
Stellantis paraliza su planta en Toluca: impacto inmediato de los nuevos aranceles de EE.UU.
La decisión de pausar la producción en la planta de Stellantis en Toluca es la primera señal clara de los efectos económicos que tendrán los aranceles impuestos por EE.UU. sobre el comercio automotriz.
México, como es habitual, queda en medio de una disputa comercial que no provocó, pero que golpea de lleno a sus trabajadores y a su industria.
Un golpe directo a la industria automotriz mexicana
La compañía automotriz Stellantis anunció la suspensión temporal de actividades en su planta de Toluca, Estado de México, como consecuencia directa del nuevo arancel del 25% impuesto por el gobierno de Estados Unidos a las importaciones de automóviles.
La medida forma parte de una ola de decisiones que también incluye la pausa en la planta de Windsor, en Canadá, y el despido temporal de 900 empleados en instalaciones estadounidenses.
¿Qué se produce en Toluca?
En la planta de Toluca se ensamblan modelos clave como el Jeep Compass y el futuro Jeep Wagoneer S, un SUV eléctrico que forma parte de la apuesta global por la electrificación. Su paralización durante todo abril representa no solo una afectación logística para la empresa, sino una alerta para el ecosistema automotriz nacional.
Aranceles del 25%: una sacudida inesperada
El nuevo arancel, que entró en vigor el mismo día del anuncio, supone un aumento drástico desde el 2.5% que regía hasta ahora. Aunque existe la posibilidad de deducir el valor de piezas estadounidenses, el impacto inmediato ya se siente con fuerza.
Reacción empresarial y sindical
Antonio Filosa, director de operaciones para América de Stellantis, informó que la empresa aún evalúa el efecto de estos aranceles en sus operaciones. Sin embargo, ya se han tomado medidas inmediatas como la interrupción en plantas clave.
Desde el sindicato United Auto Workers, su presidente Shawn Fain calificó los despidos como una “decisión innecesaria” y acusó a la empresa de “jugar con la vida de los trabajadores”.
Repercusiones para México: más allá de una planta
El paro en Toluca es más que una medida táctica. Representa una señal de vulnerabilidad para una industria que depende en gran parte de la estabilidad del comercio con Estados Unidos.
México y su dependencia comercial
Más del 80% de los vehículos producidos en México se exportan a EE.UU. La industria automotriz es el principal generador de divisas del país, por encima del petróleo y el turismo. Un movimiento arancelario de este calibre podría alterar el equilibrio en una cadena de valor altamente integrada.
¿Un efecto dominó?
El cierre temporal también genera incertidumbre en otras armadoras con operaciones en México, así como en decenas de proveedores locales que alimentan el ensamblaje de partes. Empresas medianas, principalmente del Bajío y del centro del país, podrían comenzar a resentir la reducción en pedidos en las próximas semanas.
Contexto político: ¿una guerra comercial disfrazada?
Aunque el anuncio fue hecho por la administración de Donald Trump, su implementación inmediata sugiere una continuidad del enfoque proteccionista incluso bajo otros gobiernos. México, a pesar de estar dentro del T-MEC, enfrenta así el regreso de barreras comerciales unilaterales.
¿Y la respuesta del gobierno mexicano?
Hasta el momento, no se ha emitido una declaración oficial desde la Secretaría de Economía ni desde el Ejecutivo federal. La ausencia de un posicionamiento abre la puerta a especulaciones sobre la capacidad de México para proteger sus intereses industriales en el marco del T-MEC.
Una alerta que no debe ignorarse
El paro en Toluca no es solo una pausa técnica: es una advertencia real para México. Si no se redefine una estrategia de defensa comercial efectiva, el país podría pagar un alto precio por decisiones tomadas en otro lado de la frontera. La industria automotriz mexicana necesita certidumbre, no más incertidumbre política y económica.