La fascinación por el cosmos nunca ha estado exenta de teorías espectaculares. El cometa 3I/ATLAS, detectado en julio de 2025, ha sido el detonante de una nueva ola de especulaciones, impulsada por un astrónomo de Harvard que sugirió un posible origen alienígena. No obstante, la evidencia científica recopilada por la Agencia Espacial Europea (ESA) y otros observatorios internacionales confirma la naturaleza de este objeto: es un viajero interestelar con una composición extraña, pero completamente natural.
El debate sobre el origen: Harvard contra la ciencia
Las hipótesis que apelan a la ciencia ficción se difunden más rápidamente que los hechos científicos rigurosos, especialmente cuando son promovidas por voces con prestigio. Esto ha ocurrido con el cometa 3I/ATLAS, objeto de una oleada de especulaciones desde que Avi Loeb, astrónomo y físico israelí-estadounidense de 63 años y profesor en la Universidad Harvard, sugiriera que podría tratarse de una nave alienígena.
Para los expertos de la Agencia Espacial Europea, estas ideas carecen de sentido. Michael Kueppers, astrofísico de la ESA, ha sido contundente: en lo que se ha observado, no hay nada que apunte a que el 3I/ATLAS sea otra cosa que un cuerpo celeste de origen interestelar. «Si realmente pudiésemos encontrar otras civilizaciones, los cometas no serían la manera de hacerlo”, explica Kueppers.
La teoría de Avi Loeb y la maniobra de ocultamiento
Avi Loeb ha argumentado previamente que el 1I/’Oumuamua, el primer visitante de este tipo detectado en 2017, podía ser una vela solar o los restos de un artefacto creado por una civilización alienígena, una hipótesis que desarrolló en un libro criticado por la comunidad científica.
En su más reciente hipótesis sobre el 3I/ATLAS, Loeb planteó que el cometa ejecutaría una maniobra de navegación cuando alcanzara su punto más cercano al centro de nuestro sistema planetario a finales de octubre de 2025 (a casi 200 millones de kilómetros de la Tierra). Según su teoría, si se tratara de una nave con tripulación alienígena, esta liberaría sondas hacia los planetas que orbitan el Sol, y la conjunción solar durante el perihelio sería una maniobra orquestada para ocultar el despliegue de hipotéticas sondas invisibles. Incluso ha redactado un paper en la web de la Universidad de Harvard donde cuestiona: «¿Es el objeto interestelar 3I/ATLAS tecnología alienígena?».
Elena Manjavacas, astrónoma del Instituto de Ciencias del Telescopio Espacial (STScI) en Maryland, descarta cualquier especulación que vincule al 3I/ATLAS con tecnología extraterrestre. Ella detalla las condiciones previas y extraordinarias que tendrían que cumplirse para que esas ideas tuvieran sentido, incluyendo:
- Que exista vida en otro lugar del universo.
- Que sea inteligente.
- Que haya desarrollado una civilización con capacidad tecnológica similar a una agencia espacial.
- Que conozca la existencia de la Tierra y haya decidido enviar una nave hasta aquí.
Según Manjavacas, la probabilidad de que todo eso ocurra simultáneamente es prácticamente nula. Steven Desch, citado por Interesting Engineering, refuerza esta postura, asegurando que el comportamiento del 3I/ATLAS se ha limitado al de un cometa, liberando gases a las distancias del Sol que cabría esperar.
3I/ATLAS: Un viajero con secretos de composición
La singularidad del 3I/ATLAS, detectado desde el observatorio del Sistema de Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides (ATLAS) en Río Hurtado, Chile, radica en su origen y composición. Se trata de un objeto que no se formó en nuestro sistema solar, sino en otro punto de la galaxia, lo que lo convierte en un viajero interestelar.
Hasta ahora, solo se han detectado otros dos visitantes de este tipo:
- El 1I/’Oumuamua (2017).
