Agencias
CANCÚN. – Durante años, el norte turístico del estado concentró la mayor parte de los episodios violentos, mientras la zona centro y sur eran consideradas refugio de calma.
Hoy esa percepción cambió. Municipios como Felipe Carrillo Puerto, Bacalar y Othón P. Blanco registran una escalada de incidentes que muestran una expansión territorial del crimen organizado hacia comunidades rurales y carreteras estratégicas.
Comunidades rurales convertidas en escenarios de conflicto
Localidades históricamente tranquilas comenzaron a figurar en reportes policiales por hechos de alto impacto:
En Limones, pobladores quedaron atrapados entre bloqueos carreteros y operativos armados, y aunque hubo detenidos por esos bloqueos, quedó evidenciado el control territorial temporal por grupos delictivos.
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En Chunhuhub, se reportaron enfrentamientos entre civiles armados y fuerzas de seguridad, con cierres de caminos y suspensión de actividades cotidianas.
En el tramo Tepich–San Ramón, un elemento de la Policía Estatal perdió la vida tras un ataque armado, confirmando que las agresiones ya no se limitan a zonas urbanas.
Estos eventos no son aislados: forman parte de una cadena de acciones como narcobloqueos, persecuciones y retenes improvisados en caminos comunitarios, algo que antes solo ocurría en ciudades del norte del estado.

Carreteras estratégicas: el nuevo frente
El patrón geográfico es claro. Los hechos se concentran en corredores que conectan la Riviera Maya con la frontera sur:
Ruta Carrillo Puerto–José María Morelos
Vías hacia Bacalar y la ribera del Río Hondo
Entradas rurales a Chetumal
El objetivo parece ser el control logístico: movilidad de drogas, armas, combustible y migrantes.
Al dominar carreteras secundarias, los grupos evitan retenes federales en autopistas principales.
Cambio en la dinámica criminal
Autoridades y reportes ciudadanos coinciden en tres transformaciones:
1. Expansión territorial: las células ya no operan solo en destinos turísticos; buscan comunidades con menor presencia policial.
2. Violencia visible: bloqueos y enfrentamientos abiertos sustituyen al bajo perfil que caracterizaba a la zona.
3. Disputa operativa: los ataques a policías indican pugnas por control, no solo actividades clandestinas.
La caída del último bastión de tranquilidad
Durante décadas, la Zona Maya funcionó como «colchón» de estabilidad frente a la violencia del corredor Cancún–Playa del Carmen–Tulum. Hoy, la aparición de narcobloqueos, emboscadas y enfrentamientos demuestra que esa barrera desapareció.

Más que un incremento aislado de delitos, lo que se observa es un desplazamiento del mapa criminal: el conflicto se está “ruralizando”.
El sur dejó de ser periferia segura para convertirse en territorio estratégico. Y con ello, la antigua idea de que la violencia “no llegaba” a la Zona Maya ha quedado rebasada por la realidad.
Red Informativa del Sureste










