La tensión entre Estados Unidos y Colombia escaló al máximo el 2 de diciembre de 2025, luego de que el presidente Donald Trump sugiriera que los países productores de cocaína están «sujetos a ataques». En Bogotá, el presidente Gustavo Petro respondió de inmediato a Trump, exigiendo respeto a la soberanía nacional y advirtiendo sobre la declaración de guerra que significaría una agresión.
Escalada retórica: ataques terrestres y la defensa de la soberanía
El martes 2 de diciembre de 2025, la presidencia de Donald Trump marcó un nuevo punto de quiebre en las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Colombia. Durante una reunión con su gabinete en la Casa Blanca, Trump anunció a la prensa que Estados Unidos comenzaría pronto a realizar ataques terrestres, aunque sin especificar la ubicación.
El presidente estadounidense señaló que estos ataques podrían ocurrir en otros países además de Venezuela. “Sabemos todo sobre ellos. Sabemos dónde viven. Sabemos dónde viven los malos. Y vamos a empezar a hacerlo muy pronto también”, dijo Trump a los periodistas.
Más tarde, cuando se le pidió que diera más detalles, Trump aclaró que se refería a las naciones que fabrican y venden fentanilo o cocaína. Mencionó explícitamente haber escuchado que Colombia fabrica cocaína y la vende a Estados Unidos.
> “Cualquiera que haga eso y lo venda en nuestro país está sujeto a ataques”, sentenció Trump. “No sólo Venezuela”, afirmó.
Desde Bogotá, el presidente colombiano, Gustavo Petro, rechazó los comentarios de su homólogo estadunidense, exigiendo que no se “amenace” la soberanía de su país. A través de la red social X, Petro reaccionó de manera contundente a la noticia.
> “Venga señor Trump a Colombia, lo invito, para que participe en la destrucción de los nueve laboratorios diarios que hacemos para que no llegue cocaína a Estados Unidos”, escribió Petro.
El mandatario de izquierda elevó el tono de la advertencia, recordando la importancia histórica de la relación: “Atacar nuestra soberanía es declarar guerra, no dañe dos siglos de relaciones diplomáticas”, agregó el presidente colombiano.
El deterioro de dos siglos de relaciones diplomáticas
Las relaciones de Estados Unidos con Colombia, que es señalado como el mayor productor de cocaína del mundo, han desmejorado consistentemente desde el regreso de Donald Trump a la presidencia.
Esta hostilidad reciente se fundamenta en un historial de desencuentros y críticas mutuas que han afectado a ambos líderes.
La ofensiva de Trump y el descrédito a Colombia
Donald Trump ha reprochado a Colombia no mostrar suficientes resultados en la lucha antinarcóticos. Este descontento se ha materializado en severas acciones diplomáticas y personales:
- Descertificación: Trump descertificó a Colombia en materia de lucha antidrogas por primera vez en tres décadas.
- Insultos y sanciones: El presidente estadounidense calificó a Petro como un “capo de la droga”.
- Medidas personales: Además, le retiró la visa y lo sancionó a él y a dos de sus familiares por presuntos vínculos con el narcotráfico, aunque las fuentes no especifican que se hubieran mostrado pruebas.
El presidente Petro defendió firmemente la labor de su nación frente a las acusaciones directas. “Ya me calumnió, no continúe por ahí. Si un país ha ayudado a detener miles de toneladas de cocaína para que no la consuman los norteamericanos, ese es Colombia”, aseguró.
Críticas colombianas a la política exterior de Washington
Por su parte, Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en Colombia, ha mantenido una postura crítica hacia las políticas de la Casa Blanca bajo el mandato de Donald Trump. Entre sus puntos de conflicto se encuentran:
- La política migratoria del presidente Trump.
- Su despliegue militar en aguas del Caribe.
- Los ataques letales a las embarcaciones señaladas de llevar droga, los cuales Petro ha calificado públicamente de “asesinatos”.
La advertencia de Trump sobre ataques terrestres se da en un contexto más amplio de agresiones militares anunciadas, como las inminentes operaciones terrestres en Venezuela y la reanudación de los ataques a las “narcolanchas”, confirmada por Hegseth. No obstante, el senador Schumer ha indicado que el Senado de Estados Unidos frenará cualquier acción militar contra Venezuela, reflejando divisiones en Washington.
El giro en la política exterior de Trump también se refleja en decisiones internacionales polémicas, como el caso de la venta “forzada” de Citgo en Venezuela, que el gobierno de Caracas considera un “vulgar y bárbaro despojo” de su petrolera valorada en 12 mil millones de dólares. Además, el presidente estadounidense ha lanzado fuertes diatribas, arremetiendo contra migrantes somalíes y afirmando que «no contribuyen en nada», en medio de un escándalo en Minnesota por un desfalco de mil millones de dólares, mientras que mantiene reuniones diplomáticas, como el encuentro de casi cinco horas con enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, para discutir ajustes al plan de paz sobre Ucrania con Vladimir Putin.
La confrontación directa entre Gustavo Petro y Donald Trump no solo pone en riesgo dos siglos de relaciones bilaterales, sino que también subraya la peligrosa tendencia de Estados Unidos a usar amenazas militares abiertas como herramienta de política exterior. La pregunta que se cierne sobre Bogotá y Washington es si las tensiones escalarán de la retórica a una acción que podría desestabilizar permanentemente la región, desafiando directamente la soberanía del mayor productor de cocaína del mundo.