- El 2I/Borisov (2019).
El 3I/ATLAS (C/2025 N1) es el tercer objeto confirmado proveniente de fuera del sistema solar. Se estima que es probablemente 3.000 millones de años más viejo que el sistema solar, y su estudio es crucial porque permite a los astrónomos conocer material físico y primigenio de otros sistemas estelares, que se formó antes incluso que el Sol.
Lo que más ha sorprendido a los expertos es su composición poco común. Frente a la mayoría de los cometas del sistema solar, formados principalmente por agua helada, otros hielos y polvo, el 3I/ATLAS presenta:
- Una proporción inusualmente alta de dióxido de carbono ($\text{CO}_2$) en relación con el agua.
- Una notable abundancia de níquel metálico.
Michael Kueppers sugiere que la alta presencia de dióxido de carbono podría indicar que el cometa se formó en un entorno más frío que su sistema de origen. Aunque el motivo de la abundancia de níquel aún no se comprende del todo, este hallazgo podría aportar pistas sobre la diversidad química de otros sistemas planetarios.
Dimensiones y trayectoria del objeto interestelar
El 3I/ATLAS, que amplía la comprensión del origen, evolución y diversidad del universo, ha presentado varios datos dimensionales:
- Se estima que su núcleo tiene entre 10 y 30 kilómetros de diámetro.
- Otra fuente lo describe como el mayor jamás observado, con más de cinco kilómetros de diámetro y una masa estimada en 33.000 millones de toneladas.
- Viaja a una velocidad superior a 68 kilómetros por segundo (unos 245 mil kilómetros por hora), mientras otra fuente estima 210.000 kilómetros por hora.
El cometa no supone ningún riesgo para la Tierra, ya que su máxima aproximación será de 270 millones de kilómetros, una distancia segura. Alcanzará su perihelio (el punto más cercano al Sol) cuando pase a 210 millones de kilómetros, cerca de la órbita de Marte.
La colaboración internacional desactiva la alarma
El anuncio de una campaña internacional de observación del 3I/ATLAS, promovida por la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN), coincidió con las declaraciones de Avi Loeb, lo que desató una ola de teorías en redes sociales. Algunas afirmaciones, sin evidencia, llegaron a asegurar que la NASA había activado un protocolo de defensa planetaria.
La campaña de observación —prevista por una fuente entre el 27 de noviembre y el 27 de enero, y por otra entre el 25 de noviembre de 2025 y el 27 de enero de 2026— es, en realidad, una iniciativa científica rutinaria. La IAWN, una red coordinada por la ONU y formada por agencias espaciales y observatorios de todo el mundo, busca mejorar la precisión de los cálculos sobre la posición, velocidad y composición química del cometa, no realizar una maniobra de defensa.
España participa activamente en este seguimiento a través de la Agencia Espacial Española y centros como el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), el Parque Astronómico del Montsec, y otros observatorios. El IAC, desde los observatorios del Teide y Roque de los Muchachos, utiliza telescopios como Atlas-Teide y el Gran Telescopio Canarias (GTC) para caracterizar el asteroide.
Por qué no es una amenaza
La astrónoma Elena Manjavacas insiste: “Lo primero es escuchar a los científicos. Nos basamos en evidencias, no en deseos.” El 3I/ATLAS tiene características poco comunes, pero son coherentes con lo que se espera de un objeto que viaja desde regiones frías y lejanas de la galaxia.
Aunque la idea de que una civilización inteligente haya enviado una nave pueda sonar atractiva, Manjavacas concluye que es «infinitamente improbable». En cambio, es «muchísimo más probable que estemos viendo un cometa peculiar, no una nave extraterrestre. Esa sería, de hecho, la posibilidad más improbable de todas”. Estos objetos son valiosos no por los extraterrestres, sino porque nos permiten entender cómo nacen los planetas y las estrellas en distintas regiones de la galaxia.









