La diócesis de Cuautitlán confirmó la desaparición del presbítero Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, de 43 años, visto por última vez en Tultepec el 27 de octubre. Este caso se suma a la creciente ola de inseguridad que azota al clero, poniendo en relieve la crisis de la desaparición de un sacerdote en México y la vulnerabilidad de las comunidades religiosas ante el crimen organizado en la entidad.
El reporte oficial de la Diócesis de Cuautitlán
La Diócesis de Cuautitlán, ubicada en el Estado de México, informó que el padre Ernesto Baltazar Hernández Vilchis se encuentra en «situación de persona desaparecida» desde el pasado lunes 27 de octubre.
El informe fue difundido a través de un mensaje publicado el viernes 31 de octubre por monseñor Efraín Mendoza Cruz, obispo de Cuautitlán. El prelado detalló que las autoridades civiles correspondientes ya se encuentran realizando “las diligencias correspondientes conforme a los protocolos de búsqueda”.
El sacerdote, de 43 años, había asumido recientemente su labor al frente de la parroquia la Santa Cruz en el municipio de Tultepec, tomando posesión de esta comunidad el 23 de octubre, apenas cuatro días antes de su desaparición.
Los detalles de la localización y la ficha de búsqueda
De acuerdo con la información recabada de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) del Estado de México (FGJEM), la última vez que se le vio fue en la colonia Ampliación La Piedad, precisamente en el municipio de Tultepec.
La Fiscalía emitió un boletín de urgencia con fecha del 31 de octubre, aunque la ausencia del presbítero se registró desde el martes de esa semana. La ficha de búsqueda de la FGJEM destacó las siguientes características físicas:
- Edad: 43 años.
- Estatura: Un metro con 68 centímetros.
La diócesis mantiene su total disposición para colaborar con las instancias responsables del caso. El municipio de Tultepec se ubica aproximadamente a unos 40 kilómetros al norte de la Ciudad de México.
La espiral de violencia que acecha al clero en el Estado de México
La desaparición del padre Ernesto Baltazar Hernández Vilchis ocurre en un contexto de intensa inseguridad en el centro de México. El Estado de México es una de las entidades más violentas del país, en el cual operan varios grupos delictivos.
Entre enero y septiembre, el Estado de México registró 1,208 homicidios, lo que lo posicionó como la quinta entidad más violenta del país. Según fuentes oficiales, en el estado tienen presencia los poderosos Cártel Jalisco Nueva Generación y la Familia Michoacana.
Este evento se produce tan solo tres semanas después del asesinato del sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada, quien fue tiroteado mientras se dirigía a oficiar misa en la localidad sureña de Mezcala, en el estado de Guerrero. La Iglesia católica mexicana ha mantenido por años una postura crítica frente a la violencia que azota vastas regiones del país, situación que, como demuestran estos casos, también ha afectado directamente al clero.
Llamado a la unidad y la prudencia
En su comunicado, monseñor Mendoza Cruz hizo un llamado directo a los católicos a actuar con solidaridad y fe en estos momentos críticos.
El obispo exhortó a los feligreses, sacerdotes y religiosas a:
- «Mantenerse en oración constante, confiando a Dios la protección del Pbro. Ernesto Baltazar Hernández Vilchis, para que pueda regresar con bien a su hogar y a su comunidad parroquial”.
- Mostrar apoyo espiritual y acompañar con cercanía y solidaridad a la familia del sacerdote.
- Evitar la difusión de rumores o información no verificada, pidiendo mantenerse atentos únicamente a la información oficial emitida por las instancias correspondientes.
Feligreses de la Diócesis de Cuautitlán han respondido a este llamado realizando cadenas de oración por la pronta localización del presbítero. El mensaje episcopal concluye solicitando a la Virgen de Guadalupe que cubra al padre Ernesto con su manto y conceda vivir este momento «con fe y esperanza».
La desaparición de un miembro activo de la Iglesia en un punto geográfico tan crítico subraya la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad mínima, obligando a las comunidades a recurrir a la fe y la oración. ¿Podrá la sociedad civil en el Estado de México obligar a las autoridades a responder de manera efectiva ante esta ola de violencia que hoy toca las puertas de la Iglesia?









