Cancún, un sitio emblemático del capitalismo global, tiene un lado comunista.
Es más: tiene una estructura comunista.
Anoche, durante la conmemoración del 40 aniversario del libro “Cancún, fantasía de banqueros” de Fernando Martí, el exgobernador Pedro Joaquín Coldwell reveló —entre anécdota y memoria histórica— la parte comunista de Cancún.
Y así lo contó:
“Cuando yo fui gobernador, los primeros meses me tocó el boom del sexenio de López Portillo.
No conseguíamos cemento ni tubería para agua potable. Las cementeras decían: ‘Te surto en 10 o 12 meses’.

México crecía a una velocidad inusitada y había cuellos de botella en la industria de la construcción.
Entonces descubrí que Cuba tenía cemento soviético, que la Unión Soviética le mandaba a cambio de azúcar, petróleo y otros insumos.
Le cambiaban la bolsita y le ponían ‘hecho en Cuba’.
Muy barato. Así compramos el cemento, la tubería y varios otros materiales de la construcción en Cuba. Eso me permitió conocer a muchos personajes de la Revolución (Cubana)….”
Un pasaje poco conocido que coloca a Cancún, literalmente, sobre una base de cemento soviético reetiquetado en Cuba.









