Quintana Roo cierra 2025 con un proceso de sucesión que se sigue cocinando dentro de Morena.
Ni remotamente estaríamos hablando de un proceso electoral normal, donde por un lado hay un partido en el gobierno que no quiere ser oposición y, por el otro, una oposición que quiere ser gobierno.
Eso no existe.
Lo que hay es una especie de contienda al interior de Morena, pero que no se sabe bien a bien qué tipo de competencia es.
Lo que más o menos empieza a dibujarse es que hay dos bandos:
uno que representa a la actual alianza gobernante entre Morena y el Verde, y que perfila a Eugenio “Gino” Segura; y otro que reúne a los morenistas puros u originales, en torno a Rafael Marín, uno de los fundadores.
Pero también está la posibilidad de que quede una mujer, y para ello están jugando su propio juego las alcaldesas de Cancún, Ana Patricia Peralta, y de Playa del Carmen, Estefanía Mercado, hoy en Morena, pero que proceden del Verde.
Como se sabe, por la regla de paridad de género, no compiten hombres contra mujeres, sino hombres contra hombres y mujeres contra mujeres.
Pero, en realidad, la interna de Morena no tiene reglas claras.
Siempre se ha dicho que las encuestas deciden, pero para más de uno son más mito que realidad.
No obstante, vemos a aspirantes —no solo a la gubernatura, sino a diversos cargos— que están como enajenados buscando ser populares. En estas fechas, tratan de hacerse conocidos con posadas.
Pero nadie sabe.
Otros dicen que lo que cuenta es algo que se llama valoración política, y que en el PRI se llamaba dedazo.
Lo que es prácticamente indiscutible es que la sucesión en Quintana Roo es una cosa exclusivamente de la alianza Morena-Verde, y en ella el resto son algo así como espectadores.
Es lo que hay hoy, al acabarse 2025.









