Que alguien le avise al Instituto Electoral de Quintana Roo (Ieqroo) —y de paso al “Instituto Electoral”, que también parece existir— que ya arrancaron las campañas, aunque oficialmente sigan disfrazadas de precampañas.
Porque en la realidad real, en Quintana Roo, la contienda electoral —incluida la mayoría de los Ayuntamientos— es una pelea entre morenistas, frente a una oposición inmóvil, sospechosamente contemplativa y migajera.
Ya lo dijo el aspirante a Arturo Ávila del Caribe, Jorge Sanén:
que es más difícil ser candidato de Morena que ganar la elección constitucional.
La cosa se puso seria cuando la presidenta nacional del Partido, Luisa Alcalde, dio la voz de arranque al sentenciar que en las contiendas internas:
“La idea es que todas y todos los que quieran participar puedan levantar la mano, y que el proceso de selección sea a través de encuestas”.
Y se volvió un maremágnum.
Todos los aspirantes salieron a tropel.
Las precampañas brotaron en calles, bardas y espectaculares, y también en redes sociales, con pautas pagadas y entrevistas a modo.
El caso más dramático es Benito Juárez, donde hasta servidores públicos en funciones ya están en campaña.
Pero en el Ieqroo no ven ni oyen.
La ley electoral ha sido sustituida por la ley de la selva.










