El violento ataque militar ordenado por el presidente estadunidense Donald Trump, que costó al menos 100 vidas, desató una crisis sin precedentes. Solo seis días después de la grave incursión EU Venezuela, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, mueve fichas en el tablero global: estrecha lazos con China y simultáneamente reabre la vía diplomática con Washington para negociar el destino del crudo venezolano.
Apoyo irrestricto de Pekín ante la «agresión criminal»
El 10 de enero de 2026, Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, recibió en su despacho al embajador de la República Popular China en esa nación sudamericana, Lan Hu. La reunión se centró en la delicada situación que atraviesa el país tras la acción militar de Estados Unidos.
Rodríguez utilizó un mensaje publicado en redes sociales para agradecer formalmente el respaldo del gobierno chino, destacando su condena al secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores, así como a las agresiones contra Venezuela.
Rodríguez afirmó que:
- Se valoró la posición «firme y consecuente de China».
- El gobierno chino condenó «enérgicamente la grave violación del derecho internacional y de la soberanía venezolana».
Este espaldarazo diplomático refuerza una relación que se ha vuelto crítica. Desde que Washington impuso un bloqueo a la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), China se ha consolidado como el principal comprador del crudo venezolano.
El eje Caracas-Pekín, motor del petróleo venezolano
Las cifras reportadas en noviembre a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por fuentes secundarias confirman la dependencia de Caracas respecto a Pekín. En dicho mes, Venezuela produjo 921 mil 667 barriles diarios.
Según un reporte de Reuters:
- Aproximadamente el 81 por ciento de esta cantidad (746 mil barriles) fue despachado a China.
- El 14 por ciento restante (128 mil barriles) se dirigió a Estados Unidos, por conducto de Chevron.
Reapertura diplomática de urgencia tras la masacre
Apenas seis días después del ataque militar ordenado por el presidente estadunidense Donald Trump, que resultó en la muerte de al menos 100 personas (entre militares y civiles), se aceleraron los movimientos diplomáticos para el restablecimiento de los canales oficiales.
El viernes al mediodía circuló con fuerza la información sobre la llegada a Caracas de John McNamara, el designado encargado de negocios de Estados Unidos para Venezuela. Su objetivo era hacer las gestiones para la reapertura de la sede diplomática en el país. Paralelamente, una delegación del gobierno bolivariano viajó a Washington para diligencias similares.
Esta información fue confirmada poco después de la una de la tarde, hora local, por el canciller venezolano, Yván Gil, quien publicó un comunicado en redes sociales.
El mensaje de la cancillería y la agenda de negociaciones
La nota de la cancillería venezolana reiteró la denuncia de que la nación fue víctima de “una agresión criminal, ilegítima e ilegal” que condujo al secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. No obstante, el comunicado oficial confirmaba la movilización diplomática:
> «Arriba al país una delegación de funcionarios diplomáticos del departamento de Estado de Estados Unidos que realizará evaluaciones técnicas y logísticas inherentes a la función diplomática. De igual manera, una delegación de diplomáticos venezolanos será enviada a Estados Unidos para cumplir las labores correspondientes».
Según fuentes familiarizadas con el proceso, McNamara y los funcionarios que lo acompañan tendrían la intención de instalarse ese mismo viernes en la sede de la embajada de Estados Unidos en la capital venezolana, ubicada en la urbanización Colinas de Valle Arriba, una zona exclusiva del este de la ciudad.
Petróleo, la clave del acuerdo Trump-Rodríguez
Según una fuente cercana al Ejecutivo, la delegación venezolana que viajó a Washington no solo abordaría temas de reapertura, sino también aspectos económicos cruciales. El objetivo principal sería establecer un acuerdo entre los gobiernos de Trump y Rodríguez, para tratar:
- La reactivación de la producción y comercio de petróleo venezolano.
- La recuperación de la infraestructura de generación y transmisión de energía eléctrica.
Estos intercambios se producen luego de que voceros de la Casa Blanca, incluyendo al propio Donald Trump, aseguraran que Estados Unidos controlaría la venta de petróleo venezolano.
El magnate republicano reforzó su postura el viernes muy temprano en su red social Truth Social, señalando que “Estados Unidos y Venezuela están trabajando conjuntamente, especialmente en la reconstrucción, de una forma mucho mayor, mejor y más moderna de su infraestructura de petróleo y gas”. Agregó en el mismo mensaje que se reuniría durante el día con “las grandes petroleras”, quienes “invertirán al menos 100 mil millones de dólares” en el país sudamericano.
Por su parte, la presidenta encargada venezolana declaró que, si bien los acuerdos comerciales entre ambas naciones no deben ser vistos como algo irregular, el ataque militar y el secuestro del presidente Nicolás Maduro han dejado una “mancha” en la historia de las relaciones bilaterales. Delcy Rodríguez concluyó que enfrentará esta agresión «por la vía diplomática”, pues es el “camino legítimo para la defensa de la soberanía, el restablecimiento del derecho internacional y la preservación de la paz”.
La diplomacia, en la política exterior, suele ser un cálculo frío donde la ideología se somete a la necesidad económica. La rapidez con la que Caracas y Washington buscan reabrir canales, a pesar de los recientes 100 muertos, subraya que, más allá de la condena de China y la violación a la soberanía, el petróleo venezolano sigue siendo la única verdad absoluta sobre la mesa de negociación.









