Manifestación Generación Z: El costo político de negar el hartazgo social

Analizamos el costo político de la descalificación oficial tras la manifestación Generación Z México. La inseguridad, el asesinato de Carlos Manzo y la corrupción, detonantes del hartazgo.
Manifestación Generación Z: El costo político de negar el hartazgo social

Horas después de que cientos de miles de mexicanos se movilizaran en decenas de ciudades, la dirigencia del partido en el poder descalificó los actos, atribuyéndolos a grupos privilegiados y a la oposición. Esta reacción oficial, que buscó minimizar la manifestación Generación Z, revela una profunda desconexión con un país que se siente emproblemado y dolido, donde la inseguridad y la corrupción se han convertido en motores de la protesta.

La respuesta oficial: descalificación y la teoría de la conspiración

El sábado por la noche, posterior a las masivas movilizaciones en el Zócalo capitalino y el resto del país, la dirigente formal del partido en el poder (cuyo líder real, se sabe, es otro) emitió un comunicado descalificando los actos de protesta. La postura oficial argumentó que la movilización no fue un ejercicio juvenil, espontáneo ni apartidista, atribuyéndola a la oposición y a un pequeño grupo de personajes de diversa índole.

El discurso oficial fue particularmente crítico de la composición de los manifestantes:

  • Se afirmó que entre quienes se movilizaron «predominaron adultos mayores de 40 años de sectores privilegiados», no representativos de la Generación Z.
  • Se aseguró que en varias ciudades del país la asistencia fue reducida, «en algunos casos de apenas unas decenas de personas».
  • La narrativa oficial afirmó que el número de participantes reveló que «el pueblo de México» respalda al movimiento gobernante.
  • Se acusó a los medios de «inflar la asistencia, ocultar a los convocantes reales y ofrecer una versión distorsionada de los hechos».
  • Se atribuyeron los actos de violencia en el Zócalo a «grupos radicalizados de ultraderecha».

El rechazo a la manifestación también provino del Senado de la República. La mayoría parlamentaria expresó su repudio a los hechos de violencia, donde hubo agresiones a elementos de seguridad, daños al espacio público e insultos misóginos y clasistas. Advirtieron que lo sucedido evidenciaba los intereses de la ultraderecha cuya intención es promover discursos de odio y polarizar. Respaldaron «de manera absoluta a nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo en la convicción para garantizar la paz, seguridad y bienestar para todas y todos».

El temor de la presidencia y la guerra de narrativas

La intensa guerra de narrativas en el mundo digital, entre la deslegitimación y la declaración de fracaso de la protesta, tuvo como razón de fondo la preocupación y el miedo de la presidenta Claudia Sheinbaum y su equipo cercano. El temor era que la repercusión de la protesta generara la percepción de ingobernabilidad y detonara una crisis mediática, comparable a la que la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa metió al expresidente Enrique Peña Nieto.

Según el análisis, la narrativa de la presidenta Sheinbaum, que inició su gobierno hace 14 meses, no ha persuadido, registrando rendimientos decrecientes. No obstante, el descrédito se aceleró hasta el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el primero de noviembre.

Para deslegitimar la movilización, la presidenta Sheinbaum solicitó con antelación un análisis del comportamiento en redes sociales de la convocatoria a la marcha. En el documento se denunció que se trataba de una conspiración de la ultraderecha internacional, señalando incluso al magnate Ricardo Salinas Pliego. Internamente, sin embargo, se vio que el análisis de la Generación Z no aportaba ninguna causalidad para establecer la hipótesis de una conspiración internacional, ni para soportar la acusación concreta.

A pesar de los esfuerzos, la violencia en la manifestación impactó a nivel global. El buscador de Google arrojó casi 52 millones de búsquedas sobre la marcha, donde el enfoque sobresaliente fue el descontento con el gobierno por la inseguridad y las acusaciones de complicidad con los cárteles de las drogas. En Estados Unidos, Barron Trump colocó un mensaje en X, convenciendo a su padre, Donald Trump, de acercarse a los jóvenes a través de las redes sociales en su campaña presidencial. El mensaje de Barron Trump del sábado al mediodía fue explícito:

> “AHORA los mexicanos han dicho basta y están literalmente asaltando el Palacio Nacional, gritándole a Sheinbaum ‘Narco Presidenta’. Están tirando las barricadas. Están hartos de que los títeres de los cárteles gobiernen su país. Esto es increíble de ver: una revuelta total contra la corrupción, explotando en tiempo real”.

