En la “22 de Enero” están muy contentos con Jorge Romero y Jorge Álvarez Máynez.
Y es que los dirigentes nacionales del PAN y Movimiento Ciudadano confirmaron esta semana que cada quien va por su lado en las elecciones de 2027, incluidos los procesos estatales.
Según diversas encuestas, el PAN y MC rondan, cada uno por separado, el 12 por ciento de las preferencias en Quintana Roo; en unas, los azules arriba, y en otras, los naranjas.
Es decir, que solos, MC y PAN, cada cual por su lado, quedan muy lejos de Morena, que, dicho sea de paso, ya no es la temible aplanadora.
Si bien se ve muy difícil que la oposición tenga la posibilidad de competir por la gubernatura al tú por tú con Morena —con o sin aliados—, sí tiene posibilidades de arrebatarle hasta tres municipios -empezando por Chetumal, la capital, a la fuerza verdi-guinda y hasta dejar sin mayoría calificada a la 4T en la próxima legislatura local.
Lo curioso —y esto sí es más curioso que ser senador de un estado y buscar la gubernatura de otro— es que Romero y Máynez señalaron que el Plan B es centralista, pues se determina desde Ciudad de México la situación de los congresos estatales y cabildos.
Pero una cosa es el discurso contra la centralización, y otra muy distinta es la realidad de los partidos. Las decisiones se confeccionan unitalla y se aplican en los estados tal cual y sin establecer siquiera matices.
Cada estado es diferente, pero Romero y Máynez están en su propia dimensión cuadrada en el Altiplano. Para que la oposición pueda darle pelea a Morena en Quintana Roo, requiere sumar y aliarse.
Pero los jorges, al menos en el caso de Quintana Roo, están jugando para Morena.









