#TodosSomosXCaret?: La imposible consigna de defender lo indefendible

Por Gilberto Avilez Tax

Mundo al revés, o de confundir adrede la gimnasia con la magnesia. Ahora resulta que Xcaret es la víctima y los dignatarios mayas, unos abusivos, unos victimarios, los malos de la película y los que van a sepultar el turismo en Quintana Roo.

Y es que, con sumo desparpajo y con demasiada ignorancia de la cuestión indígena, por las redes sociales de Cancún y de casi toda la zona norte, en donde existe una mayor concentración de quintanarroenses de primera generación –venidos cuando el proyecto Cancún despegaba- que consideran que el sentido más profundo del estado se encuentra en todo el espectro turístico y sus bondades económicas; han puesto el grito en el cielo contra la resolución reciente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el 26 de marzo de este año revocó la suspensión definitiva que permitía a Grupo Xcaret seguir utilizando elementos del patrimonio cultural maya en su publicidad turística, considerando que la protección de estos bienes es de interés público y social.

Ahora, para estas personas que consideran que las cosas del turismo están por encima de los derechos de los pueblos, en su afán conservador que ronda hasta el racismo más rastrero, y soliviantados la mayoría por sus fijezas obtusas en contra de lo que la 4T representa, en contra de lo que el amloísmo representa, están dedicados a confundir la gimnasia con la magnesia en el caso Xcaret Vs. Pueblo maya.

Aquí, en esta columna, no consideramos ni héroe y villano al Grupo Xcaret; pero fieles a las enseñanzas de la ciencia histórica, jamás podríamos afirmar, con candor que sonroja, que este consorcio capitalista lleva por el mundo a la cultura maya para darla a conocer. Han llegado hasta el punto de decir que, con el fallo de la SCJN, no se hace justicia a un pueblo, sino que se silencia su cultura misma, confundiendo nuevamente al parque con la cultura maya misma. ¿Acaso Quintana Pali es el Kukulcán verdadero, el último Chilam blanco escribiendo desde las estelas del parque la verdadera historia de la cultura maya?

Ahora, siguiendo esa lógica absurda, es posible obviar los tratados certeros de mayistas sobre el pueblo maya –desde un Piña Chan, un Alberto Ruz Lhuillier, un Knorosov, entre otros-, o las enseñanzas que los mayas mismos de las comunidades, con su rico reservorio en temas gastronómicos, de oralituras, de sabidurías desde el pueblo, tienen para el mundo. O ya de plano, es preferible los sonidos estridentes del parque con sus caracoles sonoros, en vez de sentarnos a leer la más reciente literatura indígena maya que se escribe con fruición en la Península. Esto es como quedarnos con la imagen del maya como si se tratara del gato Cucho comiendo papadzules, es no entender que en el tema de los mayas V.S Xcaret se cuestiona, por un lado, la caricaturización emplumada que el Parque ha hecho de la cultura maya del pasado, y por el otro, el desprecio o ninguneo a la actual cultura maya, heredera de esas luchas inmemoriales que van más allá de la Guerra de Castas.

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¿Cómo podrá pagar Xcaret la riqueza acumulada durante estos 30 años de hacer de la palabra maya un sin sentido histórico, una invención de rituales vendibles y ofertables para el turista blanco, ansioso de “Xperiencias” místicas? La nación maya es inabarcable y diversa, tiene un trecho civilizatorio que traspasa 3 mil años de existencia, más que los 500 burdos años de la civilización occidental extractivista que representa Xcaret y sus adláteres, y también sus esbirros de la pluma, sus paniaguados y cacatúas defensoras del parque con tal de ir en contra de sus fijezas baratas anti-cuatroteístas. Es impagable esa deuda, cualquier convenio o acuerdo que se ponga en orden de pesos o dólares debe entender eso: no puedes tasar lo inconmensurable. Y si no se puede pagar, mucho menos se debe lucrar con la cultura maya, ni un centímetro siquiera de su rica historia, esa historia maya que año con año, los mejores cerebros del mundo tratan de entender, tratan de comprender el asombro cultural que dejaron y dejan los mayas, irradiando su grandeza afuera de ese obtuso parque recreativo.

Xcaret no representa, por supuesto, a ninguna cultura más que a la cultura de la Xcaretización; y en esa cultura, ni los mayas, ni ningún pueblo indígena de México, ni la mexicanidad o la peninsularidad, se encuentra presente. Es una cultura de probeta, de artificio y sin raíz la cultura de la Xcaretización.

El falso debate que representa el hashtag #todosSomosXcaret se cae en su boberío desde el primer momento que hablan de representatividades xcaretizadoras en el ambiente del turismo extractivista en Quintana Roo. Se cae en la nadería cuando entendemos que los mayas, ni hace 500 años, ni hace 200, y menos ahora, necesitan de alguien para hablar en igualdad de condiciones con el resto del mundo. Y menos a través de un parque cuyo objetivo es la ganancia capitalista, no los intereses sociales de una cultura en resistencia.

El hashtag es logrero, el hashtag al que hemos hecho referencia, se ha construido desde su blanquitud operativa, desde los rastrojos de la blanquitud racista defendiendo y enorgulleciéndose del expolio y del extractivismo cultural que ha tenido lugar en los más de 30 años de historia capitalista del parque: no, no todos somos Xcaret, eso es una charada construida desde el confort que desconoce el hecho fundante de Quintana Roo: ¡Todos somos el pueblo maya!

A los del Hashtag racista, les sugiero mejor que lean la historia del pueblo maya (ahí sí les puedo recomendar una bibliografía selecta, que a eso me dedico), que salgan de Cancún, entre a la zona maya, vayan a Yucatán. Las comunidades y pueblos mayas no necesitan de ese parque para vivir, para actuar, para ser y para construir su presente y su futuro, para contar su pasado. Los mayas mismos no necesitan de ningún parque para hablar con el mundo.

El anti-Amloismo que impera detrás de ese hashtag racista, con tal de llevar agua para su molino polarizado, entra a hociquear una lucha digna de encomio de un grupo de personas, jefes mayas, gente humilde de comunidades, milperos casi todos, pero que guardan una escuela de resistencia, de defender, contra viento y marea, sus destinos.

Estos hombres y mujeres del hashtag racista, confunden adrede la gimnasia con la magnesia como hemos dicho, e intentan convertir a Quintana Pali en una especie de Ricardo Salinas Pliego del trópico. Su espíritu sectario, de fachos consternados y con hipo, les impide entender que no se puede, no es ético, no tiene ninguna traza de razón confundir el tema de la digna lucha de los mayas de Quintana Roo, con los despropósitos de la 4T en el estado. El tema, señores y señoras epígonos del hashtag racista, es simple: Xcaret ha caricaturizado la historia de los mayas, lo ha hecho al estilo Disney, con Micky Cocom y Donald Xiu trepados en la Travesía Maya, con un juego de pelota y un plumerío danzarín. Y esa caricaturización es a la que han objetado los mayas de los centros ceremoniales de Quintana Roo. Es así de simple, ¿acaso no lo pueden entender?

Entender que Xcaret ha caricaturizado a la cultura maya para acumular el capital, y entender que los mayas están en todo su derecho para buscar su desagravio. Entender también que la cultura maya es impagable, y como tal, tampoco vale lucrar con algo que no puedes pagar. Y, por último –y esto no creo que entiendan-, entender que el odio vacuno, primario y silvestre que guardan contra los estropicios de la 4T, no les exime de tener un gramo de lucidez, que consiste en no seguir confundiendo la gimnasia con la magnesia, o para que me entiendan, el culo con las témporas.

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