El motor del descontento: inseguridad, salud y estancamiento económico

La postura de negar y torcer los hechos por parte del movimiento gobernante simplemente acelerará el malestar en momentos en que el país se apresta a ser un escaparate, a la vista del mundo entero, con motivo del próximo Mundial de futbol. Se cuestiona qué van a hacer las autoridades si hay manifestaciones durante la Copa del Mundo, incluso en los propios estadios, recordando si se recurrirá a gasear a los quejosos, como hicieron los supuestamente desaparecidos granaderos el sábado en la Plaza de la Constitución.México está emproblemado y dolido por múltiples motivos:

  • Inseguridad extrema: Todos los días desaparecen más de 40 personas en México, lo que significa 40 familias que padecen el viacrucis de tener que buscar a sus seres queridos sin el apoyo de las autoridades. Hay regiones de la República tomadas por el crimen organizado, que impone el terror, a veces silencioso, a millones de mexicanos, esquilmando a productores y dueños de negocios mediante la extorsión.
  • Corrupción sin castigo: La corrupción que el movimiento gobernante prometió erradicar se ha enraizado sin castigo a la vista, y aplicar la ley puede costar la vida a las autoridades honestas, como pasó en Uruapan.
  • Crisis de salud: Enfermarse en México es una maldición porque los servicios públicos de salud están saturados y, pese al discurso oficial, siguen faltando las medicinas, lo cual obliga a los pacientes a pagar para acudir con un médico de farmacia.
  • Estancamiento económico: El crecimiento del PIB probablemente se sitúe por debajo de uno por ciento, que es el promedio de lo que crece desde 2018. Esto impedirá que se alcancen las metas de los ingresos públicos y que se pueda erogar lo necesario en salud, educación, seguridad e infraestructura.
  • Escasa creación de empleo: En los casi siete años que tiene Morena en el poder, se han creado apenas 3.6 millones de puestos de trabajo formales, cuando tenían que haber sido 8.4 millones para atender la demanda. Las empresas no están invirtiendo porque hay serias dudas sobre el clima de negocios, derivadas de la manipulación del sistema de justicia.

El catalizador: el asesinato del exalcalde de Uruapan

La movilización impulsada por la Generación Z (nacida entre 1997 y 2012) llevó a las calles a personas de todas las edades. La protesta, aunque inicialmente se enfocó en la búsqueda de la revocación del mandato de Claudia Sheinbaum, fue el traumático asesinato a balazos del exalcalde de Uruapan, Carlos Manzo, lo que puso la inseguridad en el centro del reclamo.

Los manifestantes sintetizaron sus críticas contra la inseguridad y la violencia. En varias manifestaciones, el grito por la revocación del mando a Sheinbaum fue constante, añadiendo reclamos contra la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle; el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, y la de Baja California, Marina del Pilar Ávila.

Los jóvenes manifestantes enfatizaron que el hartazgo es genuino:

  • Alexander Sánchez (21 años, Toluca): Señaló que “no hay un lugar seguro en México, ya estamos cansados” y exigió derechos a una vida digna y un sistema de salud accesible.
  • Emmanuel Torres (21 años, Estado de México): Dijo que el asesinato de Manzo fue un punto de quiebre: “Era diferente. Estaba haciendo su trabajo y, por hacer su trabajo, lo mataron. ¡¿Por qué?!”.
  • Araceli (25 años, Ciudad de México): Afirmó: “El asesinato de Carlos Manzo fue la gota que derramó el vaso”. Destacó que Manzo era un político independiente que no recibió ayuda.

En la marcha, los manifestantes portaban banderas piratas de One Piece, el anime que asumen como símbolo de lucha contra gobiernos corruptos, junto con pancartas con el rostro de Manzo. Mauricio Díaz (28 años), vestido de Luffy, explicó que el anime “representa una lucha contra la desigualdad, la corrupción y los malos gobiernos”.

Respecto al financiamiento, los jóvenes rechazan las acusaciones. Casandra Moctezuma (28 años) aseguró: “A mí no me pagaron, ni a nadie por estar aquí”. Díaz declaró: “No sé, ni me interesa quién convocó la manifestación. El hartazgo no fue financiado, es real”.

El veredicto de las redes: ineficiencia y falta de empatía

Un análisis de redes realizado durante 48 horas por la empresa Dinamic arrojó una conversación de casi 3.5 millones de personas y un total de impresiones de más de 97 millones. De ese total, el 70% fueron opiniones negativas, criticando la reacción tardía de la presidenta y su falta de empatía, así como por ineficiencia y falta de estrategia de seguridad. Solo el 15% respaldó el plan de paz y justicia en Michoacán. Es relevante que, del total de usuarios que comentaron, solo el 1.74% tenía comportamiento de bots.

La estrategia de desacreditar la inconformidad social, muchas veces recurrida por el jefe político de la presidenta, mostró su incapacidad para comprender que la estabilidad no se construye silenciando a adversarios, sino incorporando los disensos. La presidenta Sheinbaum tiene como referencia la crisis de Peña Nieto y Ayotzinapa, pero olvida que el detonante que hundió la popularidad del expresidente fue la corrupción, catalizada por el escándalo de la casa blanca de Angélica Rivera. La corrupción es la segunda derivada de la inseguridad que el régimen tampoco quiere abordar, a pesar de ser el motor de las protestas de la Generación Z en el mundo.

La presidenta Claudia Sheinbaum y el movimiento gobernante enfrentan una encrucijada: o mantienen el discurso de descalificación y el autoengaño, ignorando los reclamos legítimos que van desde la inseguridad hasta el colapso del sistema de salud; o abren los ojos a la realidad de un país dolido que, al igual que en 2014, usa la corrupción y la violencia como un catalizador para exigir un cambio radical en la administración pública. ¿Está el oficialismo dispuesto a pagar el costo político de negar que el hartazgo es, efectivamente, real y masivo?

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