QR en la órbita de la narcocultura

En un libro escrito a modo de relatos ficticios, pero fidedignos de la realidad del crimen organizado (la mafia, la camorra, la ndrangheta) en Nápoles, Sicilia y Calabria de fines de la década de 1980, el escritor marroquí Tahar Ben Jelloun, apuntó una serie de reflexiones que podemos “tropicalizar” para la realidad quintanarroense desde la década de 1990 hasta la turbia actualidad. Lo apunto en extenso para la comprensión del amable lector:

“Y ahora, señores, disponemos de suficientes elementos como para afirmar que la mafia no es un fenómeno aislado e independiente del poder. No es más que una pieza del sistema sociopolítico…Si la mafia es tan poderosa, y si hoy nos provoca con insolencia, es porque está a la vez fuera de las instituciones y en su mismo meollo. ¡En principio, va en contra del Estado, de la justicia, de la Bolsa, pero también tiene el rostro del Estado, de la justicia, de la Bolsa! Los lazos entre el poder político y el crimen organizado son cada vez más evidentes…”[1]

En el principio de todo, hay que decir que se trata de la necesaria relación, la triple relación Estado-turismo-crimen organizado, esos lazos insondables con el que podemos entender la realidad quintanarroense durante los últimos 35 años. Por eso, en varias ocasiones me he referido, cuando hablo del turismo en Quintana Roo, como del narco-turismo.

¿Que soy radical cuando hablo del narco-turismo? A fines de noviembre de 2020, fue localizada una fosa con albañiles en el hotel Planet Holywood Cancún, y las playas de arenas blancas del Caribe mexicano, en más de una ocasión se han convertido en verdaderos osarios. Estamos hablando del horror del narco turismo: el 15 de marzo de 2022, en playas Gaviotas, Cancún, se encontraron unos restos óseos humanos, la policía había confirmado que se trataba de un turista paraguayo desaparecido desde el 6 de marzo de ese año.

Y es que, el narco turismo viene de larga data, de más de tres décadas atrás. Hace 15 años, el 21 de mayo de 2010, escribí en una libreta de apuntes que tengo sobre las cosas de Quintana Roo, lo siguiente:

“Narcofosas, levantados, tremendos índices delictivos, destazados y descabezados de los Zetas, así como el silencio criminal de los órganos de poder en el estado, con tal de no espantar la demanda turística de «sol y playa» ofertada en Cancún, no ponen el énfasis de que lo que le sucede a esa ciudad cada más difícil para vivir y sobrevivir, no son hechos aislados de la delincuencia organizada: la violencia supuestamente «aislada» de Cancún, no es un problema social del tiempo presente sino de más de una década atrás. Ya lo había dicho un gringo, Preet Bhara, con una frase exacta que le dolió, en lo más profundo de su ingrávida belleza, a una secretaria de turismo de Quintana Roo: «Las semillas del actual torbellino violento en México fueron puestas primero hace cerca de una década por presuntos criminales como Mario Villanueva Madrid”.[2] ¿En qué etapa de la evolución, o involución hacia la ciudad «fallida» se encuentra actualmente Cancún? ¿Tendremos otra Ciudad Juárez en el Caribe mexicano, sin que le importe un carajo a la clase política quintanarroense, la estela de muerte que se cierne sobre Cancún? ¿Qué se espera para actuar?”

Y no se actuó, y no se actúa: pasan gobiernos del PRI, del PAN y de Morena, y el huevo de la serpiente narcótica sigue creciendo, ululando, reptando, mostrándose en toda su faz reptileana ya no solo en las franjas costeras, sino en el mismo corazón de la zona maya, y en municipios como Bacalar y Chetumal donde se han vuelto parte del paisaje tropical los levantones, los ajustes de cuentas, los cadáveres destazados, las pistas clandestinas… Chetumal, por supuesto, se ha convertido en lo que muy pocos visibilizamos desde hace más de 15 años: la nueva Ciudad Juárez tropical, la ciudad donde la droga se instala para venderse en las zonas turísticas del estado y enviarse a otros puntos de la república y fuera del país.

