Mientras hay quienes insisten en verse el ombligo rumbo a la sucesión caribeña, la realidad es otra: la decisión se tomará en Ciudad de México y muy mero arriba.
Propios y extraños sostienen que la ecuación sobre quién será el candidato de lo que hoy sigue siendo la 4T tiene un factor determinante: el Partido Verde, y los “barones” de esa formación, que despachan indistintamente en Polanco, en la capital del país, o en Puerto Cancún.
Pero conviene no perder de vista un dato básico.
Los del tucán han definido históricamente su destino en Quintana Roo más por acuerdos nacionales que por méritos locales.
Incluso antes de la 4T, el Verde nunca fue un partido que pudiera poner condiciones por su propio peso electoral en el estado.
Y vayamos por partes: con el PRI y con Morena.
Con el PRI
Hasta los comicios de 2018, el PVEM mantenía una alianza con el PRI en la entidad.
Esos acuerdos se reflejaban, sobre todo, en el ayuntamiento de Benito Juárez, donde los verdes llegaron a ocupar posiciones como la Secretaría del Ayuntamiento y la Sindicatura, además de asegurar varios distritos legislativos en la geografía municipal.
En 2015, quizá el mejor momento de la alianza PRI-PVEM, los del tucán alcanzaron 10.79 por ciento de la votación estatal.
En 2016 obtuvieron 9.78 por ciento, justamente el año en que la alianza PAN-PRD se llevó la gubernatura.
Dos años después vino el desplome.
Con Morena
En 2018, cuando el Verde participó en la elección presidencial junto al PRI y Nueva Alianza, apenas alcanzó alrededor de 3.9 por ciento de la votación.
Fue su peor momento en una década.
Con la llegada de Morena al poder federal, el Verde hizo lo que históricamente mejor sabe hacer: cambiar de aliado.
Dejó al PRI y se fue con los guindas.
Un año después, ya en alianza electoral con Morena y el PT, los verdes duplicaron su votación y llegaron al 8.2 por ciento.
Pero conviene poner las cifras en perspectiva.
Ese porcentaje no alcanza, ni de lejos, para ganar una gubernatura por cuenta propia.
El verdadero punto de inflexión ocurrió en la Cámara de Diputados.
Ahí se selló la alianza Morena-PVEM que permitió a los guindas construir mayorías legislativas durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
A partir de ese acuerdo nacional, los verdes comenzaron a abrirse paso en Quintana Roo.
Más votación.
Más posiciones.
Más espacios en el Gobierno del estado y en el Congreso local.

Fisuras
Pero, nada es para siempre, y menos en alianzas políticas.
Y hoy, rumbo a las elecciones de 2027, la relación Morena-PVEM empieza a mostrar fisuras en Ciudad de México y en el Congreso de la Unión.
Si esa alianza se enfría arriba, la sucesión en Quintana Roo podría cambiar de temperatura muy rápido.
Porque, al final, la decisión no se tomará en Cancún ni en Chetumal.
Se tomará mucho más arriba y en nueva relación entre guindas y verdes.








