Robert Duvall, el aclamado actor estadounidense cuya carrera abarcó siete décadas y que dejó una marca indeleble en filmes como El Padrino y Apocalypse Now, falleció a la edad de 95 años. Su deceso ocurrió el 16 de febrero de 2026, de forma pacífica, en su rancho ubicado en Virginia. La noticia fue oficialmente confirmada por su publicista, Alan J. Dixon.
Aunque un miembro de la familia describió su muerte como súbita, contrastando con la apacibilidad reportada, la investigación de la BBC reveló un matiz importante: Duvall había lidiado con una enfermedad respiratoria crónica durante los últimos tres años. Este dato, que el actor mantuvo en privado, revela la lucha silenciosa de un intérprete que Francis Ford Coppola describió en un comunicado como «uno de los últimos grandes artesanos de Hollywood».
El legado dual de un gigante de la interpretación
El impacto de Robert Duvall en la cultura popular puede medirse por el contraste entre su papel más citado y el que él mismo consideraba el más personal. Si bien la figura de Tom Hagen en la saga de Coppola es, quizás, el trabajo por el que más se le recuerda globalmente, el propio actor siempre sostuvo que su actuación como Gus McCrae en la miniserie Lonesome Dove (1989) era la más cercana a su corazón.
Duvall consolidó su autoridad dramática al ganar el Premio Óscar al Mejor Actor por su interpretación en Tender Mercies en 1983. Su filmografía, plagada de personajes complejos y a menudo moralmente ambiguos, lo estableció como una referencia en la escuela del método.
La técnica del actor de método y su debut icónico
Nacido en San Diego en 1931, Duvall trazó un camino riguroso hacia la actuación. A principios de los años 50 comenzó su formación teatral en el Neighborhood Playhouse, donde coincidió con futuros pesos pesados de la industria, incluidos Dustin Hoffman y Gene Hackman. Este aprendizaje en la disciplina del actor de método fue la base de su inusual habilidad para dotar de humanidad a sus personajes.
Esta destreza fue reconocida tempranamente por la crítica. Margaret Atwood, en un ensayo de 2018 sobre su técnica, señaló que la habilidad distintiva de Duvall radicaba en lograr que la villanía o, por el contrario, la decencia inherente de un personaje, parecieran completamente cotidianas.
Su debut en el cine en 1962 fue memorable: Duvall interpretó a Boo Radley en la aclamada To Kill a Mockingbird, un papel que requirió un silencio elocuente y una presencia imponente, marcando el inicio de una carrera definida por la profundidad.
Homenajes y la despedida de la industria
Ante la noticia de su fallecimiento, el Museo de Historia del Cine de Nueva York anunció inmediatamente una retrospectiva especial en honor a Robert Duvall. Este ciclo de proyecciones, diseñado para celebrar la amplitud de su trabajo, comenzará la semana del 23 de febrero.
La confirmación de su deceso a los 95 años cierra un capítulo esencial en la historia del cine norteamericano. La complejidad en torno a su muerte—el anuncio de que fue súbita, pese a la revelación posterior de que padecía una enfermedad respiratoria crónica—solo subraya la naturaleza reservada con la que el actor vivió sus últimos años, buscando siempre la tranquilidad en su rancho de Virginia. Duvall se retira dejando un vacío que será difícil de llenar para las futuras generaciones de actores.