El corrido de Cancún

Hace unos años, surgió un “corrido de Cancún” donde se coreaba a la narco cultura en el trópico.[3] La narco cultura no es privativa del norte o del occidente de México. Desde hace más de un cuarto de siglo, Quintana Roo, desde tiempos de Villanueva Madrid (1993-1999), el primer narco gobernador del país, y de la guerra al narco con Calderón, ha entrado en ese horizonte contracultural, con corridos como el Corrido de Cancún, interpretado por «El León del Acordeón».

De 2010 a 2025, la violencia del crimen organizado ha sido completamente normalizada por la clase política (ya no se trata de “casos aislados” como dijera hace muchos años un cándido Mendicuti Loría, sino de un engranaje perfecto del sistema político turístico), así como  por la sociedad en su conjunto, algo gravísimo, porque el cáncer se ha incrustado tan profundo, que palabras como turismo, turistas, Cancún, Tulum y Playa del Carmen, no se entienden si no se correlacionan con el crimen organizado.

En Quintana Roo, ¿el Estado ya está muerto?

Un reporte de Elena Reina para El País, de mayo de 2022, no dejaba pie a dudas, al mostrar el estado de indefensión de la ciudadanía quintanarroense ante las zarpas del crimen organizado y la estupidez consuetudinaria de una silvestre clase política local. Apunto para memoria futura:

«Los rincones donde el narco ha derrumbado al Estado y lo ha reducido a una mera presencia esporádica después de la batalla son Zacatecas, Baja California, Colima, Quintana Roo, Michoacán, Morelos, Sonora, Chihuahua y Guanajuato. Estos Estados tienen tasas de homicidios por cada 100.000 habitantes que superan o igualan las de los peores años de países tan violentos como Honduras o El Salvador. Zacatecas rompió el año pasado todos los récord, con una tasa de 90,4, según las cifras de Gobernación».[4]

Bacalar, Othón P. Blanco (Nicolás Bravo, los pueblos de la ribera del Hondo y Calderitas como corazón neurálgico del desbarajuste), la Zona Maya toda (Chunhuhub, Polyuc, Sabán, Tihosuco, Señor, Noh Bec, Petcacab[5]), los pueblos del interior de Bacalar (el Gallito, Otilio Montaño, Altos de Sevilla) representan, icónicamente, la muerte del estado en Quintana Roo y el entronizamiento de los grupos delincuenciales que operan sin cortapisas en la geografía estatal.

Esa muerte del Estado en Quintana Roo, nos han hecho entender, pesimistamente, que las fosas comunes que planta la delincuencia a discreción, llegaron para quedarse.  El 10 de julio de 2023, por la prensa, nos enteramos que en los montes de la comunidad maya de Sabán, Quintana Roo, siete cuerpos fueron encontrados en una fosa común. Ya a muy pocos les conmueve el horror, la barbarie, la muerte que baña a este estado caribeño maniatado por el crimen organizado y por una clase política que vive aparte, en su esfera lejana del poder, en la soñarrera que le da la distancia de la negra realidad que vive el grueso de la población. Ya no es solo en Cancún y Playa del Carmen, el crimen organizado medra en Carrillo Puerto con su presidenta de pacotilla, se acuna con los levantones y ajustes de cuentas en José María Morelos, y se engendra en cada rincón más recoleto de la geografía estatal.

Meses antes de la narco-fosa de Sabán de 2023, en junio de 2022, igual por la prensa, nos enteramos de que se habían encontrado siete cuerpos en montes de Chikindzonot, Yucatán, frontera con Quintana Roo. Osario del crimen organizado que cunde como la peste en el Caribe mexicano, hasta en municipios yucatecos han llegado a parar los cadáveres que han dejado los “ajustes de cuentas” en Quintana Roo.

