El Consejo Supremo Maya —hoy formalmente llamado Gran Consejo Maya— nunca fue exactamente una rebelión indígena organizada desde las entrañas de la selva y la resistencia.
Fue otra cosa, totalmente opuesta.
Nació en 1998, como reacción al zapatismo, cuando el viejo sistema político entendió que había que abrir cauces institucionales para que la inconformidad indígena no se saliera del huacal.
Ese año, con el Decreto 140, el gobierno de Mario Villanueva Madrid le dio forma legal dentro de la Ley de Derechos, Cultura y Organización Indígena de Quintana Roo.
El mensaje era claro: reconocer al mundo maya, sí, pero bajo un contexto de control político y desde el PRI.
En el papel quedó como el órgano máximo de representación indígena del estado, integrado por dignatarios reconocidos oficialmente y conectado desde entonces al poder público.
La realidad es que una de las máximas históricas del Consejo ha sido su relación directa con el gobierno en turno, casi siempre a través del INMAYA, que ha funcionado como puente político, administrativo y presupuestal.
Y como cualquier cosa que brota del oportunismo, este Consejo ha transitado con el PRI, con el PAN y ahora también bajo gobiernos de Morena.
Esa vergonzosa cercanía le dio presencia, reconocimiento ceremonial y peso institucional.
Su objetivo no es rescatar los valores mayas. En realidad, desde su fundación sirve para legitimar actos oficiales, acompañar decisiones políticas y/o económicas.
Y es ahí donde el caso Grupo Xcaret sale a flote.
Primero por los 15 millones de pesos entregados por Miguel Quintana Pali a integrantes vinculados al entorno del propio Consejo.
Simón Caamal Coh es el presidente del Gran Consejo Maya, reconocido por el gobierno de Quintana Roo e Xcaret
Pero, una cosa es una cosa y otra cosa, es otra cosa.
Dignatarios
En realidad litigio que hoy llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación no lo encabeza formalmente el Gran Consejo Maya.
Lo sostienen otros.
Lo representan el General Maya Alejandro Cauich May, Candelario Ye Alcocer, Esteban Puc Chan, Martín Chuc Ek y Sergio César Chan Balam: autoridades tradicionales que decidieron caminar por una ruta distinta.
Son dos representaciones distintas: una la del poder y dinero, y la otra la del respeto y la dignidad.
Porque mientras el Consejo mantiene su lógica institucional, estos dignatarios optaron por una defensa propia frente a Xcaret, cuestionando incluso acuerdos previos firmados dentro del mismo entorno ceremonial.
Por eso a Miguel Quintana Pali le fue relativamente fácil entenderse con el Consejo Supremo Maya: porque en el fondo opera muchas veces como cualquier ventanilla reconocible del aparato institucional.
Pero otra cosa son los dignatarios mayas.
La esencia del Consejo Supremo es dinero, y la de los dignatarios mayas, precisamente, dignidad.









