| ALTAVOZ | El morenismo caribeño exhibe a la Presidenta y reforma

El morenismo caribeño sigue en su mundo paralelo.

Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum está metida en una reforma electoral que, entre otras cosas, busca “abaratar” las elecciones, el morenismo local sigue tirando la casa por la ventana en pre-precampañas.

O, de plano, Morena-QR termina confirmando que la reforma puede convertirse en una simple simulación, porque el partido guinda parece capaz de obtener ventajas dentro y fuera de la ley vigente… y también de cualquier eventual nueva ley.

La regla parece ser una sola: no hay reglas.

Los aspirantes se promueven en bardas, redes sociales, recorridos y hasta en mítines. Y la pregunta inevitable es: ¿quién pompó?

Porque hasta pintar una bardita cuesta su dinerito.

Las excusas pueden ser amplias: “Las bardas las pintaron mis enemigos para afectarme”“los posts en redes no son caros”“son simpatizantes que lo hacen por su cuenta”, “nadie está pidiendo el voto”, etcétera.

Pero lo cierto es que ya queda poco de una contienda imparcial y equitativa.

Todo se vale para quedar arriba en “la encuesta”, el cual es el  Santo Grial de la democracia al estilo de Morena.

Y posicionarse —por popular y aceptado que parezca— no sale de la nada: cuesta.

Entonces surgen preguntas inevitables: ¿qué tanto es tantito? ¿Quién mide que el dinero no rija el proceso? ¿Quién decide realmente quién puede ser candidato?

Se ha normalizado por completo que una elección interna sea sucia, irregular y desbalanceada, y que el dinero sea el factor decisivo para definir candidaturas.

La presidenta Sheinbaum defiende su reforma con el argumento de que el pueblo debe elegir.

Pero en la realidad del morenismo caribeño, la lógica parece otra: quien más gasta, más posibilidades tiene de ganar “la encuesta”.

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