En marzo de este 2025, en los inicios de la Expomor de José María Morelos, el crimen organizado decidió cobrar piso, levantando hasta a humildes productores de sandías, como el triste caso de Santiago Trejo Escobedo, de 57 años, sandiero de la comunidad de Othón P. Blanco que fue levantado en su comunidad y que hasta el momento no se sabe nada de su paradero.

El hecho es que el crimen y la delincuencia organizada está a todo lo que da en José María Morelos. Tres semanas antes del levantamiento de Trejo, fueron tres jóvenes levantados (dos fueron ultimados, desmembrándolos) en la cabecera municipal; y en varias comunidades de este municipio otrora tranquilo y silencioso, ya se han encontrado varias fosas comunes y la droga corre a mares, y más con ferias de por medio, donde el control del vicio y del territorio tiene dueño. Ahora levantan hasta a productores de sandía.

Y llegamos al terrible año 2025 y vemos que el crimen organizado mira a pueblos de la frontera yucateca con Quintana Roo, para reclutar a posibles “dealers” con el embauque de que les darán trabajo a jóvenes mayas, o hay que escribir bien, a casi niños mayas que, apurados por el hambre y la pobreza generacional en sus familias, desean alzar vuelo del seno familiar lo antes posible para ayudar a sus mayores a tener una mejor vida. Eso le sucedió, en octubre de este año, a cinco jóvenes mayas de Tekax y Akil, de los cuales tres siguen desaparecidos hasta ahora, y dos han sido localizados, pero sin vida. De estos cinco jóvenes mayas de Tekax y Akil, conocimos la trágica historia del niño tekaxeño Joel Lizandro López Collí, de 15 años apenas, que tuvo que vender la droga en Tulum para salvar su vida y fue asesinado fríamente vendiéndola en el Rosa Negra, un restaurante de lujo de Tulum frente a la costanera, seguramente que a cocainómanos gabachos.

Eran jóvenes que se habían enganchado a trabajar en la incesante industria de la construcción del Tulum caótico, repleto de mafias mexicanas, colombianas y cuantimás. Y aquí hay que apuntar una pequeña digresión histórica, para decir lo siguiente: No los Borge, los Joaquín o los Villanueva construyeron Quintana Roo: fueron los albañiles –mayas en su mayoría- los héroes anónimos que levantaron los “palace” del Caribe mexicano.

Hace unos cinco años, en noviembre de 2020, en plena pandemia, se supo de fosas con restos de varios cuerpos humanos, sembradas en hoteles de lujo en construcción en el Caribe mexicano. Nadie le dio la importancia debida, salvo un puñado de valientes periodistas que narraron el horror a nivel nacional. No hay culpables hasta ahora, no se sabe a precisión cuántos albañiles han parado con sus huesos en las fosas comunes de los “Palace” del Caribe mexicano. Recordemos que, en noviembre de 2020, un brillante reportaje periodístico que obtuvo hasta un premio nacional por su arrojo y valentía al indagar en los subsuelos de lo podrido en el caribe mexicano, nos alertó de la barbarie criminal, de la disolución del estado en los espacios del «conquering tourist». El 29 de noviembre de 2020, apunté lo siguiente sobre este último punto:

