Un trágico tiroteo sacudió a Minneapolis, Minnesota, dejando dos niños muertos y diecisiete personas heridas en una escuela católica. El incidente, investigado como un acto de terrorismo interno y un crimen de odio, ha desatado un debate nacional sobre la violencia y la identidad en Estados Unidos.
El ataque que conmocionó a Minneapolis
El miércoles, poco antes de las 08:00 hora local (13:00 GMT), la Iglesia de la escuela católica Anunciación fue escenario de un ataque violento mientras los niños celebraban una misa. Las autoridades estadounidenses confirmaron la muerte de dos menores y diecisiete heridos. La atacante, que murió en el lugar por una herida de bala autoinfligida, disparó decenas de tiros a través de las ventanas con tres armas de fuego: un rifle, una escopeta y una pistola. La policía también encontró una bomba de humo en la escena.
Víctimas y heridos: una tragedia sin sentido
Dos niños, de ocho y diez años, fallecieron. De las diecisiete personas heridas, catorce eran menores de edad. Los tres adultos lesionados eran feligreses de entre 80 y 89 años, según precisó Brian O’Hara, jefe de policía de Minneapolis. Thomas Wyatt, presidente de medicina de emergencia en el Centro Médico del Condado de Hennepin, señaló que siete niños, con edades entre 6 y 14 años, fueron trasladados a su hospital en estado crítico, y cuatro de ellos requirieron cirugía. Los pacientes con lesiones no críticas fueron derivados a otros centros. Las autoridades esperan que todas las víctimas heridas sobrevivan.
O’Hara expresó el profundo dolor del departamento de policía por las familias que perdieron a sus hijos, por las jóvenes vidas que luchan por recuperarse y por toda la comunidad «profundamente traumatizada por este ataque sin sentido». Un niño de diez años que sobrevivió al ataque relató a la cadena local WCCO cómo un amigo, Víctor, lo salvó al acostarse sobre él y recibir el impacto. «A mi amigo le dieron en la espalda y lo llevaron al hospital… Tenía mucho miedo por él, pero creo que ahora está bien», afirmó el menor.
La atacante Robin Westman: Identidad y motivos en la mira
La atacante ha sido identificada como Robin Westman, de 23 años, proveniente de un suburbio de Minneapolis. Vestida completamente de negro, se acercó a un lado de la iglesia y abrió fuego. Las autoridades investigan si los disparos se realizaron desde el exterior, ya que no se encontraron casquillos de bala en el interior. Actualmente, sus motivaciones son desconocidas. El jefe de policía O’Hara precisó que Westman no tenía «importantes antecedentes penales conocidos» y actuó sola.
La investigación del FBI y el debate sobre la identidad
El director del FBI, Kash Patel, afirmó en una publicación en X que la agencia está investigando el tiroteo como un «acto de terrorismo interno y un crimen de odio contra los católicos». En este contexto, la identidad de la atacante ha generado una polarización significativa. Westman cambió legalmente su nombre de Robert a Robin en 2020, según consta en los registros judiciales de Minnesota. La solicitud judicial indica que «la menor se identifica como mujer y desea que su nombre refleje su identificación».
Durante una conferencia de prensa, el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, rechazó el odio dirigido hacia la comunidad transgénero a raíz del ataque. Sin embargo, en sus propias actualizaciones, la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, afirmó que Westman era un «hombre que decía ser transgénero», y el director del FBI, Kash Patel, también se refirió a Westman como «un hombre» en su publicación de X.
El «manifiesto» y la relación con la escuela
La policía encontró un «manifiesto» que la sospechosa programó para que se publicara en YouTube durante el tiroteo. El FBI colaboró con las autoridades y lo retiró de la plataforma. Se ha revelado que la madre de la atacante, Mary Grace Westman, solía trabajar en la escuela, según un boletín escolar de 2016, y se retiró del cargo en 2021, de acuerdo con una publicación en Facebook.
Reacciones políticas y religiosas: Entre el dolor y la condena
La noticia del ataque generó una conmoción y enojo palpables en la comunidad, especialmente por haber ocurrido al inicio de una misa que inauguraba el nuevo período escolar. Un flujo constante de personas llegó al lugar el miércoles por la noche, muchas portando flores.
El pesar del papa y líderes locales
El Papa León XIV, el primer Papa estadounidense, expresó su «profundo pesar» por el ataque y rindió homenaje a las jóvenes víctimas. El alcalde Jacob Frey señaló que las víctimas eran «familias de Minneapolis» y «familias estadounidenses», y que el dolor que sufrían era inmenso. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, transmitió las «profundas condolencias» del presidente Donald Trump y su equipo, quienes ofrecieron ayuda. Trump declaró más tarde que la bandera estadounidense ondearía a media asta en la Casa Blanca en señal de respeto a las víctimas.
El llamado a la acción y la polarización
En una clara referencia a las respuestas políticas a los tiroteos masivos, el alcalde Frey, quien es demócrata, enfatizó: «No digan que ahora mismo se trata solo de ‘pensamientos y oraciones’. Estos chicos estaban literalmente rezando». El gobernador Walz añadió que la situación era «demasiado común, no solo en Minnesota, sino en todo el país», y expresó su esperanza de que ninguna comunidad o escuela tuviera que pasar por un día así. Este incidente subraya la recurrente y dolorosa conversación sobre la violencia armada y sus complejas raíces en la sociedad estadounidense.
La escuela anunciación: Centro de un ataque impensable
La escuela católica Anunciación, ubicada en una zona residencial del sur de Minneapolis, imparte clases a estudiantes desde preescolar hasta octavo grado (14 años de edad), con un enfoque de enseñanza basado en la fe. Su sitio web indica que la religión los «obliga» a interactuar con su comunidad local y que cuenta con una escuela hermana en Haití.
El director del centro educativo, Matt DeBoer, en una conferencia de prensa el miércoles, expresó su dolor: «Los amo, lamento mucho que esto haya sucedido hoy». Agradeció los pensamientos y oraciones de los simpatizantes e instó a la gente a «orar con nuestros pies» (mostrar la fe con acciones) para tomar medidas contra futuros tiroteos, transformando el dolor en un llamado a la acción.