Sismo de 1985: La lucha que democratizó la propiedad en la colonia Guerrero

El sismo de 1985 en la colonia Guerrero fue un punto de inflexión. Descubre cómo la Unión de Vecinos convirtió la tragedia en la democratización de la vivienda, enfrentando al autoritarismo.
Sismo de 1985: La lucha que democratizó la propiedad en la colonia Guerrero

Hace cuarenta años, el devastador sismo de 1985 no solo sacudió la capital, sino que catalizó un movimiento inquilinario transformador en la colonia Guerrero. Este evento, lejos de ser solo una tragedia, redefinió el derecho a la vivienda y democratizó la propiedad en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad, impulsado por la Unión de Vecinos.

El epicentro de la tragedia: Una oportunidad de cambio en la colonia guerrero

En la mañana del 19 de septiembre de 1985, tras la fuerte sacudida del sismo, Armando Palomo, integrante de la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero (UVCG), fue alertado por compañeros con un apremiante: “¡Vente, porque la cosa está del diablo!”. Palomo, quien ha formado parte del colectivo desde aquel día, se dirigió apresuradamente al local de la Unión, ubicado en Sol 168, para organizar la respuesta a una emergencia que pronto se reveló mayúscula.

Comenzó una mañana frenética para identificar la devastación en la colonia. El sismo agudizó el deterioro de vecindades ancestrales, muchas de ellas de un solo piso, que ya arrastraban daños acumulados. Aunque afortunadamente el saldo mortal en la Guerrero no fue crítico, con solo tres decesos, los daños materiales fueron acentuados en esta colonia, fundada en el último tercio del siglo XIX y parte del perímetro B del Centro Histórico.

De inquilinos a propietarios: La democratización de la propiedad

Para la UVCG, el sismo de 1985 no solo fue una tragedia, sino una nueva etapa en la lucha popular. “Lo que produjo el sismo, como resultado último, fue la oportunidad de la democratización de la propiedad”, afirma Palomo. Este cambio no se limitó a la Guerrero, sino que se extendió a todas las colonias devastadas. En muchas vecindades incorporadas a los programas de reconstrucción, la dinámica cambió radicalmente: donde había diez inquilinos, ahora habría diez propietarios. La colonia, caracterizada en los años 80 por vivienda en renta con cuartos deteriorados, vio reivindicado el derecho a la vivienda.

Palomo enfatiza que este logro no fue producto de la generosidad de un gobierno rebasado que mantenía un signo autoritario, sino de la organización popular. «Nos colocamos bien en la tragedia, fuimos solidarios con otras organizaciones, y el resultado fue que tuvimos acceso a una buena cantidad de predios para que la Unión tuviera su vivienda”.

La génesis de la lucha inquilinaria: «soy de la guerrero y aquí me quedo»

La historia de la UVCG, que en 2026 cumplirá 50 años de formación y es una de las más antiguas del Movimiento Urbano Popular, se remonta a 1976. Su objetivo central era la defensa de los inquilinos ante los constantes desalojos y los abusivos incrementos de rentas. La colonia, desde su origen en el siglo XIX, arrastraba una historia de distorsiones en las propiedades, con dueños que, se descubriría después, eran muchas organizaciones de beneficencia, en una simulación de la Iglesia ante la desamortización de bienes.

Rentas congeladas y vecindades en ruinas

La crisis de las rentas ha sido recurrente en México. Durante décadas, un decreto de congelamiento de rentas (para contratos anteriores a 1942) propició un acelerado deterioro de las vecindades. Los propietarios se desentendieron del mantenimiento, argumentando la escasa rentabilidad de inmuebles con rentas de apenas cuatro o diez pesos. Este proceso llevó a que muchas vecindades quedaran en ruinas.

Nace la unión de vecinos: Un lema de resistencia

Para la década de los 70, la situación inquilinaria entró en una crisis aguda ante los constantes desalojos. Fue entonces que surgió la UVCG como una organización popular para resistir a la fuerza pública. Desarrollaron estrategias legales para detener los desalojos y, cuando era necesario, enfrentar a los llamados «ganaderos». En este contexto de resistencia, emergió el lema de su lucha: “Soy de la Guerrero y aquí me quedo”. En 1985, la Unión, con una década de experiencia en la lucha popular, estaba mejor preparada para afrontar las secuelas del sismo.

Desde el primer día tras el sismo, la Unión se abocó a «mapear» la zona e identificar los daños más devastadores, incluso ante la sorpresa del segundo sismo el viernes 20 de septiembre, que agudizó el deterioro de las vecindades. En esos días de miedo generalizado, la organización, desde su local en Sol 168, no solo organizó brigadas, sino que realizó un recuento de daños, un listado de necesidades y formó un caudal de demandas con una exigencia central: el acceso a la vivienda.

La reconstrucción: Un desafío al autoritarismo gubernamental

Frente a una emergencia que rápidamente rebasó a la autoridad, sin un plan de protección civil ni capacidad de respuesta, la reconstrucción se convirtió en una creciente lucha popular. El gobierno, bajo la administración de Miguel de la Madrid, planteó opciones de vivienda en los suburbios de la ciudad, lo que representaba la expulsión de la gente de las colonias afectadas con un proyecto de descentralización.

Resistencia a la descentralización forzada

En este contexto, el grito de la Unión, “Soy de la Guerrero y aquí me quedo”, resurgió con mayor fuerza. Comenzó la etapa de movilizaciones, la solidaridad entre residentes de diversas organizaciones afectadas y el surgimiento de la Coordinadora Única de Damnificados. La propuesta oficial fue percibida como un intento de «darnos atole con el dedo», descalificando la representatividad de las organizaciones sociales y buscando desalojar a la población para descongestionar la Ciudad de México. La respuesta fue categórica: “No, ni maíz. Soy de la Guerrero y aquí me quedo y hasta la fecha. Somos de la Guerrero y aquí nos quedamos”.

Logros de la organización popular: 600 viviendas reconstruidas

La UVCG reivindica como un logro clave de su capacidad de organización que el primer proyecto de reconstrucción de viviendas en zonas afectadas se ejecutó en un predio de la colonia Guerrero, en Lerdo 132, realizado por Renovación Habitacional Popular. Este fue el primero de diversos proyectos en la colonia que, en conjunto, resultaron en la reconstrucción de 600 casas, incluyendo una unidad habitacional con 150 departamentos en lo que fue el Cine Apolo. Estas acciones no solo proveyeron vivienda, sino que también favorecieron una respuesta al «desdoblamiento de las familias» y al hacinamiento en las zonas populares. A cuarenta años del sismo, los predios reconstruidos han resistido sin problemas los sismos posteriores. “Lo hicimos junto con la Coordinadora Única de Damnificados en la ciudad, todas las organizaciones salieron muy bien libradas con la reconstrucción”, concluye Palomo.

El sismo de 1985 demostró que la tragedia puede ser un catalizador para la organización ciudadana y la reivindicación de derechos fundamentales. La historia de la Unión de Vecinos de la Colonia Guerrero es un testimonio poderoso de cómo la comunidad, frente a un gobierno autoritario y rebasado, no solo reconstruyó sus hogares, sino que transformó el acceso a la propiedad, dejando una huella indeleble en la política urbana de la Ciudad de México. ¿Qué lecciones de aquella gesta popular resuenan hoy en los desafíos de vivienda que enfrenta la capital?

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