Jorge Luis Brizuela, alias “El Venezolano”, tuvo sus mejores momentos con el entonces gobernador Carlos Joaquín, entonces en el PAN y hoy embajador —de la 4T— en Canadá, como parte de acuerdos inconfesables.
Este ostentoso personaje fue, al mismo tiempo, “empresario” y proveedor del gobierno, y algo así como un agente de una especie de policía política, contra “enemigos” del régimen.
Como empresario consentido, destacan los contratos millonarios en la crisis del Covid, tanto para la Secretaría Estatal de Salud como con el Ayuntamiento de Tulum, con el entonces alcalde Víctor Mas, uno de los más leales a Carlos Joaquín.
Al mismo tiempo, como policía política, hizo trabajitos como privar de la libertad a Rangel Rosado, quien fue director de comunicación de Roberto Borge, y también se le señala de perpetrar el atentado contra uno de los ferries de la familia del exgobernador.
Un detalle no menor es que la seguridad en el joaquinismo estaba a cargo del súperasesor Juan de la Luz Enríquez Kanfachi, quien, por cierto, se hizo cargo de los fichajes de Óscar Montes de Oca y Alberto Capella para la Fiscalía y la Secretaría de Seguridad.
Brizuela acumuló un poder ilimitado, Los enterados señalan que el propio Carlos Joaquín terminó atemorizado por Brizuela.
Si las cosas van en serio, la historia de “El Venezolano” no acaba con su arresto esta semana, sino que apenas empezaría…Y no sería el único protagonista.









