Refrescos y bebidas azucaradas: El vínculo alarmante con diabetes y depresión en México

El gobierno mexicano advierte sobre la crisis de salud por el consumo de refrescos, vinculándolos a diabetes, padecimientos cardiovasculares, ansiedad y depresión.
Refrescos y bebidas azucaradas: El vínculo alarmante con diabetes y depresión en México

El consumo de refrescos y otras bebidas azucaradas representa una crisis de salud pública en México, impactando directamente en las enfermedades de mayor mortalidad. El gobierno federal ha reiterado la urgencia de evitar estas bebidas, destacando su conexión no solo con padecimientos físicos sino también con la salud mental, evidenciando un profundo problema social y sanitario que demanda atención inmediata.

La alarmante conexión: Diabetes, padecimientos cardiovasculares y salud mental

El consumo generalizado de refrescos y bebidas azucaradas se ha identificado como un factor crítico en el desarrollo de diabetes mellitus y enfermedades cardiovasculares, las cuales figuran como las principales causas de mortalidad en el país. Este señalamiento, realizado por el gobierno federal, subraya la severidad del desafío sanitario.

Estadísticas crudas: Un panorama de mortalidad

En el año 2021, se documentaron 118 mil muertes directamente vinculadas al sobrepeso, una cifra que constituyó el 10.6 por ciento del total de fallecimientos registrados en México durante ese periodo. Este dato refuerza la necesidad imperante de abordar las causas subyacentes de las enfermedades relacionadas con la dieta.

El impacto en la salud mental: Ansiedad y depresión

Más allá de los padecimientos físicos, el secretario de Salud, David Kershenobich, detalló una conexión directa entre el consumo de bebidas azucaradas y el estado de ánimo. Explicó que los picos y caídas de glucosa inducidos por estas bebidas generan, en un primer momento, una rápida subida de energía y ánimo momentáneo. Sin embargo, esta fase es seguida por una caída posterior que se manifiesta en fatiga, irritabilidad y un antojo persistente de otro tipo de alimentos. Un estudio revela que las personas que consumen más de cuatro bebidas azucaradas por día tienen entre un 30 y un 40 por ciento más riesgo de presentar cuadros de ansiedad y depresión.

La perspectiva oficial: El llamado urgente del gobierno

Desde Palacio Nacional, durante la conferencia del pueblo celebrada el 2 de septiembre de 2025, el gobierno federal ha insistido en la imperiosa necesidad de moderar y, en lo posible, eliminar el consumo de estas bebidas. Las más altas esferas del poder público han puesto el foco en esta problemática de salud.

La presidenta Sheinbaum y la crisis de hemodiálisis

La presidenta Claudia Sheinbaum ha resaltado la creciente demanda de salas de hemodiálisis en el país, vinculando explícitamente esta necesidad con el consumo de refrescos. Al indagar entre los médicos sobre el motivo detrás del fallo renal masivo, la respuesta fue contundente: «No, son esencialmente los refrescos». La presidenta reflexionó sobre la magnitud del problema: «Uno sabía que las bebidas azucaradas causaban daño, imagínense la cantidad de salas de hemodiálisis que tenemos que construir para poder atender a la gente.»

La advertencia del secretario Kershenobich: Un contagio social

El secretario de Salud, David Kershenobich, amplió la perspectiva sobre el fenómeno social del consumo. Advirtió que cuando los adultos de un hogar ingieren regularmente refrescos, los niños menores de edad tienen el doble de probabilidades de imitarlos, y los adolescentes hasta nueve veces más, en comparación con hogares donde no se consumen. Esta dinámica subraya la naturaleza de «contagio social» de la mala costumbre, manifestada en invitaciones habituales («¿Te sirvo un refresco?») y mesas repletas de botellas en celebraciones familiares y sociales.

Normalización y consecuencias: Un ciclo de adicción

La normalización del consumo de bebidas azucaradas se observa en prácticas tan arraigadas como utilizarlas de recompensa para los niños que se «portan bien». Esto lleva a que «los niños y los jóvenes crezcan normalizando el consumo de refrescos», según Kershenobich. Particularmente, la compra de refrescos de dos litros o más se considera aún menos recomendable debido a la magnitud de la ingesta.

De la infancia a la irritabilidad: el ciclo del azúcar

La facilidad con la que estas bebidas se integran en el tejido social, desde la infancia, configura un ciclo donde el cuerpo se acostumbra a los picos de glucosa, que, aunque otorgan una energía fugaz, desembocan en una fatiga y una irritabilidad que perpetúan el deseo de consumir más azúcar. Este ciclo no solo alimenta problemas de salud física, sino que también desestabiliza el bienestar emocional de los individuos.

La insistencia del gobierno federal, respaldada por datos de mortalidad y la experiencia en infraestructura de salud, no es solo una advertencia, sino un llamado urgente a la sociedad. ¿Estamos dispuestos, como país, a seguir ignorando las implicaciones sociales y de salud que el consumo de refrescos y bebidas azucaradas deja a su paso, o es momento de una transformación profunda en nuestros hábitos?

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