Redacción
CIUDAD DE MÉXICO.- Aunque el turismo cultural en México alcanzó cifras históricas en 2025, no todas las zonas arqueológicas se beneficiaron por igual. Datos oficiales revelan que Chichén Itzá se consolidó como la joya arqueológica más visitada del país, mientras que Tulum quedó muy por detrás, con una diferencia superior al millón de visitantes, un contraste que no pasa desapercibido.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en 2025 las zonas arqueológicas y museos de México recibieron en conjunto 21.4 millones de visitantes, lo que representó un crecimiento de 9.1% respecto a 2024. Tan solo las zonas arqueológicas registraron 9.9 millones de visitantes, un incremento marginal de 1.4%, reflejo de un interés sostenido, aunque desigual, por estos espacios patrimoniales.
En el ranking de las zonas arqueológicas más visitadas, Chichén Itzá encabezó la lista con 2.2 millones de turistas, seguida por Teotihuacán, que junto con su museo de sitio alcanzó 1.8 millones de visitantes. Muy por debajo se ubicó Tulum, que apenas superó 1.0 millón de visitantes, pese a su fama internacional y su privilegiada ubicación frente al mar Caribe.
La diferencia es contundente: más de un millón de turistas separan a Chichén Itzá de Tulum, una brecha que abre preguntas incómodas. Especialistas y actores del sector turístico no descartan que la mala campaña mediática, los constantes señalamientos sobre cobros, saturación, conflictos sociales y desorden urbano hayan impactado negativamente en la percepción del destino arqueológico de Quintana Roo.
Este contraste se da en un contexto en el que la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, destacó que el patrimonio histórico y arqueológico del país es una palanca clave para el desarrollo regional y la llamada Prosperidad Compartida.
En reunión con la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, ambas coincidieron en la necesidad de fortalecer estrategias que garanticen la conservación del patrimonio y una experiencia turística sostenible.
Mientras tanto, los números dejan claro que no basta con tener un sitio icónico: la narrativa, la gestión y la experiencia del visitante juegan un papel determinante. En el caso de Tulum, el reto parece estar menos en su valor histórico —indiscutible— y más en cómo se ha contado y administrado el destino frente al mundo









