Francisco J. Rosado May
fjrmay@hotmail.com
En entregas anteriores se ha mencionado la situación crítica que tienen los sistemas alimentarios actuales, especialmente aquellos que dependen de fertilizantes, pesticidas y riego. Por ejemplo, DeClerk y colaboradores publicaron en el libro (disponible en línea) Science and Innovation for Food Systems Transformation, que la agricultura genera hasta el 33% de la emisión de gases de invernadero, del 70% del uso de agua dulce, y es la principal causa de pérdida de biodiversidad, etc., etc. Escenario nada bueno para la humanidad.
Desde hace aproximadamente 50 años ya había un grupo de académicos en México preocupados por ese escenario. En el Colegio Superior de Agricultura Tropical, ubicado en Cárdenas, Tabasco, a partir de 1976 iniciaron las investigaciones que condujeron a la creación de lo que hoy conocemos como agroecología. Una aportación de México al mundo. El liderazgo lo tuvieron personalidades como Efraim Hernández Xolocotzi, Stephen Gliessman, Roberto García Espinoza, Alba González Jácome, Ricardo Almeida, Arturo Gómez-Pompa, entre otros destacados científicos.
Lo anterior fue el marco histórico del Simposio llevado a cabo en la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo, el pasado 9 y 10 de febrero, donde participaron 14 de los más destacados agroecólogos en México, 12 mexicanos, un francés trabajando en México y, por supuesto, Steve Gliessman, considerado como el padre de la agroecología. La idea fue conocer el estado de desarrollo de la agroecología en México.
El simposio partió de la premisa que la interfase conocimiento-política pública es una debilidad en los procesos que asumen que la agroecología es la mejor alternativa mundial para lograr el cambio de los sistemas alimentarios hacia la sostenibilidad.
Sabiendo que la política pública no es la única, pero si uno de los elementos críticos para alcanzar sostenibilidad de los sistemas alimentarios, y sabiendo que por un lado los científicos deben articular sus investigaciones a las necesidades del estado y hacerlo de forma tal que los conocimientos generados no solo sean útiles sino accesibles y comprensibles para los políticos que diseñan políticas y para quienes las aplican; y sabiendo que por otro lado hay políticos que diseñan políticas públicas con poca o nula formación o experiencia para entender sistemas complejos, el Simposio tuvo dos objetivos. El primero fue conocer cuál es el estado de desarrollo de la agroecología en México, y el segundo fue saber si estamos en un buen momento, con 50 años de desarrollo, de revisar las diferentes definiciones de agroecología y crear una que sea entendible por diferentes actores, desde campesinos hasta diseñadores e implementadores de políticas públicas.
Para atender los objetivos, el simposio atendió la pregunta ¿Qué escuela/s de Pensamiento Agroecológico Existe/n en México?, cuya respuesta permitió concluir que hay una alta diversidad de áreas científicas desarrollando escuelas de pensamiento alrededor de la agroecología. Los participantes en el simposio fueron expertos de un amplio abanico de diferentes áreas de conocimiento,
La segunda pregunta no fue fácil de abordar. Si bien los expertos no lo descartan, tampoco se pudo consensar una definición que atienda el reto planteado: articular la diversidad agroecológica en un texto compresible para campesinos, políticos y académicos. Una explicación posible es que la agroecología tiene la característica única en que es transdisciplinar y no hay metodología epistemológica suficientemente desarrollada para alcanzar una definición de trabajo consensuada. La diversidad de pensamiento agroecológico es una ventaja, pero debe llegar a un momento, como toda ciencia, en tener que ofrecer alguna definición consensuada que pueda ser útil para los interesados: gobierno, productores de todo tamaño, académicos, estudiantes y población en general.
Las ponencias del simposio estarán disponibles esta semana en YouTube.
Es Cuanto.










