
En medio de tensiones económicas globales y reacomodos geopolíticos, México reforzó su presencia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La reciente asamblea anual del organismo en Chile evidenció el peso creciente del país en la política económica de América Latina.
La asamblea del BID: una radiografía de América Latina
Un encuentro con sabor geopolítico
La asamblea anual del BID y BID Invest, celebrada del 26 al 30 de marzo en el Centro Cultural Estación Mapocho de Santiago de Chile, se convirtió en un espacio clave para medir el pulso de la economía regional. Más allá de los discursos institucionales, el evento evidenció las prioridades, tensiones y alianzas entre países de América Latina.
El cierre estuvo marcado por una escena simbólica: Carlos Fernández Valdovinos, ministro de Economía de Paraguay, ofreció un platillo típico bajo la lluvia chilena tras anunciarse que su país será sede del encuentro en 2026. No fue un acto menor. En diplomacia económica, los gestos cuentan.
Participación mexicana: más allá del protocolo
México no pasó desapercibido. María del Carmen Bonilla, titular de la Unidad de Crédito Público y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Hacienda, asistió en representación del secretario Édgar Amador. A su lado, Gabriel Yorio —exsubsecretario de Hacienda y actual vicepresidente de Finanzas del BID— reforzó la presencia mexicana en el organismo.
El mensaje fue claro: México sigue apostando por los espacios multilaterales para proyectar su agenda económica, aunque en casa los retos fiscales no dan tregua.
¿Qué representa el BID para México?
BID y financiamiento en el sur del país
El Banco Interamericano de Desarrollo ha sido un actor clave en el financiamiento de infraestructura, desarrollo social y transición energética en México. De manera particular, los estados del sur-sureste han sido beneficiarios de programas que buscan reducir brechas estructurales.
Proyectos como el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec o las inversiones complementarias al Tren Maya han recibido asistencia técnica o interés de financiamiento por parte del BID. La interlocución institucional es estratégica para fondear proyectos con visión de largo plazo.
“La región sur-sureste de México representa una prioridad para cerrar desigualdades históricas”, ha declarado en varias ocasiones la Secretaría de Hacienda. Este objetivo encuentra en el BID un aliado clave.
La diplomacia financiera de México
Con Gabriel Yorio en una posición directiva dentro del BID, México gana influencia técnica en las decisiones del organismo. No es una casualidad: desde hace una década, el país ha apostado por colocar perfiles de alto nivel en organismos multilaterales como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE.
Este tipo de presencia no sólo permite incidir en agendas regionales, sino también leer anticipadamente los vientos financieros que pueden impactar al país. La diplomacia financiera es, en ese sentido, una extensión de la política económica nacional.
El otro frente: los desafíos internos
Precriterios económicos y realismo fiscal
Mientras Bonilla y Yorio tejían redes en Chile, en la Ciudad de México el equipo de Hacienda afina los Precriterios de Política Económica que deberán entregarse al Congreso el 1 de abril. Es un documento clave que anticipa los supuestos macroeconómicos para el cierre de 2025 y el arranque de una nueva administración federal.
Con elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, el margen fiscal es limitado. Hay compromisos que no se pueden posponer: pensiones, transferencias sociales y mantenimiento de megaproyectos. Por eso, el BID puede ser una válvula de oxígeno para ciertos esquemas de financiamiento.
“Lo que se discute en el BID no es ajeno a las decisiones que se toman en Palacio Nacional”, señala un economista cercano al sector público. Yorio, como exfuncionario de Hacienda, entiende los puentes.
México ante el giro continental: ¿oportunidad o riesgo?
Paraguay y la nueva ola latinoamericana
La elección de Paraguay como próxima sede del BID es también una señal del reacomodo regional. Mientras México ha consolidado una posición media en el concierto latinoamericano, países como Uruguay, Paraguay y Costa Rica avanzan en diplomacia multilateral y atracción de capitales.
La “garra guaraní” no solo fue un gesto culinario: es una invitación a mirar el continente desde nuevas coordenadas. Y en esa dinámica, México no puede confiarse.
Competencia regional por capital e inversión
A nivel interno, estados como Yucatán, Quintana Roo y Chiapas compiten por atraer inversión extranjera directa, muchas veces en los mismos rubros: turismo sostenible, energías limpias y logística.
El BID puede fungir como articulador de programas regionales. Pero para eso, es clave que las autoridades locales mantengan una narrativa alineada con las prioridades del organismo: transparencia, inclusión y sustentabilidad.
Canadá, Estados Unidos y el nuevo mapa turístico
Nacionalismo canadiense: señales de alerta para el turismo
Mientras México fortalece su diplomacia económica en el BID, otro frente se mueve en silencio: el turismo. La caída del turismo canadiense hacia Estados Unidos, derivada de tensiones comerciales con Washington, puede abrir una ventana de oportunidad para destinos mexicanos.
Según la consultora OAG, las reservaciones de vuelos de Canadá hacia EE.UU. cayeron un 70% para los próximos meses. Abril apenas suma 295 mil vuelos reservados, frente a 1.2 millones en 2024.
México podría absorber parte de esa demanda si adapta su estrategia de promoción turística y conectividad aérea. Cancún, Mérida y Tulum tienen la infraestructura; falta la política.
¿Y el BID Invest? El puente hacia el sector privado
BID Invest y los fondos para energías limpias
El brazo privado del BID ha incrementado su participación en México, especialmente en proyectos vinculados a energías renovables y economía digital. Quintana Roo, por ejemplo, ha sido sede de varios foros impulsados por BID Invest enfocados en sostenibilidad turística.
Este modelo de cooperación público-privada cobra relevancia ante los recortes presupuestales y el desafío climático. La posibilidad de fondear proyectos sin endeudar al Estado directamente representa una ruta pragmática.
México, entre el BID y la transición política
El protagonismo mexicano en la asamblea del BID no es anecdótico: refleja una estrategia de posicionamiento regional en tiempos de transición política. Mientras América Latina redefine su arquitectura financiera y busca nuevas rutas de desarrollo, México apuesta por estar en la mesa.
Lo que suceda en los próximos meses —en Washington, Asunción o Cancún— dependerá de la capacidad de articular una narrativa económica con sentido de región, responsabilidad fiscal y visión de futuro.
Porque en los gestos diplomáticos también se dibujan las rutas del desarrollo.