«Los albañiles -chiapanecos, tabasqueños y hasta centroamericanos- son los nadie del Caribe mexicano, viven en barracas, en condiciones infrahumanas y llenos de todas las privaciones y repletos de miserias, son explotados y sus derechos laborales y humanos son pulverizados. Viven en el peligro constante de ser muertos todos los días por pandillas, por la policía, por los narcos. En el hotel Planet Holywood el espanto se presentó: una fosa con 13 cuerpos de alarifes fue encontrada (como si fuera San Fernando, como si fueran las fosas que clavetean este México de la barbarie), y los familiares dicen que los mataron porque no quisieron vender droga. ¿Quién es culpable?, ¿quién es el dueño del Hotel Planet Hollywood?, ¿quiénes son los verdaderos narcos y asesinos en el Caribe mexicano? Pero la reactivación del narco turismo va en camino, estamos en el camino adecuado, aunque el Covid y la sangre derramada deslíe el azul turquesa del paraíso infernal, y a nadie le interesa la vida de un albañil, de un «nadie». ¿Qué es un albañil? Brecht lo preguntó del modo siguiente: ¿dónde fue a dormir la noche siguiente de haber terminado su faena el constructor de la muralla china y el eterno mármol de Roma? Yo pregunto de nuevo: ¿a dónde fueron a dormir los albañiles cuando los turistas llegaron a darse la gran vida en los palacios que construyó? En una fosa común, en una fosa llena de muerte y soledad, tal vez».

Las cifras de desaparecidos en el Caribe mexicano

En noviembre de 2023, por la prensa, nos enteramos que ante la fanfarria y la estupidez política de una clase turistera, en comunidades de Bacalar surgieron algunos grupos de autodefensas, similar a los de Guerrero y Michoacán, para intentar repeler al crimen organizado. Esto es un ejemplo claro de un Estado rebasado, obsoleto y declinante ante el poder narcótico.

¿A qué grado ha llegado el horror de la violencia del crimen organizado en Quintana Roo? En enero de 2022, Infobae apuntó que, en este estado de la Península, habían desaparecido aproximadamente 2 mil 400 personas en un lustro, pero la cifra, en vez de mitigar, se acrecentó en los últimos años. Un reporte reciente de Por Esto (19 de noviembre de 2025) señala que 2025 tal vez pueda ser el año más violento en lo que va de la década para Quintana Roo, pues a menos de un mes y medio de que acabe el año, en el estado suman ya mil 11 fichas de búsqueda por desaparición, lo que convertiría a 2025 como el año donde más desapariciones de gente ha habido en una década. En 2024, fueron en total 885 fichas de búsqueda.[6] Por donde se vea, Quintana Roo, la joya de la corona turística en México, se ha convertido, en toda su geografía, en un lugar inseguro para toda la ciudadanía.

Un convoy para la ciudad de los Curvatos

Fue un día antes del 30 de abril de 2024. En la carretera federal que va de Bacalar a Miguel Hidalgo, este que escribe observó desde una van del transporte público, a una caravana inmensa: un sinfín de marinos, de la Guardia Nacional y de policías fuertemente armados, a bordo de camionetas detuvieron la marcha de vehículos como a las once de la mañana de ese día, en el tramo Bacalar – Miguel Hidalgo, justo al llegar al crucero de este último.

Con armas de grueso calibre, sentados en la batea de sus camionetas, y con un uniformado al frente blandiendo una ametralladora, se dirigían a Chetumal, ciudad que se desangra por su corrupta clase política y por una lista de «hechos no aislados» con que el crimen organizado tenía sembrado de miedo desde semanas atrás a la capital de Quintana Roo. Sobrevolando al convoy, un helicóptero de la fuerza aérea planeaba por los montes de alrededor.

Este que escribe pudo contemplar, al lado de la carretera, la larga fila de vehículos que pasaban y pasaban con los uniformados armados hasta los dientes. No sabía que justo en ese momento, el crimen organizado había acribillado a un policía, ex director del penal de Cancún, y horas antes habían levantado a un mando de la marina, que luego fue entregado con vida por sus captores.

Por grupos de WhatsApp, la infodemia cundió en la ex-ciudad de los casi extintos Curvatos, y los chetumaleños juntaban su zozobra pidiendo que nadie saliera de sus casas porque la ciudad ardería en balaceras porque supuestamente un cártel poderoso del norte vendría a sacar de la «plaza» a otro cártel, también del norte. Cosa que, por supuesto, no sucedió.

