Si bien se ha insistido en su escasa importancia electoral, debido a que representa apenas entre el 1.3% y el 1.5% del listado nominal nacional, Quintana Roo ocupa hoy un lugar protagónico en la conversación política nacional rumbo a las elecciones de 2027.
Se han conjugado diversos ingredientes que han colocado al estado como referencia inevitable de lo que ocurre en la reconfiguración electoral nacional. Y el nombre de Quintana Roo aparece precisamente en la intersección entre la reforma electoral y la polarización anticipada de la sucesión estatal.
De un lado, el senador Eugenio “Gino” Segura, identificado con la continuidad del bloque Morena-PVEM; del otro, Rafael Marín Mollinedo, quien representa a los llamados sectores “duros” del Partido guinda, corriente que también comienza a ganar presencia en el debate nacional.
Hoy, Quintana Roo, Jorge Emilio González “El Niño Verde”, Gino Segura y Rafael Marín aparecen de forma recurrente en tertulias, análisis y columnas de los llamados medios nacionales.
Se ha instalado incluso la tesis de que la reforma electoral podría derivar en una implosión dentro de la 4T, o al menos en un distanciamiento entre Morena, el PVEM y el PT.
Aunque la alianza entre guindas y verdes existe a nivel nacional desde la elección presidencial de 2018, en Quintana Roo el entendimiento político comenzó antes y terminó por consolidarse como coalición gobernante.
Por ello, cada movimiento relacionado con la sucesión estatal ha dejado de ser un asunto doméstico. Lo que ocurre en Quintana Roo empieza a leerse como parte de las tensiones nacionales entre Morena y el Partido Verde.
La sucesión, simplemente, ya salió del estado.










