nos enteramos que la directora de ese instituto -gracias a la politiquería-, la ex priísta y ahora “morenista” exprés, la ex alcaldesa Paoly Perera, presentó ante estudiantes el libro “Antología de la 4T”, un libro con fragmentos del pensamiento político del ex presidente Andrés Manuel López Obrador. Es decir, un libro del partido político del régimen actual, un libro doctrinariamente deleznable, que supuestamente abriría el debate entre alumnos y fomentaría el “pensamiento crítico”. ¿Cómo se puede fomentar el pensamiento crítico a base de doctrinas populistas, centradas en el pensamiento rígido de un caudillo pasajero? Por supuesto, más que fomentar el pensamiento crítico, la señora Perera simplemente estaba catequizando con la venia de su nuevo partido, al más puro estilo de los nuevos conversos al nuevo dogma, resultando “más papista que el papa”, como si fuera “cristiana vieja” o “izquierdista de toda la vida”.

Esto, por supuesto,  es el colmo de la estupidez, el pantano político donde se tiene apresada la educación –y ya no digo la ciencia y la cultura- en Quintana Roo. ¿Es acaso necesario recordarle a esta señora que la educación no solo es laica y gratuita, sino científica, alejada de todo dogma o doctrina política? El adoctrinamiento desde una institución educativa a las nuevas generaciones, no solo es éticamente condenable, sino también políticamente una irresponsabilidad democrática. ¿Pero qué sabrá de espíritu y temple democrático esta política del hueso, si proviene de las juventudes priistas? Su vocación de pastora de iglesia evangélica le hace cometer esta aberración, este desfiguro nauseabundo.

Eso es todo. Nos vemos en el siguiente Tunkul político.


[1] Y esto, el decir siempre no, el estar en contra aún a pesar de que no quiero estar en contra, significa el fin de toda política.

[2] https://caribepeninsular.mx/el-regreso-del-mamut-maya-y-el-sombrero-loco/?fbclid=IwY2xjawRcyd1leHRuA2FlbQIxMQBicmlkETEyVElrRzhVRWVQektwMWpwc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHtO6NlXE57J60cUYxH9R3xINka8-Gd12qCBwhyJ4_po56kvZEkAWngJ9mCKY_aem_VUQ4kbWIFY0IBrc-37QPMw

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