Caborca en Chetumal

Caborca dicen que se encuentra en el noroeste de Sonora, al menos eso dice Wikipedia. Pero, tras la salida de la cárcel del “jefe de jefes”, el legendario narcotraficante Caro Quintero, en agosto de 2013, éste funda el Cartel de Caborca y prontamente se expande en estados clave por tener frontera y propicios para los caminos de la droga: Chihuahua, Sonora, Baja California y el estado de Quintana Roo, donde ocupan la región de Chetumal y Bacalar, pero con presencia en toda la Riviera Maya. El Cartel de Caborca se robusteció durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. En Chetumal, “la frontera olvidada de México” y con un río Hondo fácil de vadear y con nula vigilancia, apenas hace unos meses, en septiembre, una ola de desapariciones (12 desaparecidos) fueron atribuidas a los de Caborca. En Chetumal, aún se recuerda a los “narco leones” asegurados en un narco-rancho cercano a Calderitas. La gente de Chetumal se imagina que los leones eran utilizados para desaparecer personas. En diciembre de 2024, en Mérida, las autoridades de Yucatán informaron de la detención de Jorge Luis N. Toledo, quien en ese momento era jefe de plaza del Cartel de Caborca en Chetumal. La llegada de avionetas con droga en los montes tropicales de los municipios de Othón P. Blanco y Bacalar, son cosa cotidiana, y varios pueblos del interior de Bacalar solo observan, con miedo, camionetas polarizadas y oyen planear avionetas en pistas clandestinas. Pero los de Caborca lidian una guerra por la plaza de Chetumal con los de Sinaloa. Hace un año, el secretario de seguridad ciudadana del estado, Julio César Gómez, manifestó a la prensa que “la plaza de Chetumal” era disputada a los de Caborca por el cártel de Sinaloa.

Hace unos días, el levantón de unas cuatro personas en una colonia irregular (Antorchistas) de Chetumal, sorprendió a muchos por un hecho que se suscitó. Muchos se espantan en Quintana Roo por los niños armados de Guerrero. En Chetumal, un niño de 11 años se enfrentó a balazos contra un grupo de ocho personas, pistoleros del peligroso Cartel de Caborca (el amo y señor del sur de Quintana Roo), para defender a sus padres. El menor, en su desesperación, martilló un arma Grock calibre .380, hirió a uno de los sicarios que se presentaron en su domicilio, pero no pudo hacer más, aunque salvó su vida: cuatro familiares suyos fueron levantados, para ser llevados con rumbo a Calderitas. ¿En qué nivel de violencia hemos llegado, cuando la infancia deja los juguetes y decide aprender a disparar porque la violencia y la muerte rondan al caribe mexicano?


[1] Tahar Ben Jelloun. El ángel ciego. Ediciones Península Narrativa. España. 1994, pp. 12-13.

[2] Véase mi artículo de hace seis años: https://noticaribe.com.mx/2019/11/10/el-mito-de-mario-villanueva-de-las-semillas-tropicales-del-torbellino-actual-de-la-violencia-en-mexico-por-gilberto-avilez-tax/?fbclid=IwY2xjawOR3GtleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe68T6X5LwOJJlj7M4iDuD1JJ0q3k4qVKNtBTirANTR5DZd9WbH6potKVElmk_aem_bM5u6hy5abo4e5PMGTl4kQ

[3] https://www.youtube.com/watch?v=ID3K8HYZ3hM

[4] Reina. «Los agujeros negros de México…» El País. 8 de mayo de 2022.

[5] Hace unos meses, a principios de junio de 2025, en Petcacab fue asegurado un narcolaboratorio en montes de ese ejido de la zona maya. Véase la nota de El Universal: https://www.eluniversal.com.mx/nacion/desmantelan-narcolaboratorio-en-petcacab-quintana-roo-aseguran-contenedores-y-tanques-de-gas-lp/

[6] https://www.poresto.com/quintana-roo/sucesos/2025/11/19/quintana-roo-rompe-record-de-desapariciones-mas-de-mil-fichas-activadas-en-2025.html 

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